Familia

Carta a una madre divorciada

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Madre divorciada
Mª José Roldán

Mª José RoldánMaestra y Psicopedagoga

Este artículo va para todas esas mujeres fuertes que son madres y que están divorciadas. Sí, te hablo a ti que tuviste que tomar una difícil decisión a pesar de que tenías miedo. Miedo de arrepentirte, de que saliera mal, de que tus hijos sufrieran, de estar sola, de que te criticasen, de que tu ex te hiciese la vida imposible. Divorciarse no es fácil, porque además de costoso económicamente también tiene un gran coste emocional.

Cuando te casaste te juraste amor eterno y nunca pensaste que tu ahora ex, te haría sentir tanto dolor. No te preocupes, porque no estás sola… Lo que antes parecía un pozo sin fondo, solo eran oportunidades de cambio y mejora para ti.

Las cosas cambian…

A pesar de que te casaste pensando que todo iría bien toda la vida, las cosas se pueden torcer por infinidad de motivos… No importa cuáles sean, lo que importa es que hoy estás divorciada y esta carta va dirigida a ti, porque no estás sola. Incluso si estás pensando en divorciarte pero aún no has dado el paso, esta carta también es para ti.

Cuando una pareja se divorcia y hay hijos de por medio las preguntas que pasan por la cabeza te golpean como un martillo y el corazón no te deja razonar bien por lo que el proceso es mucho más difícil para ti. Quizá quieras buscar culpables o sientes que has fallado, pero quita esos pensamientos de tu mente porque no son reales ni te hacen bien.

Si crees que tu relación puede salvarse y aún queda amor entre vosotros, entonces hay esperanza. Haced todo lo posible para conseguirlo: mejorar la comunicación, ir a terapia, ser un equipo siempre, respetaos y luchad juntos para salir adelante. Pero si el amor se acabó y la ruptura es definitiva porque es una decisión tomada, entonces sigue leyendo… (si eres un papá divorciado también pueden ser beneficiosas para ti mis palabras).

Divorcio

Sé fuerte: la carta

Al principio no será fácil y sentirás que acabas de caer en un pozo oscuro del que no puedes salir. Con hijos el proceso duele mucho más, pero como una tormenta, pasará. Te sentirás mal y emocionalmente negativa porque tendrás decepción o culpa, sobre todo tendrás miedo de que te estés equivocando, esa sensación no pasará, nunca sabrás si lo que has hecho es lo mejor o lo peor, pero si es lo que necesitas ahora, entonces está bien.

Tú serás la responsable de que tus hijos tengan una vida feliz y que tú disfrutes de tu propio camino. No les has fallado ahora, tendrán dos hogares, uno en el corazón de cada uno de sus progenitores, y es importante que se cuide con todo el amor del mundo para que los niños puedan seguir creciendo recibiendo el amor, cariño y respeto que merecen.

No te sientas egoísta si crees que dejando a tu pareja estás negando a tus hijos la posibilidad de crecer al lado de su padre, en una familia feliz. Pero, si no hay amor ni felicidad, ¿realmente piensas que tus hijos pueden ser felices en este tipo de núcleo familiar?

Eres tú quien debe estar bien

Te contaré un secreto, para que tus hijos crezcan felices de verdad, lo que necesitan es ver en ti fortaleza sí, pero también sentir que estás bien. Si el divorcio os permitirá estar mejor, entonces sin duda es la opción acertada.

Habrán días que te sentirás sola porque las responsabilidades estarán en aumento y pensarás que no das a basto con todo, también te sentirás sola cuando los niños tengan que marcharse con su padre los días que le correspondan, pero sabiendo que tus hijos están bien atendidos y cuidados, podrás soportarlo mejor. Recuerda que NO eres mala madre porque hayan días que no puedas con todo, tampoco es culpa tuya (son las circunstancias que os han llevado a este punto) y por supuesto, NO estás sola.

Sí, ahora quizá tengas más carga, pero también disfrutarás de la tranquilidad y la paz. Lo que antes te hacía daño ahora se ha convertido en tu cura emocional. Porque si llegaste al divorcio fue porque era lo mejor sin duda. Para sentirte mejor, no dudes en buscar apoyo de toda esa gente que te quiere, esas personas que te abracen cuando necesites llorar y que te extiendan la mano cuando sientas que has caído. Recuerda que tus hijos, ellos, estarán bien si tú estás bien.

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