Travesuras infantiles: la naturaleza (positiva) de los niños

¿Por qué hay niños más traviesos que otros? ¿Qué significan las travesuras de nuestros pequeños?

Travesuras infantiles

Nuestros hijos son pequeños exploradores a los que les encanta probar cosas nuevas, experimentar, y esto es algo por lo que todos hemos pasado. De hecho, si empezáramos a buscar niños que nunca hayan hecho travesura alguna, pronto nos daríamos cuenta de lo imposible que es esto. Nos guste reconocerlo o no, nosotros también fuimos traviesos durante nuestra infancia y nuestros padres son testigos de ello. Preguntadles…

¿Por qué somos traviesos (en mayor o menor medida) de pequeños?

Si hay una habilidad innata que todos poseemos desde el momento del nacimiento es la de ser curiosos. A medida que vamos creciendo, nuestras experiencias van nutriendo nuestra personalidad y aprendemos. Este aprendizaje es el que nos hace desarrollar unas habilidades u otras, nos hace más tranquilos, etc. Sin embargo, nuestros pequeños no tienen este desarrollo: están en el momento de formar su aprendizaje y esto solo se aprende “probando”. Por esta necesidad exploradora, de aprender, es por lo que los más pequeños de la familia hacen travesuras la gran mayoría de las veces: por eso, siempre se dice que no debemos tomar estas pequeñas acciones como algo personal, como un problema de conducta, etc. Sin embargo, sí tienen algo que decirnos…

¿Qué indican las travesuras de los pequeños de la familia?

Nuestros hijos pueden hacer travesuras por muchos motivos diferentes. Uno de los principales, como hemos dicho, es por su afán de explorar, de aprender y de descubrir este mundo que les rodea, un mundo nuevo para ellos. Por este motivo, debemos estar muy pendientes de ellos, pues solo buscan satisfacer su curiosidad sin tener en cuenta el peligro que sus acciones podrían representar para ellos. Sin embargo, hay otros motivos por los que nuestros hijos pueden hacer travesuras:

Intentan llamar la atención de los adultos

No se trata de que no prestemos atención a nuestros hijos, sino que pueden necesitar más esta atención que otros niños por su personalidad. Por ello, los pequeños pueden llevarnos de cabeza en más de una ocasión: quieren tenernos cerca y saben que “portándose regular”, estaremos encima de ellos.

Cambios en las fases del desarrollo

El desarrollo infantil pasa por numerosas fases, cada una de ellas muy vinculada con los cambios de entorno. Así, un niño que había acabado con las conductas traviesas puede empezar con ellas otra vez cuando, por ejemplo, empieza en el colegio. Este cambio de entorno puede causar ansiedad en él, lo que favorece esta necesidad de explorar, de tener a los padres al lado, etc.

Aburrimiento

La clave de las claves: nuestros hijos pueden ser de lo más traviesos por aburrimiento, por falta de estímulos. Esto no quiere decir que los padres no estemos por ellos o les demos experiencias, sino que hay niños que necesitan más que otros: necesitan aprender más, estar más activos. En este caso, podemos reducir estas conductas dándoles algo que les haga concentrarse, algo que les guste, les motive y les llame la atención.

El carácter del niño

Es la pieza que nos faltaba y, en muchísimas ocasiones, la más relevante: cada niño es diferente y esto se nota a la hora de relacionarse con el mundo exterior, con las personas que forman parte de su vida, etc. Y, como no, pueden ser más o menos nerviosos, más o menos traviesos, … Cuando sintamos, a veces, que no podemos más con estas travesuras diarias de los peques de la familia, debemos tener en mente que esta es una fase que va a finalizar. Por ende, aunque nos cueste, debemos aprender a disfrutar de ella: con el tiempo, la mayoría de las travesuras de los pequeños serán anécdotas que nos gustaría recordar, y lo haremos con una gran sonrisa en la boca…

Cuando son más que travesuras infantiles…

Ahora ya sabemos que estas conductas son normales en función de la edad, la etapa evolutiva de nuestros hijos y su personalidad. Pero, ¿hay algún motivo por el que estas conductas requieren de atención especial?

Lo cierto es que sí y es trabajo de los padres valorar hasta qué punto las travesuras de los pequeños son meras formas de explorar el mundo o llamar la atención y cuándo pueden ser motivo de consulta con especialistas. Así, se puede decir que las travesuras dejarán de ser “normales” cuando estas interfieran en su día a día, en el ambiente familiar y cuando estas persisten a lo largo de su crianza sin cesar entre etapas.

Travesuras de niños o TDAH

Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)

Son muchos los trastornos por ansiedad e hiperactividad que se van diagnosticando a diario, las causas de los cuales pueden ser muy diversas. Sin embargo, uno de los más frecuentes es el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad.

El niño con TDAH se caracteriza por ser de lo más hiperactivo, al que le cuesta mucho concentrarse y centrarse. Sin embargo, también hay casos en los que se puede dar la falta de atención y, sin embargo, el niño no mostrar signos de hiperactividad. Sea como sea, si podemos reconocer alguno de los siguientes en nuestros hijos, ponernos en manos de especialistas es lo mejor, ya que son ellos los que nos podrán indicar si los síntomas son representativos de trastorno o no:

  • Dificultades para seguir las normas
  • Problemas de organización
  • Distracciones constantes
  • Dificultad para permanecer sentado
  • Movimientos excesivos de los pies y las manos
  • Interrupciones constantes en las conversaciones
  • No puede mantener actividades tranquilas
  • Se olvida de tareas y rutinas diarias

Estos son solo algunas de las características de este trastorno y, en caso de que el niño presente varias de ellas sostenidas en el tiempo, recurrir a un especialista es esencial. Mediante pequeños test y pruebas, este especialista nos podrá indicar la necesidad de tratamiento y seguimiento o si, por el contrario, es prudente esperar a ver cómo va desarrollándose el niño.

Las travesuras de nuestros pequeños son más que naturales: son una manera de explorar el mundo, de llamar nuestra atención y, al fin y al cabo, de aprender. Por ello, no es necesario castigar constantemente al niño, sino que establecer límites puede ser suficiente para reducir estas conductas. Sea como sea, no todas ellas constituyen la base de un trastorno, por lo que somos los padres los que debemos ir evaluando estas pequeñas conductas y determinar si pueden ser perjudiciales para nuestros pequeños.

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