El papel de la familia en los problemas de conducta en la escuela de los niños

Consejos para ayudar a niños con problemas de comportamiento

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Los problemas de conducta en la escuela son cada vez más comunes entre los niños y adolescentes, convirtiéndose en una fuente de preocupación para las familias, los profesores y la sociedad en general. Su incidencia puede llegar a ser de un 23%, siendo más común en los varones que en las niñas. A menudo el cuadro se agrava en la adolescencia, aunque los primeros signos pueden aparecer a edades tan tempranas como los 4 y 6 años.

Los problemas de conducta pueden tener consecuencias severas en los diferentes ámbitos de actuación de los niños. No solo afectan su aprendizaje y condicionan negativamente su rendimiento académico, sino que también suelen afectar la convivencia y relación con los compañeros de clase y los profesores en el colegio. Fuera del contexto escolar, los problemas de conducta también pueden llegar a desestabilizar la familia.

¿Qué son los problemas de conducta?

En determinados momentos del desarrollo, las conductas de oposición son normales e incluso desempeñan un rol importante en la formación de la identidad y la adquisición de habilidades de autocontrol. La fase negativista de los niños pequeños, por ejemplo, les permite reafirmarse como seres independientes, con sus propios deseos, preferencias y necesidades.

Por otra parte, las rabietas esporádicas de los niños de dos o tres años se consideran una respuesta normal ante situaciones de frustración, pero dejan de serlo cuando el niño crece porque se supone que ya debe haber desarrollado las habilidades necesarias para expresar esa frustración de manera más asertiva.

Por eso, hay ocasiones en las que la intensidad y/o la frecuencia de los comportamientos de oposición se encuentran muy por encima de lo que se considera normal para la edad. En esos casos se puede hablar de problemas de conducta. Un niño con problemas de conducta se saltará las normas sociales básicas de convivencia y se opondrá a la disciplina de las figuras de autoridad cuando sus normas y demandas vayan en contra de sus deseos o impliquen tener que postergar la gratificación. Esa actitud terminará deteriorando las relaciones familiares y/o sociales.

Los factores de riesgo que favorecen la aparición de los problemas de conducta

La mayoría de los problemas de conducta que muestran los niños pueden explicarse por desajustes en su contexto familiar, escolar o social. A fin de cuentas, no podemos obviar que el alza del individualismo y la búsqueda del bienestar inmediato con poco esfuerzo son aspiraciones cada vez más frecuentes en nuestra sociedad que terminan impidiendo que los niños desarrollen una adecuada tolerancia ante la frustración que les permita gestionar mejor sus emociones y controlar sus comportamientos. De hecho, es probable que ese cambio en los valores sociales se encuentre en la base del aumento de los casos de trastornos de conducta infantil.

No obstante, la familia también desempeña un rol importante en la aparición o el mantenimiento de los problemas de conducta. Sin ánimos de culpabilizar, es necesario comprender que la familia es el grupo de referencia de los niños. La familia es el principal agente transmisor de las primeras normas y valores que reciben los niños, así como el contexto donde ponen a prueba sus actitudes y conductas.

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Por tanto, crecer en familias desestructuradas, como aquellas en las que existen conflictos graves en la pareja, se convierte en un factor de riesgo para los problemas de conducta en los niños. Que uno de los padres padezca algún problema psicológico, como alcoholismo, drogadicción o depresión, también aumenta el riesgo de que aparezcan trastornos de conducta. Generalmente en estos casos el problema se debe a una falta de supervisión del niño por parte de los padres, de manera que este crece sin normas claras y buenos referentes de comportamiento.

Además, determinados estilos educativos pueden favorecer los problemas de conducta infantil. Curiosamente, tanto los estilos de crianza demasiado permisivos como aquellos demasiado controladores y punitivos pueden desencadenar conductas oposicionistas en los niños. Unos padres demasiado permisivos suelen estimular conductas egocéntricas y al no retrasar las gratificaciones, les impiden desarrollar la necesaria tolerancia a la frustración. En cambio, unos padres demasiado controladores pueden terminar “ahogando” a sus hijos, generando reacciones oposicionistas cuando estos comiencen a crecer, las cuales expresan el deseo de escapar de unos límites demasiado estrechos.

Los factores que protegen la salud psicológica de los niños

Así como existen factores de riesgo, hay factores que previenen o atenúan el desarrollo de los problemas de conducta. Los niños con una alta autoestima y una buena capacidad para solucionar problemas pueden encontrar mejores estrategias para lidiar con la frustración, de manera que son menos propensos a desarrollar problemas de conducta.

También se ha apreciado que un soporte familiar adecuado, con una supervisión coherente y mantenida a lo largo del tiempo en la que existan normas claras, pero que respeta la individualidad del niño, disminuye el riesgo de que aparezcan problemas de comportamiento en la escuela.

¿Cómo puede ayudar la familia a un niño con problemas de conducta?

  1. Intentar empatizar con los sentimientos infantiles para comprender mejor sus reacciones en determinadas situaciones y dejarle claro que el amor hacia él es incondicional.
  2. Establecer unas normas, rutinas y límites claros y concretos en la vida diaria del niño, asegurándose de que este puede comprender y anticiparse a las consecuencias de sus acciones. Es fundamental que los padres se mantengan firmes en las consecuencias cuando el niño traspase los límites.
  3. Reforzar las características personales y conductas positivas del niño, de manera que tenga claro lo que los adultos esperan de él y pueda desarrollar una autoimagen positiva.
  4. No utilizar etiquetas como “eres tonto” o “eres malo” para referirse al niño. En su lugar, los padres deben concretar qué es lo que no les ha gustado y ofrecer una alternativa de actuación usando un lenguaje más positivo.
  5. Animar al niño a reflexionar sobre su comportamiento inadecuado y mostrarle estrategias de resolución de problemas que faciliten un afrontamiento más eficaz y asertivo.

En algunos casos, sin embargo, los padres pueden necesitar ayuda especializada para abordar los problemas de conducta de su hijo. De hecho, existe un Máster Universitario en Prevención e Intervención Psicológica en Problemas de Conducta en la Escuela especialmente enfocado en el diagnóstico y la detección temprana de estos problemas que también brinda herramientas para realizar una intervención familiar. En los casos más severos, el intercambio de información entre padres, profesores y orientadores o psicólogos es esencial para construir contextos coherentes que realmente ayuden al niño.

Referencias
  • Jiménez, J. et. Al. (2019) Factores de riesgo familiares y prácticas de disciplina severa que predicen la conducta agresiva infantil. Liberabit; 25(2).
  • Dos Santos, L. et. Al. (2016) Prevalence of behavior problems and associated factors in preschool children from the city of Salvador, state of Bahia, Brazil. Braz J Psychiatry; 38(1): 46-52.
  • Luján, C. et. Al. (2013) La familia como factor de riesgo y de protección para los problemas comportamentales en la infancia. Familia: 83-98.
  • Rubin, R. A. & Balow, B. (1978) Prevalence of Teacher Identified Behavior Problems: A Longitudinal Study. Except Child; 45(2): 102-111.
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