Educación

Cómo saber cuándo un niño no es feliz en la escuela

Cuando los niños son infelices, hay señales que hablan por ellos

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Nuria Capdevila

Nuria CapdevilaMaestra y pedagoga

La felicidad de nuestros hijos es lo que más nos preocupa. Desde su nacimiento, los padres hacemos todo lo que está en nuestras manos para que sean felices. Es cierto que debemos establecer límites y normas, pero también pasar tiempo de calidad con ellos, ofrecerles actividades mediante las cuales puedan hacer amigos y educarles en valores.

Niños felices: ¿qué les caracteriza?

Cuando un niño es feliz se nota; sin embargo, hay ciertos comportamientos que nos dan pistas sobre esta felicidad. Estas son las que debemos buscar en el comportamiento de nuestros hijos:

  • Su sonrisa es habitual.
  • La forma en la que se expresa está fundamentada en expresiones positivas.
  • La motivación está en su día a día.
  • Se relaciona bien con los amigos, la familia y los maestros.

Los niños felices son niños alegres, empáticos en los que no vamos a ver frecuentes muestras de impulsividad, así como tampoco vamos a verlos con muchos miedos. Suelen ser niños muy predispuestos a aprender y les es fácil relacionarse con los demás.

Sin embargo, también hay ciertos comportamientos que nos indican que nuestros hijos no son felices, ya sea en la escuela o en general.

Señales de que nuestro hijo no es feliz en la escuela (y en general)

Cualquier cambio que difiera del comportamiento usual de nuestros hijos indica un cambio en ellos, para bien o para mal. Cuando los vemos alegres, tranquilos y habladores tenemos claro que son felices. Y nos encanta verlos de este modo. Sin embargo, hay otros comportamientos, otros cambios, que nos indican todo lo contrario. Así, las señales que os mostramos a continuación son indicativas de que algo no funciona, de que nuestros hijos no son felices. Por ello, en este punto, será esencial hablar con ellos y actuar en consecuencia. Nuestros niños merecen y deben ser felices.

1. Vuelve a mojar la cama

Si nuestro pequeño ya había superado esta fase y vuelve a repetirse, es indicativo de que algo no funciona bien. El hecho de que nuestro hijo vuelva a tener descontrolado el pis nocturno es indicativo de ansiedad y estrés. Así, debemos prestar atención a otros signos y, sobre todo, hablar con él, con calma y paciencia, para que nos cuente que es lo que le está generando estas emociones.

2. Rabietas y berrinches más frecuentes

Todos los niños pasan por una fase en la que las rabietas y los berrinches son frecuentes y esto se debe a su inmadurez. Sin embargo, cuando nuestros hijos ya han pasado por esta etapa y vuelven a ella, significa que algo no va bien. Si los notamos más agitados o nerviosos, ha llegado el momento de hablar con ellos. Pero, en este caso, es fundamental evitar enfadarnos o, de lo contrario, solo les estaremos poniendo más presión.

3. Siempre está enfermo

Cuando un niño siempre está “enfermo”, debemos valorar su forma de actuar, ya que puede deberse a una “infelicidad” o bien a otros problemas médicos. Sin embargo, con un poco de observación, los padres pronto nos daremos cuenta de cuando se trata de una “excusa” para evitar el colegio o es algo más serio.

4. Problemas con la comida

Hay niños a los que les cuesta comer más que a otros. Sin embargo, cuando un niño no tiene apetito, juega demasiado con la comida o empieza a dejar alimentos de lado, es imprescindible ofrecerle toda nuestra atención y ver si se trata de “infelicidad por algo en concreto” o si hay algo más de base que deba valorar su pediatra.

5. Nunca quiere estar con los demás

Hay niños más sociables que otros, pero son niños. Y sociables. Cuando un niño empieza a mostrarse retraído, a tener problemas con los amigos o a ser menos empático es indicativo de un cambio en su entorno.

Si habéis notado algunos de estos comportamientos en vuestros hijos y de forma, más o menos, repentina ha llegado el momento de mantener una conversación abierta y activa con él y, además, con el colegio. Los docentes que tratan con él podrán indicarnos si hay algún problema en la escuela, si han notado también estos cambios o si es algo que queda restringido al hogar. En todo caso, hay ciertas estrategias que podemos aplicar a diario para ayudar a nuestros pequeños a ser más felices.

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¿Cómo podemos ayudar a los niños a ser felices?

Tanto si vemos un cambio de comportamiento en nuestros hijos como si simplemente queremos que sean más felices, hay una serie de estrategias que podemos implementar en su día a día:

Actitud positiva

Fomentar una actitud positiva en nuestros hijos les ayudará a ser más proactivos, resilientes y persistentes. De hecho, de acuerdo con Victor Küppers, Doctor en Humanidades, la Actitud es lo que nos motiva, lo que nos permite vivir plenamente, sin importar las circunstancias y nuestro entorno. Fomentar una actitud positiva, alegre y agradecida, convertirla en un hábito, hará que nuestros hijos sean mucho más felices.

Retarle a diario

Los niños necesitan retos, necesitan sentirse útiles y, sobre todo, necesitan estar ocupados. Ver que pueden superarse a diario, no solamente les fortalecerá su autoestima, sino que les hará mucho más felices.

Gestión de las emociones

Enseñar a nuestros hijos a gestionar las emociones repercutirá, indudablemente, en su bienestar. Tanto físico como mental. Sin embargo, esto es algo que requiere que los padres hayamos aprendido a gestionar también las nuestras. Usar recursos educativos, como los cuentos, nos permitirán enseñarles las diferentes emociones que pueden sentir (que no son pocas) y cómo gestionarlas. El Mindfulness es otro gran recurso que tenemos a nuestro alcance y, lo mejor de todo, es que podemos practicarlo con ellos.

Ser ejemplos

Y, como siempre decimos, ser ejemplos. Nuestra actitud, aunque no lo parezca, no pasa desapercibida por los peques de la familia. Si nosotros somos capaces de ser felices, ellos también lo serán.

La felicidad de nuestros hijos depende de muchos factores, pero buena parte de ella depende de los padres y de los entornos que les ofrecemos. Así, una buena comunicación con la escuela y una actitud positiva en casa fomentarán este estado de bienestar en ellos.

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