Educación, Salud

La tragedia que se ha colado silenciosamente en nuestros hogares

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trastorno psicológico infantil
Jennifer Delgado

Jennifer DelgadoEducadora, psicóloga y psicopedagoga

La infancia está en peligro, o al menos esa infancia que muchos de nosotros conocimos, la infancia del juego libre en la naturaleza. Numerosas voces ya están alertando de los peligros que ello conlleva, sobre todo para la salud mental de los niños.

De hecho, en muchos países desarrollados los trastornos psicológicos como el déficit de atención e hiperactividad, la depresión, la ansiedad, las reacciones graves al estrés, la anorexia y los trastornos de adaptación se están convirtiendo en los problemas de salud más comunes.

En España, por ejemplo, ya ocupan el tercer lugar, solo superados por las alergias crónicas y el asma. A nivel mundial, la tasa de suicidios en niños de 10 a 14 años ha aumentado en un 200%. Sin duda, el panorama no es muy alentador, lo cual significa que muchos de los niños están atravesando por un estado emocional terrible.

¿Qué está pasando?

Los trastornos psicológicos son multideterminados, lo cual significa que en su aparición influyen diferentes causas. Por tanto, no existe un único problema sino más bien un conjunto de cosas que estamos haciendo mal como sociedad.

Los niños de hoy están sufriendo una sobre-estimulación, la cual llega a través de la tecnología, pero también mediante el exceso de regalos y juguetes. Sin embargo, muchos de ellos están privados de los detalles más importantes para tener una infancia sana.

  • No tienen padres emocionalmente disponibles, en gran parte porque los adultos están conectados continuamente al móvil o al televisor, de manera que se crea una barrera psicológica que impide que los niños reciban la atención y el afecto que necesitan.
  • No tienen límites bien definidos, los cuales sirven para darle sentido a su mundo y sentirse seguros. En su lugar, muchos padres ponen en práctica una educación extremadamente permisiva en la que se confunde la libertad con el libertinaje, de manera que los niños terminan “gobernando el mundo” e imponiendo sus reglas.
  • No tienen responsabilidades porque los padres asumen todas las tareas que les corresponden a los niños, arrebatándoles la oportunidad de equivocarse y aprender. Así también se potencian las actitudes egoístas, de manera que el niño cree que tiene derecho a todo, sin ganárselo ni esforzarse por ello.
  • No tienen espacio para el juego libre fuera de las cuatro paredes del hogar, ni se promueve el juego creativo y la interacción social espontánea. El juego se ha vuelto cada vez más estructurado, lo cual mata la imaginación y la creatividad.
  • No tiene cabida el aburrimiento ya que los padres enseguida recurren a las “niñeras tecnológicas” para que se entretengan. Sin embargo, se ha demostrado que el aburrimiento es esencial para el desarrollo de la creatividad, la capacidad para autogestionar el tiempo y la tolerancia a la frustración.
  • No se potencia el autocontrol sino que se gratifican instantáneamente sus necesidades, de manera que no llegan a comprender el valor del esfuerzo y el sacrificio, experimentando una ansiedad continua por las últimas novedades, que desaparece rápidamente dejando tras sí una profunda insatisfacción.

sobre-estimulación tecnología

¿Qué podemos hacer?

Si queremos que los niños sean realmente felices y se conviertan en personas autónomas, seguras, respetuosas y equilibradas emocionalmente, quizá es momento de hacer examen de conciencia y volver a lo básico. Por tanto:

  • Establece límites seguros para tu hijo, de manera que comprenda hasta dónde le está permitido llegar.
  • Crea momentos de desconexión de la tecnología en los que todos disfrutéis de la interacción como familia.
  • Dale responsabilidades en el hogar, acordes a su edad.
  • Dale a tu hijo lo que necesita, pero no corras a comprarle todo lo que quiere. Decir “no” también es educativo.
  • Asegúrate de que tenga espacios para jugar con otros niños, al aire libre y sin tecnología de por medio.
  • No le inscribas en mil actividades extraescolares, deja que escoja la actividad que realmente le motiva y cerciórate de que tenga tiempo libre para jugar o simplemente aburrirse.
  • No hagas en su lugar todo lo que puede hacer solo. Tu misión es enseñarle a ser autónomo, no desarrollar una dependencia de ti.
  • Dile más a menudo “te quiero”, sonríe más, abrázale, mímale y hazle saber que siempre puede contar contigo.
  • Conviértete en su modelo de autogestión emocional para que tu hijo aprende de ti cómo enfrentarse a emociones como la ira, la frustración o la tristeza.

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