Cuento infantil: El perro y el gato

Una historia sobre los prejuicios y la aceptación de las diferencias

El perro y el gato

Aceptar las diferencias y deshacerse de los prejuicios no siempre es fácil, pero vale la pena intentarlo. Ese es el mensaje central que nos transmite esta preciosa historia sobre la amistad, las diferencias y el respeto por los demás que enseña a los niños a comprender este concepto de una manera mucho más sencilla. Con un lenguaje muy fácil de entender, “El perro y el gato” transmite a los más pequeños la importancia de no dejarse llevar por las creencias y la necesidad de cuestionar todas las cosas que generalmente damos por sentadas en la vida ya que, a fin de cuentas, quien no arriesga, podría estar perdiendo la oportunidad de ganar un amigo.

“El perro y el gato”, una historia para reflexionar

Los perros y los gatos nunca se han llevado bien. Tanto así que cuenta una creencia popular que allá donde haya un gato no puede haber un perro porque son enemigos por naturaleza. Sin embargo, como ya habréis escuchado en alguna ocasión, toda regla tiene su excepción como demuestra esta historia del perro Marco y la gata Cleo.

Cuenta la historia que todo comenzó en un pueblo muy lejano entre las montañas, a la vera de un caudaloso río. Allí vivía el perro Marco con sus amigos, con quienes solía salir a pasear y divertirse revolcándose sobre la hierba, persiguiendo a las liebres que había en el campo y jugando a encontrar cuanta rama hubiese perdida entre la hierba. Corría el mes de junio, cuando una mañana Marco sintió un ruido a lo lejos mientras se divertía con sus amigos.

Interesados en descubrir de dónde provenía el sonido, Marco y sus amigos corrieron a toda prisa en dirección al ruido. Al llegar, grande fue la sorpresa que se llevaron al encontrar a una pequeña gatita echa un ovillo que parecía muy asustada y que, al verlos, se puso rápidamente de pie y en alerta. Sin pensarlo dos veces, los amigos de Marco empezaron a ladrar a la gatita con la intención de asustarla y conseguir que se fuera. Sin embargo, Marco no les siguió el juego. Su reacción fue muy diferente:

– Pero si es solo una gatita – les dijo Marco mientras se acercaba a sus amigos intentando disuadirlos. – Dejadla en paz y sigamos jugando.

Sin embargo, sus amigos no lo tenían muy claro.

– ¡Pero qué dices! Los gatos son nuestros enemigos y tenemos que echarla de aquí cuanto antes – le respondió uno de ellos mientras le apartaba con la pata para que les dejase el camino despejado.

Pero Marco estaba decidido a defender a aquella gatita de aspecto desvalido. ¿Qué mal podía hacerles? A fin de cuentas, solo estaba asustada.

– Pues no me moveré – les contestó. – Está muy asustada, no nos hará daño. Dejadla tranquila, regresemos y sigamos con nuestro juego.

Al ver que sus amigos no pretendían apartarse, Marco les ladró enfurecido y les mostró sus grandes colmillos para hacerse respetar y conseguir que le hiciesen caso. Al ver su actitud, sus amigos perrunos desistieron y, enfadados, le dieron la espalda dejándolo solo con la gatita.

– Si cuando ya no estemos esta gata te ataca, no cuentes con nosotros. La has elegido a ella antes que a tus amigos – le gritaron mientras se marchaban con gran enfado.

Marco no les dijo nada, simplemente se quedó mirando cómo se alejaban. Al quedarse solo con la gata, le dijo gentilmente:

– Disculpa a mis amigos, a veces pueden ser un poco maleducados ¿Cómo te llamas?

– Gracias por ayudarme, no sé qué habría pasado si no hubieses intervenido. Soy Cleo – maulló la gata mientras se alejaba un poco.

– ¿Quieres ser mi amiga? – le preguntó Marco.

Cleo estaba paralizada. ¡Un perro quería ser su amigo! Tras unos largos segundos que parecieron horas, cuando finalmente se repuso un poco del asombro, comenzó a reírse con unas carcajadas tiernas y divertidas que parecían ligeros estornudos.

– Los gatos y los perros no son amigos y nunca lo serán, todos lo saben – maulló Cleo mientras saltaba a un árbol cercano.

– ¡Pero qué tonterías dices! Todos podemos ser amigos, nada nos lo impide. Además, si hacemos cosas divertidas juntos lo podemos pasar bien. ¿Qué importa lo que digan los demás? – dijo Marco con determinación.

– ¿A qué podríamos jugar? ¿Cómo podríamos divertirnos? Somos muy diferentes, no podremos hacer nada juntos – afirmó Cleo mientras observaba desde las alturas a Marco.

Marco se quedó pensativo. ¿Y si Cleo tenía razón? Si los perros y los gatos no eran amigos, por algo debía ser. Sin embargo, convencido de que podían conseguirlo, le propuso:

– Pues tú corres y yo te persigo, y luego, yo corro y tú me persigues. ¡A eso podemos jugar! – respondió emocionado, esperando a que Cleo saliese a correr en cualquier momento.

Tras estas palabras Cleo se quedó reflexionando un rato. Serían el primer perro y gato en ser amigos. Sin embargo, se dijo a sí misma que si nunca lo intentaba, no podría saber si era posible o no. Por tanto, dejó sus prejuicios a un lado y aprovechando un pequeño descuido de Marco salió corriendo disparada. Tras darse cuenta, Marco comenzó a perseguirla.

Así corrieron por todo el campo, se escondieron entre los árboles y la hierba, atravesaron el puente sobre el río y llegaron incluso hasta las colinas que se divisaban al horizonte. ¡Era muy divertido! Estuvieron jugando hasta que comenzó a anochecer y quedaron al día siguiente para seguir corriendo. Luego, al día siguiente y al otro, y al otro… Marco alejaba a los perros que molestaban a Cleo y ella le ayudaba a conseguir las cosas a las que el perro no alcanzaba porque no podía saltar tan alto. Se complementaban tan bien y se divertían tanto juntos que muy pronto no querían separarse ni un solo momento.

Desde entonces, Cleo y Marco aprendieron una bonita e importante lección: no importa quién sea la otra persona, cualquiera puede regalarnos su compañía y convertirse en nuestro mejor amigo/a, si tan solo nos enfocamos en las cosas que nos unen, en vez de pensar en las que nos dividen. Descubrieron que incluso los seres más diferentes pueden hallar puntos comunes que les acerquen y les sirvan como cimientos para forjar una amistad auténtica que dure toda una vida.

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