La humillación destruye la autoestima, no crea niños más fuertes

Hay muchísimas creencias que, lejos de mejorar la actitud y la calidad de vida de nuestros hijos, acaban por causarles traumas que arrastrarán a su vida adulta.

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Los niños son esponjas y absorben todo lo que ven, ya sea positivo o negativo. Cuando los padres confiamos en ellos, les ayudamos en su día a día y les damos amor, estamos criando niños fuertes, niños con un gran potencial que se convertirán en adultos funcionales y exitosos. Por el contrario, cuando dejamos que la humillación haga presencia en la educación, lo único que vamos a conseguir es acabar con la autoestima de nuestros hijos y potenciar sus debilidades.

Consecuencias de la humillación infantil

Cuando hablamos de humillación infantil, estamos haciendo referencia a una gran cantidad de conductas de los padres, o maestros, las cuales están orientadas a fomentar la disciplina infantil mediante la vergüenza o el castigo físico.

Hay ejemplos muy obvios de la humillación infantil, como darle un cachete al niño o tirarle de las orejas. Sin embargo, hay otros que pueden pasar desapercibidos, no siendo diferentes sus consecuencias: exponer sus debilidades y faltas públicamente, compararlo con otros niños en un sentido despectivo o de menosprecio, o, incluso, gritarle. Lejos de fomentar la disciplina, estas actuaciones no hacen más que mermar la autoestima del niño. Además, se genera una falta de confianza en la familia, una falta de apego seguro y una sensación de soledad e indefensión por parte del niño.

¿Cómo se forma la autoestima?

La autoestima infantil se empieza a formar desde edades muy tempranas y está muy vinculada a los estímulos que el niño recibe del exterior. Así, si los estímulos que este recibe son de amor y afecto, el niño desarrollará un apego seguro, a través del cual aprenderá a explorar el mundo con confianza y seguridad. De no ser así, el niño actuará siempre desde la duda y el miedo, lo que acabará afectando negativamente a la manera en la que se comporta e interpreta la realidad que lo rodea.

Fomentar la autoestima infantil

Para evitar esta falta de confianza en el niño, lo esencial es criarlo siempre desde el amor y el respeto. La humillación debe quedar lejos de cualquier estrategia educativa que se quiera implementar desde la familia. Además de evitar estas situaciones tan dañinas, hay otros aspectos que se deben tener en cuenta a la hora de fomentar la autoestima infantil:

Poner límites

Los niños necesitan límites y normas, ya que estos les aportan seguridad. Saber qué es lo que pueden hacer y lo que no les guía en su día a día. Sin embargo, estos límites deben imponerse siempre desde el respeto y dentro de las capacidades de cada niño; deben estar bien definidos, así como también las consecuencias de no cumplirlos. No obstante, estas consecuencias nunca deben basarse en la humillación.

Fomentar la toma de decisiones

Aunque los padres queramos proteger a nuestros hijos, no podemos hacerlo todo por ellos. Si no les dejamos margen para equivocarse, no van a aprender. Y, además, solo estaremos fomentando la dependencia hacia los adultos y reduciendo las posibilidades del niño a la hora de explorar su potencial. Así, resulta necesario dejar que los niños vayan tomando pequeñas decisiones en su día a día, siempre adaptadas a su grado de madurez y desarrollo.

Estimular la creatividad

Si estimulamos la creatividad en los niños, les estaremos dando una gran herramienta para enfrentar y solucionar los diferentes retos que se les propongan. De este modo, los niños crecen en seguridad y son mucho más conscientes de todo lo que pueden llegar a conseguir.

Hacerles conscientes de sus fortalezas

Los niños deben conocer sus fortalezas y todo lo que estas les permitirán conseguir. Así, siempre es mejor centrarnos en ellas en vez de buscar sus debilidades. Cuando un niño es capaz de destacar en algo y se da cuenta de ello, se vuelve mucho más confiado y seguro.

Reconocimiento y refuerzo

Al estar desarrollando continuamente sus capacidades, los niños necesitan ver recompensados sus esfuerzos para seguir creciendo hacia la independencia emocional. Por ello, es imprescindible que los adultos seamos capaces de reconocerles todo el esfuerzo que hacen para conseguir algo. Además, debemos reforzar cualquier conducta positiva, en vez de centrarnos en castigar las negativas.

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Mostrarles nuestro orgullo

Los padres siempre nos sentimos orgullosos de los hijos. Pero, ¿lo saben ellos? Debemos decirles a los niños lo mucho que valoramos todo lo que hacen y transmitirles todo nuestro amor y apoyo. La comunicación debe ser el pilar familiar en el que los niños puedan encontrar refugio y seguridad cuando lo necesiten.

Dar ejemplo con todo

Los niños siempre acaban observando, y muy atentamente, el comportamiento de los padres. Si queremos que nuestros hijos sean personas seguras de sí mismas, deberemos serlo nosotros. La crianza no es solamente el desarrollo de los niños, sino que también propicia el crecimiento personal de los padres.

Si humillamos, humillarán

Además de la falta de autoestima, los niños que crecen siendo humillados acaban humillando a los demás. Es decir, esta medida disciplinaria puede llevarnos a conseguir todo lo contrario. ¿De qué nos servirá que los niños se porten bien en casa si en la escuela, por ejemplo, humillan a los demás niños? ¿Es esta la conducta que queremos ver en los niños? Cuando basamos el modelo de crianza en la humillación, quizá eliminaremos alguna pequeña conducta. Pero, sin duda alguna, estaremos potenciando otras mucho peores.

La humillación no deja de ser un tipo de maltrato infantil y tiene graves consecuencias en el desarrollo de los niños. No solamente les hace ser menos empáticos, sino que también son niños inseguros, con poca capacidad resolutiva y con una gran dependencia emocional de los adultos.

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