¿Por qué debes eliminar la sal y el azúcar de los alimentos de los bebés?

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Los alimentos que el bebé consume durante su primer año de vida marcan una pauta importante en la instauración de sus hábitos alimenticios a medida que crece. Un estudio realizado por investigadores del US Centers for Disease Control and Prevention encontró que los patrones alimenticios que se desarrollan a nivel cerebral durante los primeros meses influyen en la dieta a largo plazo de los niños. Por eso, la Asociación Española de Pediatría recomienda eliminar los aditivos, en especial la sal y el azúcar, de los alimentos infantiles, al menos durante el primer año de vida.

Cinco razones por las que los bebés no deben consumir sal ni azúcar

1. Alteran el sabor natural de los alimentos

Consumidas con mesura, la sal tiene la propiedad de potenciar el sabor de los alimentos mientras que el azúcar contribuye a suavizar los sabores más amargos. En ambos casos, estos aditivos modifican el sabor natural de los alimentos para hacerlos más apetecibles al paladar. El problema radica en que cuando los alimentos modificados con sal o azúcar se introducen en la dieta del bebé, el paladar infantil no puede percibir su gusto natural y el cerebro codifica el nuevo sabor con los matices del aditivo. A largo plazo, esto se traduce en la incapacidad para disfrutar de los alimentos en su versión natural y, por ende, en un aumento de la dependencia al consumo de sal y azúcar.

2. Favorecen el desarrollo de la diabetes

Un estudio realizado en la Universidad de Cambridge encontró que el consumo de azúcar está estrechamente vinculado al desarrollo de la diabetes tipo II. De hecho, el consumo de una sola porción de azúcar al día incrementa en un 18% el riesgo de padecer esta enfermedad. Obviamente, mientras más temprano se introduzca el azúcar en la dieta infantil, mayor será la vulnerabilidad del niño a desarrollar alteraciones metabólicas en la infancia, aunque no tenga una predisposición genética.

3. Sobrecargan los riñones

Los riñones se encargan de filtrar el exceso de sodio del cuerpo, un elemento que se encuentra en grandes cantidades en la sal y que, entre otras funciones, participa en la transmisión de los impulsos nerviosos en el organismo. El problema es que hasta el primer año de vida los bebés tienen un sistema renal inmaduro, lo que significa que sus riñones deben trabajar a marchas forzadas para poder eliminar incluso las pequeñas porciones de sodio que hay en su cuerpo. A largo plazo, esto puede provocar una deficiencia en el funcionamiento de los riñones y causar otras complicaciones de salud más serias.

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4. Aumentan el riesgo de padecer hipertensión

El sodio es un actor importante en el balance hídrico del organismo e interviene en la regulación de la tensión arterial, por eso su consumo excesivo se ha relacionado con un riesgo mayor a desarrollar hipertensión, según confirmó una investigación realizada en la Universidad de Chile. Eso significa que introducir sal desde una edad temprana en la dieta de los bebés aumenta sus probabilidades de padecer alteraciones en la tensión arterial en la infancia, una patología que sufren alrededor del 4% de los niños en todo el mundo, muchos de ellos sin saberlo ya que no han sido diagnosticados.

5. Incrementan las probabilidades de sufrir obesidad

El consumo de azúcar desde una edad temprana se ha vinculado a un riesgo mayor a desarrollar sobrepeso y obesidad en la infancia. Sin embargo, lo que muchos no saben es que incluir sal en la dieta también incrementa las probabilidades de padecer sobrepeso u obesidad infantil. Así lo demostró un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad Complutense de Madrid, en el que se evidenció que los niños con obesidad tenían niveles más elevados de sodio. En este caso, la sal actúa de dos formas: incrementando el apetito y la sed y aumentando la retención de líquidos en el cuerpo.

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