El tratamiento quirúrgico de la fimosis: Todo lo que debes saber

Fimosis tratamiento

La fimosis es una condición bastante común en los niños. Se estima que aproximadamente el 95% de los niños recién nacidos la padece. Básicamente, consiste en el estrechamiento de la abertura del prepucio, que no es más que la piel que recubre el glande, lo que hace que sea imposible retraer la piel del prepucio y dejar el glande al descubierto.

Esta condición es completamente normal hasta alrededor de los tres primeros años de vida, cuando empieza a desaparecer por sí sola de forma natural. De hecho, en algunos casos puede permanecer hasta cerca de la pubertad sin representar un problema para el desarrollo sexual del niño. Sin embargo, hay ocasiones en las que se recomienda someter al pequeño a una cirugía para solucionar el problema.

¿Cuándo se recomienda el tratamiento quirúrgico de la fimosis?

El tratamiento quirúrgico de la fimosis solo se recomienda en casos muy puntuales. Básicamente, cuando el niño ya supera los 8 años de edad y la fimosis no ha desaparecido y tras haber probado otros tratamientos no quirúrgicos sin éxito, como la retracción manual o las cremas de esteroides tópicos como la betametasona y cortisona, las cuales ayudan a reducir la respuesta inflamatoria del cuerpo y contribuyen a adelgazar la piel del prepucio para facilitar su retracción.

También se recomienda el tratamiento quirúrgico cuando el niño experimenta síntomas o complicaciones asociadas a la fimosis, como cuando presenta inflamación o dolor al orinar debido a que el orificio es demasiado pequeño para soportar la presión de la orina o cuando sufre infecciones de orina con frecuencia por el mismo motivo. Se aconseja además en los casos de balanitis, que no es más que la inflamación del glande causada por una infección micótica o bacteriana que se origina entre el prepucio y el glande.

¿En qué consiste el tratamiento quirúrgico de la fimosis?

La circuncisión es la cirugía más común para tratar la fimosis. El procedimiento consiste en cortar y extirpar toda o parte de la piel del prepucio para dejar el glande al descubierto. Para ello, primero se calcula la extensión de prepucio que se va a eliminar y luego se procede a separarlo ligeramente del glande para poder retirarlo con más facilidad.

En estos casos, se suele recurrir a utensilios como la pinza Gomco o pinza Mogen, los cuales se colocan en el prepucio para cortar el flujo de sangre y proceder a la amputación. La recuperación suele cursar con dolor e inflamación en la zona, pero por lo general, en unos 10 días la herida cicatriza completamente. Vale destacar que se trata de una cirugía invasiva que afecta la estética del pene y que puede reducir la sensibilidad del glande, también se ha relacionado con un menor riesgo de infecciones de orina y obviamente, con una mayor higiene en la zona.

Algunas alternativas a la circuncisión son la prepucioplastia, que consiste en una pequeña incisión lateral sobre el prepucio, la cual tiene la ventaja de mantener el prepucio y, por tanto, no cambia la apariencia del pene. Otra opción consiste en realizar una hendidura dorsal o ventral, que no es más que una incisión a lo largo de la longitud superior del prepucio en el primer caso, es decir, desde la punta hasta la corona, y de la longitud inferior en el segundo, o sea, desde la punta del frenillo hasta la base del glande.

En los casos en los que la fimosis se debe a un frenillo demasiado corto, la frenuloplastia es la mejor alternativa. Se trata de un procedimiento quirúrgico en el que se realiza una incisión en el frenillo para así liberar al prepucio y dejar al descubierto al glande. Es el procedimiento quirúrgico menos agresivo en el tratamiento de la fimosis.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ver información legal y reglas de comentarios