Tu hijo será un experto emocional con estas 5 claves

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Para que nuestra sociedad funcione mejor debemos tener expertos emocionales en ella, y no se crean en la escuela… Se crean en casa. Tú como padre o madre, eres quien tiene la obligación de hacerte un experto emocional para que después, tus hijos también logren serlo. Las emociones son el todo de nuestras vidas, ellas nos enseñan a ser quienes somos y a valorar lo que nos ocurre para poder avanzar mejor en nuestro camino de la vida. Las emociones nos impulsan en nuestras acciones.

Antes de nada hay que reconoce las emociones que se pueden sentir diariamente: alegría, miedo, ira, rabia, tristeza o curiosidad son un ejemplo de emociones diarias. Un buen conocimiento y gestión de las emociones es necesario para tener una buena salud mental. Los seres humanos aprendemos a tomar decisiones teniendo en cuenta las emociones y los sentimientos a partes iguales. Solo cuando hay equilibrio entre las emociones y el pensamiento es cuando una persona sentirá felicidad.

Acompañar a los niños en el entendimiento de sus emociones

Los niños pueden ser expertos emocionales si los padres les ayudan a conseguirlo, necesitan estar acompañados en el camino de la vida. Antes de nada deberás controlar tus emociones o serás incapaz de acompañar y enseñar a tus hijos en este camino de la gestión emocional. Esto es lo mismo que si quieres enseñar inglés sin entender nada de este idioma… Es imposible. Enseñar emociones sin entenderlas primero uno mismo, también es imposible.

Una vez que tengas esto claro y te formes sobre emociones, entonces podrás tener en cuenta estas claves para que tu hijo pueda ser un experto emocional con todos los beneficios que tiene esto para su vida, y para las personas que estén a su alrededor.

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Claves para ser experto emocional

1. Reconocer las emociones básicas

El primer paso es reconocer las emociones básicas que todas las personas tenemos. Estas son: miedo, rabia, tristeza, alegría, amor, asco, curiosidad, vergüenza, esperanza… Los padres debemos conocer primero las emociones para reconocer cuándo nos sentimientos de esa manera. Por ejemplo, si estamos enfadados tenemos ganas de gritar o pegar sin motivo… Pero cuando estamos contentos queremos reír y disfrutar con otros.

2. Reconocer las emociones en los demás

Una vez que reconocemos las emociones en nosotros mismos, también hay que reconocerlas en los demás. Cualquier oportunidad es buena para empezar a entender el lenguaje no verbal que otros tienen en diferentes momentos dependiendo de sus emociones. Los niños tienen que aprender a poner nombre y a reconocer las emociones en uno mismo y en los demás. Por ejemplo puedes decirle un día: ‘Luis, tienes ganas de pegar a tu hermano porque estás enfadado’.

3. Aceptar las emociones que sienten tus hijos

Si realmente quieres ayudar a tus hijos, debes aceptar las emociones que sienten y no intentar que las disimulen o las oculten. Permite y atiende las emociones de tus hijos. Si siente miedo, acepta que lo siente y ayúdale a estar mejor permitiendo tener ese miedo y no intentando reprimirlo. Utiliza la empatía.

4. Regulación emocional

Las emociones pueden ser reguladas y por eso hay que diferenciar entre emoción y conducta. Por ejemplo, si tu hijo siente rabia porque ha suspendido un examen, eso no significa que deba dejar de estudiar para el próximo examen. Puede canalizar esa rabia haciendo deporte o practicando respiración consciente contigo.

5. Reflexión sobre las emociones sentidas

Después de sentir algunas emociones es necesario aprender a reflexionar sobre ellas. Los niños encuentran equilibrio emocional cuando hay coherencia entre sus sentimientos, emociones, pensamientos y acciones (como pasa a los adultos). Para que los niños lo entiendan mejor se les puede hablar sobre notar sensaciones, sentir emociones, pensar pensamientos o hacer acciones. Por ejemplo: ‘Lucas, esto que sientes es ira (emoción) y es normal. ¿Has notado (sensación) como tenías ganas de pegar y tu corazón iba muy rápido? Esto puede ser porque has pensando (pensamientos) que esos niños del parque eran idiotas por no querer jugar contigo y por eso has querido pegarles (acciones)’.

Después de hacer esta reflexión, se deberá trabajar la forma correcta de gestionar estas emociones y buscar una solución que le haga sentir mejor.

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