Mi hijo no quiere hacer nada: qué puedo hacer

Mi hijo no quiere hacer nada

Son muchos los padres que se quejan de que sus hijos no quieren hacer nada. Son niños o adolescentes que no quieren estudiar, ni hacen las tareas de casa que les corresponde y tampoco hacen caso a las órdenes de sus padres. Parecen niños apáticos, aunque también se confunden con desobedientes o desafiantes. ¿Qué es lo que está pasando? Como muchos padres no saben responder a esta pregunta, pueden acudir al psicólogo para que les ayude porque ya no saben qué más pueden hacer.

Niños que no hacen nada

¿Cómo se comporta un niño que no quiere hacer nada? Cuando ocurre esto, no nos referimos a un niño o adolescente que un día puntual no quiere hacer nada. Hablamos de un comportamiento que se repite en el tiempo, que ocurre poco a poco y que al principio, nos confunde porque nuestro hijo no siempre ha sido así.

Los padres sienten que no pueden hacer nada con sus hijos porque ya lo han probado todo. Han intentado: castigarles, amenazarles, quitarles privilegios, premiarles… ni los refuerzos positivos ni los negativos parecen hacer efecto para que el hijo cambie su comportamiento. Parece que le da igual, simplemente no quiere hacer nada.

Esta situación suele derivar en conflictos constantes en casa, además del estrés, malestar y mala convivencia que se genera debido a la distancia emocional que se está fraguando en el hogar debido al comportamiento del hijo y a la impotencia de los padres.

Por qué no quiere hacer nada

Antes de buscar soluciones lo que hay que hacer es valorar la situación y descubrir la raíz del problema; ¿por qué no quiere hacer nada? Hay que tener en cuenta cuándo empezó a ocurrir todo, cuál ha sido y es nuestro estilo de crianza, cómo es nuestra actitud ante este comportamiento, etc. Por otra parte, también es importante tener presente cuál es la edad del hijo ya que no es lo mismo un niño de 6 años que un adolescente de 16.

Habitualmente este comportamiento puede surgir porque los padres han aplicado durante mucho tiempo una disciplina ineficaz, siendo en la mayoría de los casos, demasiado permisivos. Si quieren que la situación cambie, deberán cambiar ese tipo de disciplina para que los hijos se sientan involucrados en las tareas del hogar y en cualquier otro aspecto que les incumba, como los estudios.

Es fundamental que los padres sean conscientes de que los hábitos adquiridos desde bien pequeños son necesarios para que se interioricen y puedan llevarlos a cabo tanto en el hogar, como en la escuela o en su propia conducta.

La clave: trabajar responsabilidades

Para que esto sea posible y los hijos sean capaces de adquirir buenos hábitos, adquirir responsabilidades es imprescindible. Para ello, se deben crear rutinas en el hogar y tener muy en cuenta los hábitos de los hijos cada día para que sean capaces de seguir normas y límites. Siempre con coherencia y teniendo en cuenta su integridad y sus intereses. Hay que ser flexible y firme al mismo tiempo, sin caer en la permisividad ni tampoco en la disciplina punitiva.

Para comenzar, se tienen que aplicar responsabilidades en el hogar para que los hijos comiencen a tener su dormitorio recogido, que pongan y quiten la mesa, que frieguen los platos, que hagan su cama, etc. Habrá que responsabilizarles de las tareas del hogar que sean capaces de realizar dependiendo de la edad que tengan. Una vez que hayan acabado sus tareas asignadas (y nunca antes) podrán tener privilegios como jugar, tener la tablet un ratito, salir, etc.

Los hábitos se deben inculcar desde la más tierna infancia y serán la clave para que los niños se desarrollen exitosamente en el futuro. Si los padres se acostumbran a darles todo hecho, sin límites o cediendo a sus pretensiones todo el tiempo por no hacerles sufrir o no aguantar momentos tensos, entonces cuando crezcan habrán conductas difíciles de modificar en el futuro. Por eso, adquirir buenos hábitos desde que los hijos son pequeños resulta tan importante en todos los aspectos.

Responsabilidades de los niños y adolescentes

Cómo conseguir que mi hijo realice sus obligaciones

Si te encuentras en la disyuntiva de que no puedes ir hacia el pasado para cambiar tu crianza y en el presente, no quieren hacer nada. No te eches las manos a la cabeza, puedes conseguir que mejore y que interiorice sus obligaciones y sea capaz de mejorar su comportamiento. Para ello debes tener en cuenta los siguientes aspectos.

Las normas y límites deben ser claros

Las normas y límites que se pongan en el hogar deberán ser claros, específicos y además, tu hijo deberá saber y entender exactamente qué es lo que se espera de él en cada momento. Estas normas se deberán cumplir siempre sin excusas y al principio deberemos poner de nuestra parte para que así sea. Si por ejemplo, le dices a tu hijo que para salir tiene que acabar sus tareas de la escuela o que para ver la tele después de comer tiene que recoger la mesa, pero luego puede tener esos privilegios sin haber realizado sus tareas asignadas, verá que no es necesario que realice sus tareas para obtener lo que quiere y desobedecerá.

Por eso es tan importante ser constante en las normas y límites del hogar. Poner las normas junto con los hijos para que se sientan partícipes del proceso y dejar claras las normas y las consecuencias positivas y negativas de cumplirlas o incumplirlas. Deberás dejarles claro qué se espera de ellos, cuándo se espera y que valoras positivamente cuando hacen las cosas bien. No te centres solo en su mal comportamiento, para que valoren el esfuerzo más, céntrate en lo que saben hacer y en cómo lo hacen.

Establecer las rutinas

El establecimiento de rutinas es primordial para conseguir que funcione y así facilitarles a los hijos que sean capaces de cumplir con sus responsabilidades porque recodarán qué es lo que corresponde en cada momento. Y si no las hacen, no las tenemos que hacer nosotros. Así podrán interiorizar correctamente las reglas, normas y límites. Tus hijos se sentirán más seguros y estables emocionalmente (tanto si son niños como adolescentes).

Busca ayuda de un profesional

Si sientes que ya lo has probado todo y que tu hijo no cambia su comportamiento y ya no sabes qué más puedes hacer porque la situación cada día es más tensa, entonces tendrás que acudir a un especialista para que valore qué es lo que le ocurre a tu hijo. Con un comportamiento apático, aislamiento social, tristeza permanente… podríamos estar ante un problema de depresión infantil o adolescente. El profesional podrá valorar o descartar problemas psicológicos o emocionales y en caso de que sea necesario daros las pautas a seguir para que la situación mejore.

Bibliografía
González, C. (2013) Creciendo juntos: De la infancia a la adolescencia con cariño y respeto. Editorial: Independiente
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