¿Cómo actuar ante un ataque de epilepsia infantil?

Epilepsia infantil

La epilepsia infantil es una alteración del sistema nervioso causada por una actividad eléctrica anormal en la corteza cerebral que provoca ataques repentinos caracterizados por la pérdida del conocimiento y convulsiones violentas. Se estima que alrededor del 1% de la población infantil padece la enfermedad, lo que representa unos 200.000 niños en España.

Las crisis epilépticas difieren de caso a caso

En la mayoría de los casos los síntomas suelen manifestarse en los primeros años de vida, aunque en ocasiones también pueden aparecer un poco más tarde. Por lo general, el primer ataque ocurre de forma inesperada, sin que el niño haya presentado síntomas de la alteración. De hecho, a veces es difícil determinar cuándo se trata de una crisis epiléptica ya que los signos de cada ataque suelen variar de un pequeño a otro dependiendo de la intensidad y el tipo de alteración, de manera que pueden ser:

  • Mioclónicas, con sacudidas de uno o varios grupos musculares.
  • Tónicas, con hipertonía o rigidez de todo el cuerpo.
  • Atónicas, con hipotonía muscular generalizada y desvanecimiento.
  • Tónico-clónicas, con pérdida del conocimiento, seguida de rigidez, desvanecimiento y sacudidas rítmicas de manos y piernas.
  • Espasmódicas, con flexiones o extensiones bruscas del tronco y las extremidades.

Por supuesto, no se trata de una vivencia fácil para el niño ya que aunque los ataques no suelen ser dolorosos, puede golpearse la cabeza al desvanecerse o atragantarse con su propia saliva. Obviamente, para sus padres tampoco es sencillo, sobre todo las primeras veces, cuando no están preparados para lidiar con esta situación. Por eso, te explicamos cómo actuar ante las crisis epilépticas y te indicamos lo que no debes hacer.

Ataque de epilepsia en niños

7 detalles que debes tener en cuenta para lidiar con una crisis epiléptica infantil

  1. Ante todo, conserva la calma. Es importante que controles tus emociones para que puedas actuar con serenidad. Ten en cuenta que un movimiento precipitado provocado por el nerviosismo puede poner en peligro al niño.
  2. Siempre que puedas, evita que el pequeño se golpee al caer al suelo. Puedes sostenerle la cabeza con las manos o intentar abrazarlo hasta colocarlo en posición horizontal.
  3. Una vez en el suelo, colócalo de costado con mucho cuidado, para facilitar la respiración y evitar que se atragante con su saliva.
  4. Aflójale la ropa, sobre todo alrededor del cuello, así podrá respirar mejor y se sentirá más cómodo.
  5. Retira los objetos o muebles peligrosos que se encuentran alrededor del pequeño ya que podrían lesionarlo. Si es posible, coloca algo blando bajo su cabeza para evitar que se golpee cuando tenga los espasmos.
  6. Toma el tiempo entre convulsiones y observa sus movimientos, un detalle muy importante para poder determinar el tipo e intensidad de la crisis epiléptica.
  7. Acude a urgencias si es la primera crisis del pequeño, si dura más de 5 minutos, si no recupera el conocimiento o si comienza con un nuevo ataque una vez que haya recuperado la conciencia. De hecho, considera que todas las convulsiones no son un indicador de que exista una epilepsia.

3 cosas que nunca debes hacer

  1. Evita inmovilizar al niño mientras sufre la crisis. Sostenerlo con fuerza no detendrá las convulsiones, al contrario, hará que se sienta más incómodo.
  2. No le introduzcas un objeto en la boca para prevenir que la lengua se le vaya hacia atrás o se la muerda. Al hacerlo no solo corres el riesgo de que se trague el objeto sino que también es una forma de obstaculizar su respiración.
  3. No le des de beber o comer, ni le proporciones sus medicamentos cuando está en plena crisis ya que podría atragantarse o provocarle vómitos.

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