El mago de Oz: Una adaptación del libro para niños

El mago de Oz

Publicado por primera vez en 1900, “El maravilloso Mago de Oz” es una de las obras infantiles más traducidas en todo el mundo. Salida de la pluma del escritor de literatura infantil Lyman Frank Baum, la historia se desarrolla en Estados Unidos, en una época en la que los cuentos infantiles solían ambientarse en Europa. Con un lenguaje sencillo pero cautivador, la historia narra las aventuras de Dorothy Gale, una huérfana que vive en una granja con sus tíos y su perrito Totó.

Todo comienza un día en el que el cielo se torna gris y un tornado se cierne sobre la casa donde se encontraba Dorothy y su perrito. Tras salir desprendida por los aires la casa con Dorothy dentro, la niña termina durmiéndose y finalmente, despierta en la maravillosa tierra de Oz. Allí, deberá emprender un largo camino para encontrar al Mago de Oz, con la esperanza de que la ayude a regresar a su hogar. Sin embargo, durante la travesía le aguardan muchas sorpresas.

Al poco de emprender el rumbo conoce a Espantapájaros, a quien le ayuda a bajar del palo en el que unos granjeros lo colocaron para asustar a los cuervos, y más adelante al Hombre de Hojalata que en realidad es un fuerte leñador que ha sido víctima de una bruja que lo ha convertido en un ser de metal. Un poco más adelante, se encuentra con el León que, a diferencia de los típicos leones, es un personaje muy cobarde.

Juntos parten a buscar al Mago de Oz, cada uno con su propio deseo: el Espantapájaros quiere un cerebro real con el que pueda pensar, el hombre de Hojalata desea un corazón que le permita ser más sensible y bondadoso, el León quiere aprender a ser valiente y Dorothy sueña con regresar a casa. Y juntos vivirán muchísimas aventuras y se convertirán en grandes amigos.

Tras encontrar al Mago de Oz y descubrir la clave para conseguir sus deseos, cada personaje cumple su sueño, excepto Dorothy que no sabía cómo regresar a casa. Hasta un día que tras echar muchísimo de menos a su familia y, como por arte de magia, despierta en su antigua habitación rodeada de quienes más quiere. Sin duda, se trata de una obra llena de fantasía, en la que se abordan importantes valores como la amistad, la valentía y el amor por la familia. Una historia llena de enseñanzas que los más pequeños de casa deberían leer al menos una vez en la vida.

El cuento “El mago de Oz” para niños

Había una vez una niña huérfana llamada Dorothy que vivía en una humilde granja de Kansas junto a sus tíos, el tío Henry y la tía Em. Tenía un precioso perrito llamado Totó, que además de ser muy cariñoso y juguetón, la acompañaba a todos sitios. Su vida era muy tranquila ya que en aquellas tierras poco ocurría, excepto terribles tornados de vez en cuando. Cuando el tío Henry advertía que algún tornado se acercaba, todos corrían a refugiarse en el sótano de la pequeña granja.

Uno de esos apacibles días, el tío Henry observó cómo se formaron de repente unas grises nubes de tormenta y se levantaron unos fuertes vientos que advertían la presencia de un tornado. Inmediatamente, le dijo a la tía Em que se resguardara junto a Dorothy en el sótano mientras él aseguraba a los animales. Sin embargo, cuando Dorothy fue a buscar a Totó para llevarlo al sótano, el perrito corrió asustado y se escondió debajo de la cama.

Dorothy fue a buscarlo y cuando finalmente puedo atraparlo ya era demasiado tarde. El tornado llegó y con un fuerte estrépito levantó la casa y formando una espiral, se la llevó lejos, muy lejos. Al inicio tanto Dorothy como Totó estaban muy asustados, pero después de mucho rato empezaron a calmarse hasta que finalmente se quedaron dormidos.

Al despertar, notaron que la casa ya no volaba y corrieron a asomarse a la ventana. Fuera había una tierra fantástica poblada de seres extraños. Había muchísimos de esos pequeños seres, no más altos que Dorothy y con curiosos sombreros con cascabel, que la miraban sorprendidos. De entre todos, salió una anciana que, con paso lento, se acercó a Dorothy y tras hacer hizo una profunda reverencia le dijo.

– Noble hechicera, os doy la bienvenida a la tierra de los Munchkins. Os estamos agradecidos por haber aplastado a la Maligna Bruja del Oriente y liberado a nuestro pueblo de su esclavitud.

Dorothy entró en pánico. Resultaba que su granja había caído sobre una malvada bruja, a la que había aplastado y de la cual solo quedaban unas zapatillas de plata.

– ¡Solo quiero volver a casa!, rogó Dorothy desesperada.

Entonces, la anciana le contó que la malvada bruja tenía una hermana aún más poderosa y temible: La Maligna Bruja de Occidente, a la que querían vencer. Además, le dijo que sería imposible salir de esta misteriosa tierra, pues allí nadie había escuchado hablar de Kansas.

– Si quieres regresar a casa, deberás consultar con el Mago de Oz, aconsejó la anciana.

– ¿Dónde lo encuentro?, preguntó Dorothy.

– Solo debes seguir el camino cubierto de baldosas amarillas, te dirigirá hacia Ciudad Esmeralda, le indicó la anciana.

– Lleva contigo las zapatillas de plata de la bruja, pueden serte muy útiles. Y te daré un beso, añadió. Soy la Bruja Buena del Norte y nadie se atreverá a lastimarte si llevas mi beso en tu frente, así la bruja besó la frente de Dorothy y le dejó una brillante marca azul.

