Poemas de amor para dedicarle a toda la familia

A veces no basta con amar, también hay que expresarlo

Poemas de amor

Solemos adorar a nuestra familia y estaríamos dispuestos a hacer prácticamente cualquier sacrificio por ellos. Sin embargo, muchas veces las prisas del día a día nos sumergen en un torbellino febril que deja poco espacio para las muestras de cariño y afecto. Así terminamos dando por sentado que nuestra familia sabe cuánto les queremos y que no es necesario decirlo con palabras. Sin embargo, no basta con sentir amor, hay que saber expresarlo. Y podemos hacerlo recurriendo a un precioso poema de amor.

10 poemas de amor cortos y bonitos para toda la familia

1. Besos, de Carmen Gil

Hay besos de caramelo,
dulces como una sonrisa.
Están los besos con prisa,
que hay que cogerlos al vuelo.

Los besos de mariposa
rozándote las mejillas
¡pueden hacerte cosquillas!
y son de color de rosa.

El beso con achuchón,
tan calentito y tan tierno
como una manta en invierno,
¡es un beso de algodón!

¿Y qué tal el beso alado
que te pilla de sorpresa,
y, además, el que te besa
puede estar en cualquier lado?

También está el de tornillo,
beso que mágicamente
despertó a Bella Durmiente
e hizo temblar el castillo.

O los besos con caricia,
que llegan en ventolera
y huelen a primavera
como una buena noticia.

Fantástico el beso-guiño.
Es chisposo y titilante
como una estrella brillante
con mil vatios de cariño.

2. Caricias, de Gabriela Mistral

Madre, madre, tú me besas,
pero yo te beso más,
y el enjambre de mis besos
no te deja ni mirar.

Si la abeja se entra al lirio,
no se siente su aletear.
Cuando escondes a tu hijito
ni se le oye respirar.

Yo te miro, yo te miro
sin cansarme de mirar,
y qué lindo niño veo
a tus ojos asomar.

El estanque copia todo
lo que tú mirando estás;
pero tú en las niñas tienes
a tu hijo y nada más.

Los ojitos que me diste
me los tengo de gastar
en seguirte por los valles,
por el cielo y por el mar.

3. Contigo, de Luis Cernuda

¿Mi tierra?
Mi tierra eres tú.

¿Mi gente?
Mi gente eres tú.

El destierro y la muerte
para mi están adonde
no estés tú.

¿Y mi vida?
Dime, mi vida,
¿qué es, si no eres tú?

Poemas de amor cortos y bonitos

4. Las manos del abuelo, de Gervasio Melgar

¡Qué hermosas son tus manos, abuelito!
¡Qué hermosas son tus manos con arrugas!
Son manos que me cuentan una historia
de sudores y penas y dulzuras.

Han trabajado mucho y han sufrido.
Saben de la alegría y de la angustia.
Supieron dar el pan, plantar el árbol,
cultivar el rosal, dar la ternura.

Algún día lejano -dulce día-
tendré abuelo, las manos con arrugas.
Y la gente dirá: ¡Qué hermosas manos!
¡Cómo saben de glorias y de luchas!

Y un nietecito mío, puro, alegre,
de alma empolvada con blancor de luna,
abuelo, me dirá -también mis manos
serán alguna vez, como las tuyas-.

5. Amor, de Salvador Novo

Amar es este tímido silencio
cerca de ti, sin que lo sepas,
y recordar tu voz cuando te marchas
y sentir el calor de tu saludo.

Amar es aguardarte
como si fueras parte del ocaso,
ni antes ni después, para que estemos solos
entre los juegos y los cuentos
sobre la tierra seca.

Amar es percibir, cuando te ausentas,
tu perfume en el aire que respiro,
y contemplar la estrella en que te alejas
cuando cierro la puerta de la noche.

6. Amor eterno, de Gustavo Adolfo Bécquer

Podrá nublarse el sol eternamente;
Podrá secarse en un instante el mar;
Podrá romperse el eje de la Tierra
Como un débil cristal.

¡Todo sucederá! Podrá la muerte
Cubrirme con su fúnebre crespón;
Pero jamás en mí podrá apagarse
La llama de tu amor.

7. Dulzura, de Gabriela Mistral

Madrecita mía,
madrecita tierna,
déjame decirte
dulzuras extremas.

Es tuyo mi cuerpo
que juntaste en ramo;
deja revolverlo
sobre tu regazo.

Juega tú a ser hoja
y yo a ser rocío:
y en tus brazos locos
tenme suspendido.

Madrecita mía,
todito mi mundo
déjame decirte
los cariños sumos.

8. A mi padre, de Pablo Neruda

A Dios doy gracias por ser mi padre.
Por tus reproches y consejos.
Por el bien que me enseñaste
y de mi ser siempre cuidaste.

Por ser padre bondadoso,
lleno de paz y sabiduría.
Porque amas la verdad.
Justicia y rectitud en demasía.

Por ser mi padre amado
y enseñarme la caridad.
Sentimientos nobles te cubren.
No conoces la maldad.

Caballero noble y parco,
me enseñaste a luchar.
Aspirando siempre a lo más alto
y a mis sueños no renunciar.

Por aborrecer todo lo malo.
Por tus celestiales valores.
Por guiarme de la mano
en senderos llenos de flores.

Por tus palabras de aliento
en mis momentos más tristes.
Por tus silencios elocuentes
que me calman dulcemente.

Por tu mirada sabia y profunda.
Por tu expresión tan serena.
Por tu paciencia y tesón.
Torbellino de cosas buenas.

Por ser hombre testarudo
aferrado a tu convicción.
Por mantener en alto tus ideales
sin perder la calma o razón.

Por instruirme en la vida
y enseñarme a no mentir.
Por preocuparte por mis problemas
y recompensa no pedir.

Por enseñarme nobles valores:
el amor, rectitud y compasión,
justicia, desinterés, trabajo,
caridad, verdad y el perdón.

Por todos tus desvelos.
Por tu amor paternal.
Hombres como tú hay pocos.
Eres un padre ideal.

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9. Mano sobre mano, de Estefy

¿Qué es la familia?, preguntaste
una tarde justo aquí
y mirándote de cerca,
muy segura respondí:
“una mano sobre otra,
otra mano y otra más”.

La mano que te acaricia,
es la mano de mamá,
que te acomoda los rizos
que el viento despeinará,
la que tan fuerte sujetas
en cada paso que das.

Esta mano firme y tierna,
es la mano de papá,
que no para los penaltis
que con fuerza tú le lanzas;
la que por tus sueños vela
y toda sombra rechaza.

10. Hagamos un trato, de Mario Benedetti

Compañera
usted sabe
puede contar
conmigo,
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo.

Si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo.

Si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo.

Pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted.

Es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.

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