¿Por qué no debemos limitar o sobreproteger a los niños con discapacidad?

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Cuando pensamos en los principales retos a los que tienen que enfrentarse los niños con discapacidad, la exclusión social es uno de los primeros problemas que nos viene a la mente. Y es que a veces los niños pueden ser muy crueles y marginan a quienes son diferentes. Sin embargo, no se trata del único obstáculo al que tienen que enfrentarse los niños con discapacidad, en muchos casos también deben hacer frente a la sobreprotección de sus padres.

La mayoría de estos padres se escudan tras las dificultades que presentan sus hijos con discapacidad en algunas esferas de su vida, ya sea en el área física o intelectual, que les impide realizar ciertas tareas mientras o les demanda un esfuerzo mayor que al resto. En esos casos, para intentar protegerles de los fracasos y la exclusión social, les limitan en su día a día.

Sin embargo, ese estilo de crianza sobreprotector suele pasar por alto que muchos de estos niños también poseen habilidades excepcionales y son capaces de llevar una vida normal, solo que a un ritmo diferente. Por esa razón, sobreprotegerles en exceso o ponerles límites para intentar “protegerles” no solo no les ayuda, sino que representa un obstáculo para su desarrollo.

5 razones por las que no deberías sobreproteger a los niños con discapacidad

Sobreproteger a los niños con discapacidad desde una edad temprana es una manera de imponer límites y desarrollar una actitud dependiente, de manera que les resultará más difícil valerse por sí solos, ser autónomos y tomar decisiones en su vida. A la larga, ese intento de cuidarles y protegerles termina coartando su capacidad de crecimiento y adaptación al entorno en el que viven. Además, sobreproteger a los niños con discapacidad:

1. Limita su habilidad para descubrir y adaptarse al mundo

Los niños necesitan explorar libremente el entorno que les rodea, lo cual les permite formarse una imagen del mundo en el que viven, así como aprender y desarrollar habilidades adaptativas que le permitan desenvolverse en la sociedad. Cuando sobreprotegemos a un niño con discapacidad, impidiéndole que juegue libremente con otros pequeños en el parque, que vaya a campamentos infantiles o se reúna con sus amigos, les estamos poniendo límites para que descubra su entorno y aprenda de quienes le rodean. A la larga, estaremos criando a un niño solitario, temeroso y dependiente que tiene miedo a salir de su zona de confort.

2. Lastra la confianza que tienen en sí mismos

No hay peor obstáculo para el desarrollo de un niño con discapacidad que el sentimiento de inferioridad y la falta de confianza en sí mismo. Si cada vez que el pequeño quiere probar algo nuevo o diferente, se lo impedimos por temor a que no salga bien, les estaremos transmitiendo la idea de que no es capaz de hacer cosas por sí solo. A la larga, solo conseguiremos que pierda la autoconfianza y deje de intentar hacer las cosas por su cuenta pues pensará que no lo conseguirá, lo cual se convertirá en una profecía que se autocumple. De esta forma, no solo no le ayudaremos a superar sus dificultades, sino que le imponemos límites para que pueda alcanzar la autonomía necesaria para desarrollar una sensación de autoeficacia.

3. Reduce su autonomía e independencia

Cuando sobreprotegemos a un niño con discapacidad, le impedimos tomar decisiones propias y limitamos su libertad para explorar el mundo, por lo que lo estamos convirtiendo en una persona dependiente. A la larga, esos niños no sabrán tomar las riendas de su vida, tendrán dificultades para resolver sus problemas y les costará encontrar su lugar en el mundo porque nunca lo han intentado por sí solos. De hecho, lo más probable es que se conviertan en adultos dependientes de sus padres, cuidadores o cualquier otra persona, pues como nunca han tenido que poner a prueba sus capacidades no han desarrollado la confianza necesaria en sí mismos para afrontar los retos. Mientras más dependientes sean, más les costará salir de su zona de confort, un círculo vicioso que cuesta mucho romper.

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4. Ralentiza el desarrollo de sus funciones cognitivas

¿Sabías que explorar el mundo que nos rodea, vivir experiencias nuevas y emprender pequeños retos cotidianos es una fórmula excelente para estimular el desarrollo cognitivo? Básicamente, mientras más estimulamos la mente de un niño con discapacidad, más se desarrolla su pensamiento crítico, creatividad y capacidad para resolver de problemas y solucionar conflictos. Sin embargo, cuando lo sobreprotegemos demasiado, conseguimos el efecto contrario, es decir, ralentizamos su desarrollo cognitivo. A largo plazo, este niño se convertirá en un adulto que no ha podido desarrollar su potencial, por lo que no podrá desarrollar la mejor versión de sí mismo.

5. Afecta su adecuado desarrollo emocional

Vivir nuevas experiencias y enfrentarse a los retos cotidianos no solo beneficia el desarrollo cognitivo de los niños con discapacidad sino también su esfera afectiva. Los padres que limitan a sus hijos continuamente, les impiden explorar su entorno y salir de su zona de confort, por lo que están educando a niños temerosos de la vida, que tienen dificultades para relacionarse con los demás y expresar sus emociones porque no han tenido las ocasiones para hacerlo. Como han pasado gran parte de su vida bajo la protección y el cuidado de sus padres, pueden crecer como personas inseguras, con una baja tolerancia a la frustración, incapaces de tomar decisiones y asumir responsabilidades.

Límites sí, pero solo los necesarios

Al igual que el resto de niños, los niños con discapacidades necesitan ciertos límites en su vida. Los límites no son negativos, de hecho, les ayudan a poner orden en su día a día y conferirle un sentido a su mundo. Sin embargo, es importante no sobrepasarnos con estos límites y darles libertad para que puedan explorar su entorno, descubrir el mundo que les rodea y establecer vínculos con otras personas.

En vez de estar siempre pendiente de ellos y asumir sus responsabilidades o tomar decisiones en su lugar, es importante darles el espacio que necesitan para que descubran sus intereses y pasiones, desarrollen sus habilidades y hagan nuevos amigos. ¿Y si se equivocan? No pasa nada, los errores son pasos fundamentales del aprendizaje que estimulan la perseverancia, la autonomía, la autoconfianza y la resiliencia. Confía en ellos y mantente atento por si realmente necesitan tu ayuda, pero evita ponerles obstáculos que lastren su desarrollo.

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