Mi hijo pega cuando se enfada, ¿qué debo hacer?

Niños que pegan

Quizá te hayas dado cuenta de que tu hijo cuando se enfada, “se le va la mano” y pega a sus hermanos, amigos, familiares o incluso a ti como padre o madre. Por supuesto, el enfado es una emoción que debe entenderse para poder actuar en consecuencia, pero pegar no debe estar permitido bajo ninguna circunstancia porque consiste en agredir a otro por no haberse controlado los impulsos.

Es una forma de agresividad infantil que debe tenerse en cuenta… es posible que si tu hijo ha pegado en el parque o en la escuela cuando se ha enfadado, hayas sentido cierta vergüenza sobre todo por lo que otros padres o adultos hayan podido pensar.

En realidad, lo que piensen otras personas debe darte igual, lo que importa por encima de cualquier otra cosa es el bienestar de tus hijos. No pienses que lo estás haciendo mal, ni te frustres por lo que está pasando… Solo busca la manera de ayudar a tu hijo a entender y controlar esa emoción tan intensa, ¿quieres saber cómo? Sigue leyendo porque te lo vamos a explicar.

Niños pequeños que pegan cuando se enfadan

A estas edades es normal que los niños peguen al enfadarse porque sienten una emoción muy intensa que no entienden y que tampoco controlan. Pegar es una respuesta primaria e instintiva cuando sienten miedo o frustración, además de que pueden usarlo también como defensa o protección. Con otras emociones consideradas positivas como es la alegría, también se pueden sentir sobrepasados y pegar por no haberla sabido gestionar bien.

Pero que sea instintivo o que sean muy pequeños no significa que debas permitirlo, por lo que es importante tener presente los siguientes puntos para reconducir la situación. La emoción se acepta pero se debe guiar en la conducta negativa:

  • Entiende que tu hijo aún está conociéndose a sí mismo y a su entorno. Prueba su fuerza y capacidades y pone a prueba los límites. Está empezando con las relaciones personales.
  • Hazle entender a tu hijo que la agresión provoca sufrimiento y el respeto armonía entre las personas.
  • Eres su ejemplo a seguir, si no quieres que tu hijo pegue, tendrás que evitar tener una actitud de agresión de forma general.
  • No esperes que deje de pegar de un día para otro, respeta sus ritmos de aprendizaje pero sé constante en tus enseñanzas, a través del respeto y el amor hacia tu hijo.
  • Cada niño vive la relación con su entorno de una manera y necesita un tiempo diferente para aprender.

Qué hacer para que los niños no peguen cuando están enfadados

En todas las circunstancias en las que es necesario enseñar al niño a que no tiene que pegar se debe hacer desde el respeto y nunca desde la violencia, porque es eso justo lo que tiene que aprender y nosotros enseñar. Si le gritas, le pegas o tienes una actitud violenta tus enseñanzas serán contradictorias y no tendrán sentido para él.

Un niño pequeño puede pegar porque se siente enfadado, frustrado, excluido… por lo que castigarle o hacerle sentir mal servirá de poco, ¡porque ya se siente muy mal consigo mismo! Es necesario que se sienta valioso, querido e importante todo el tiempo.

Qué hacer con niños que pegan

Para que un niño deje de pegar deberá empezar a entender sus propias emociones y así, trabajar la empatía. Así entenderá cómo se sienten los demás cuando pegan y aprenderá a buscar otras soluciones más pacíficas, como el diálogo, la compasión o la comprensión.

Hay que evitar juzgar o hacer sentencias porque entonces el niño sentirá aún más enfado y rechazo por la otra parte del conflicto, como por ejemplo si le dices: “la muñeca es de tu hermana así que se la das”.

Cuando quieras hablar con tu hijo ponte a su altura, mirándole a los ojos y háblale siempre con tono suave, cariñoso y firme. Antes de guiarle en la solución hay que buscar la calma en todos los implicados en el conflicto (decir palabras de aliento, beber agua, abrazarle…).

Nunca busques culpables, céntrate siempre en la solución, bajo ninguna circunstancia emitas juicios, etiquetes o señales a un culpable y a una víctima. Es necesario que a todos los implicados les preguntes cómo se sienten y valida cada emoción que te digan. Por ejemplo: “Te has enfadado porque te gustaría jugar con la muñeca, ¿verdad? Lo comprendo”.

A continuación hazles reflexionar y pregúntales a los implicados qué necesitan para sentirse mejor, si no lo saben, puedes hacer pequeñas sugerencias. Por ejemplo: “¿Te sentirías mejor si jugamos a la muñeca por turnos o si hacemos un juego con la muñeca en el que todos participemos?”.

Es fundamental que tanto el agresor como el agredido expresen sus emociones y digan lo que no les ha gustado de lo ocurrido. Poned nombre a las emociones y así poco a poco, irán comprendiendo la maravilla de la inteligencia emocional.

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