Entonces, Dorothy emprendió el camino para encontrar al Mago de Oz junto a su querido perrito Totó. Caminó y caminó hasta que divisó un campo de maíz y a un espantapájaros que lloraba desconsolado. Al acercarse y preguntarle qué le sucedía, el espantapájaros le contó que quería tener un cerebro para pensar, pero que ni siquiera podía moverse porque estaba atado a un palo de madera. Conmovida, la niña lo liberó.

– Ven conmigo, tal vez el Mago de Oz pueda darte uno, le dijo.

Así, emprendió otra vez el viaje, esta vez con la compañía del espantapájaros. Poco después se encontraron con un hombre de hojalata. El pobre estaba tan oxidado que se había quedado paralizado mientras cortaba la leña. Dorothy y el espantapájaros se acercaron y tras examinarlo, tomaron una botella de aceite que había cerca y lubricaron sus articulaciones. Cuando el hombre volvió en sí, les contó que en realidad era un leñador, pero que estaba bajo el hechizo de una bruja que lo había convertido en un hombre de metal, pero que ahora solo deseaba recuperar su corazón.

– Acompáñanos a ver al Mago de Oz. Quizás él pueda ayudarte, le dijo Dorothy.

Ahora, con la compañía del hombre de hojalata, continuaron su camino. Después de un rato, se encontraron con un feroz león. El león sin pensarlo dos veces atacó al espantapájaros, al hombre de hojalata y luego intentó comerse al pobre Totó, pero Dorothy sacó su enorme coraje y lo golpeó con fuerza en el hocico.

– Debería darte vergüenza que un animal tan grande como tú ataque a un perrito pequeño, un hombre de hojalata y un espantapájaros de paja.

– ¡Es que soy un cobarde!, gimió el león. Le temo a todos y por eso doy zarpazos y rujo a quienes se acercan a mí. Quiero ser valiente porque se supone que el Rey de los animales debe de serlo.

– Acompáñanos entonces a ver al Mago de Oz, quizá él pueda llenarte de valor, le dijo Dorothy conmovida por la tristeza del león.

Así, todos juntos caminaron durante muchos días y vivieron muchísimas aventuras hasta que por fin, llegaron a la Ciudad Esmeralda. Al acercarse, un guardián los cortó el paso y les preguntó a qué habían ido. Tras escuchar sus peticiones, los dejó pasar a ver al Mago, quien escuchó con especial interés los deseos de sus visitantes. Finalmente, les dijo.

– Os ayudaré a cumplir vuestros deseos si derrotan a la Maligna Bruja de Occidente. Quien algo quiere, algo le cuesta, sentenció con severidad.

Dorothy rompió a llorar, pero no tenía otra alternativa. Junto a sus amigos partió en busca de la bruja. Durante el camino se encontraron con un hermoso campo de amapolas, al acercarse a contemplar las flores, cayeron dormidos profundamente con el aroma de las flores. Una horda de monos que servía a la bruja maligna los encontró y sin pensarlo dos veces, los atraparon y los llevaron ante la malvada hechicera. Al ver el beso de la Bruja Buena del Norte, la bruja no pudo hacerle daño pero convirtió a Dorothy en su sirvienta.

La malvada bruja había visto las zapatillas de la niña y sabía que con ellas podía ganar más poder, pero no podía robárselas ya que Dorothy solo se las quitaba para bañarse y dormir. La bruja, temía al agua y a la oscuridad y por eso nunca se acercaba a Dorothy en esos momentos. Un día, ideó un plan para robarle las zapatillas. Colocó una enorme barra de hierro invisible en el centro de la cocina y esperó a que Dorothy tropezara con ella. La niña, concentrada en sus labores, tropezó con la barra y perdió una zapatilla al caerse. La malvada bruja la tomó y se la puso frente a Dorothy.

– Ya tengo la mitad de tus poderes, le dijo riendo.

– ¡Devuélveme mi zapatilla, Bruja!, le dijo Dorothy furiosa.

Sin pensarlo, la niña arrojó entonces un caldero lleno de agua sobre la bruja, quien dio un alarido y empezó a derretirse.

– El agua es mi final, lloró la bruja malvada. Ahora me derretiré y dejaré de existir.

Así, los malvados hechizos de la bruja que azotaban el país del mago de Oz llegaron a su fin. Inmediatamente, el hombre de hojalata notó los latidos de un corazón, el león ganó coraje y valor y el espantapájaros se dio cuenta de que ya podía pensar. Sin embargo, la pobre Dorothy y su perro Totó seguían allí y no habían podido regresar a Kansas.

Otra vez ante el mago, y gracias a la curiosidad de Totó, Dorothy se dio cuenta de que el mago en realidad era un anciano que deseaba retirarse a descansar en un lugar donde nadie pudiera molestarlo. Así que la niña decidió seguirlo en este viaje y pronto, se encontraron volando en un gran globo. Lamentablemente, durante el viaje, Totó cayó del globo. Dorothy desesperada por perder a su fiel amigo saltó tras él. Logró atraparlo y en su mente escuchó la voz de la anciana que le decía:

– Piensa en lo bien que te sentirías al estar en tu hogar.

Entonces, Dorothy cerró los ojos y pensó con todas sus fuerzas: “No hay lugar más feliz que mi hogar” Al abrir nuevamente los ojos se sorprendió otra vez en Kansas, acostada sobre su cama, con Totó durmiendo a sus pies. A su lado estaban sus tíos Henry y Em. ¿Todo lo que había vivido había sido entonces solo un bonito sueño?

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