La cigarra y la hormiga: Una fábula para enseñarles a los niños el valor del esfuerzo

La cigarra y la hormiga

La fábula de “La cigarra y la hormiga” es una de esas historias que merece la pena compartir con los más pequeños de casa. Su autoría se le atribuye a Esopo, pero más tarde fue recreada por Jean de La Fontaine y Félix María Samaniego. La fábula cuenta la historia de una cigarra que pasa todo el verano cantando mientras la hormiga trabajaba intensamente para recopilar provisiones para el invierno. Un cuento que versa sobre la importancia de la previsión y el esfuerzo que, sin duda, viene como anillo al dedo para reflexionar sobre este tema con los niños.

La fábula “La cigarra y la hormiga”

Era un verano muy caluroso, probablemente uno de los más calientes de las últimas décadas.  Quizá por eso, la cigarra decidió dedicar las horas del día a cantar alegremente debajo de un árbol. No tenía ganas de trabajar, solo le apetecía disfrutar de sol y cantar, cantar y cantar. De manera que así pasaba sus días, uno tras otro.

Uno de esos días pasó por allí una hormiga que llevaba a cuestas un grano de trigo muy grande, tan grande que apenas podía sostenerlo sobre su espalda. Al verla, la cigarra se burló de ella y le dijo:

– ¿Adónde vas con tanto peso? ¡Con el buen día que hace y con tanto calor! Se está mucho mejor aquí, a la sombra, cantando y jugando. ¿Acaso no quieres divertirte?, se rió la cigarra.

La hormiga se detuvo y miró a la cigarra, pero prefirió hacer caso omiso de sus comentarios y continuar su camino en silencio y fatigada por el esfuerzo. Así, pasó todo el verano, trabajando y almacenando provisiones para el invierno. Y cada vez que veía a la cigarra, ésta se reía y le cantaba alguna canción de aires burlones:

– ¡Qué risa me dan las hormigas cuando van a trabajar! ¡Qué risa me dan las hormigas porque no pueden jugar!

Así pasó el verano y las temperaturas empezaron a bajar. En ese momento, la hormiga dejó de trabajar y se metió en su hormiguero, donde se encontraba calentita y tenía comida suficiente para pasar todo el invierno. Entonces, se dedicó a jugar y cantar.

Sin embargo, el invierno encontró a la cigarra debajo del mismo árbol, sin casa y sin comida. No tenía nada para comer y estaba helada de frío. Fue entonces cuando se acordó de la hormiga y fue a llamar a su puerta.

– Amiga hormiga, sé que tienes provisiones de sobra. ¿Puedes darme algo de comer y te lo devolveré cuando pueda?

La hormiga le abrió la puerta y le respondió enfadada:

– ¿Crees que voy a darte la comida que tanto me costó reunir? ¿Qué has hecho holgazana durante todo el verano?

– Ya lo sabes, le respondió apenada la cigarra. A todo el que pasaba, yo le cantaba.

– Pues ahora, yo como tú puedo cantar: ¡Qué risa me dan las hormigas cuando van a trabajar! ¡Qué risa me dan las hormigas porque no pueden jugar!

Y dicho esto, le cerró la puerta a la cigarra. A partir de entonces, la cigarra aprendió a no reírse del trabajo de los demás y a esforzarse por conseguir lo que necesitaba.

Moraleja: Para disfrutar, primero hay que trabajar.

Cinco preguntas para invitar a los niños a reflexionar sobre esta fábula

  1. ¿Por qué pudo la hormiga disfrutar del invierno tranquilamente?
  2. ¿Qué debió haber hecho la cigarra durante el verano para no pasar penurias en el invierno?
  3. Si fueras la cigarra, ¿qué habrías hecho al ver a la hormiga trabajando?
  4. Si fueras la hormiga, ¿le habrías dado cobijo a la cigarra durante el invierno?
  5. ¿Qué lección aprendiste con esta fábula?

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