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Olvídate del “NO” con tus hijos: alternativas más efectivas para que te hagan caso

Referencias científicas

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Tiempo de lectura4 minutos

Evita decir no niños

Nuria Capdevila

Nuria CapdevilaMaestra y pedagoga

¿Te has dado cuenta de que, a cuanto más le prohíbes algo a tu hijo, más se empeña en hacerlo? Abusar de la palabra “NO” tiene consecuencias en el desarrollo de tu hijo, ya sea porque mina su autoestima o bien porque fomenta “demasiado” su curiosidad. Además, hace que los vínculos familiares se debiliten al crear situaciones de conflicto generalizadas. Sin embargo, podemos deciros que hay otras estrategias que podemos emplear a la hora de establecer límites a nuestros hijos y de enseñarles cómo deben comportarse en determinadas situaciones.

Estrategias para que tu hijo te obedezca sin usar el “NO”

“No hagas esto”, “Así no es cómo se hace”, “¿Pero no te he dicho que no lo hagas?”. Estas son tan solo algunas de las frases que usamos a diario con nuestros hijos. Y también son pocos los resultados positivos que conseguimos de ellas, ¿verdad? Si cambiamos estas frases por otras que permitan al niño comprender los motivos por los que no debe hacer algo, los resultados serán mucho más positivos, a la vez que construiremos vínculos familiares mucho más fuertes y sanos.

Explícale cómo hacer las cosas

A lo largo de su desarrollo, los niños van a querer hacer las cosas por su cuenta. Y, claro, van a equivocarse en más de una ocasión: es el proceso del aprendizaje. Si nosotros estamos constantemente regañándoles porque no han hecho algo correctamente, se sentirán incapaces de realizar las tareas que se les encomiendan, lo que representa un duro golpe a su autoestima. Así, para evitar estas situaciones, podemos cambiar la frase “Así no se hace” por otra como “te saldrá mejor si lo haces de este modo”. En el segundo de los casos, evitamos la palabra “no”, a la vez que le damos herramientas al niño que le capacitan para llevar a cabo estas tareas.

Ofrécele alternativas

Prohibir abiertamente algo a nuestros hijos solo hará que tengan más ganas de hacerlo y a esto se le llama tentación. Crear esta tentación, junto a la necesidad biológica de explorar, solo nos llevará a tener que regañar al niño porque habrá hecho, exactamente, lo que le hemos pedido que no hiciera.

En este caso, resulta mucho más efectivo ofrecer alternativas al niño; en vez de decirle “no saltes aquí” podemos indicarle otro sitio en el que poder saltar, o bien otras actividades que hacer en este preciso lugar:

Deja que den su opinión

Está más que demostrado que cuando los niños pueden dar su opinión se hacen más “responsables”. Por ello, resulta fundamental dejar que se expresen y escucharlos atentamente. Si conocemos los motivos por los que creen que no está mal hacer algo, podremos explicarles el por qué sí lo está.

Por ejemplo, podemos preguntarle al niño por qué piensa que saltar en el sofá es correcto y, después de que nos haya contestado, podremos hacerle ver las consecuencias de tener un sofá estropeado en casa. Con ello, le estamos haciendo más responsable y le damos un motivo justificado para que deje de saltar en el sofá.

Ponte de ejemplo

El ejemplo de los padres es crucial a la hora de establecer límites: en la mayoría de los casos, no podemos prohibir a nuestro hijo algo que nosotros estamos haciendo. Así, por ejemplo, si estamos en un autobús y nuestro hijo se pone a chillar, le podemos pedir, en voz baja, que deje de hacerlo. Si rebajamos nuestro tono de voz, el niño imitará nuestro comportamiento.

Estrategias hijo obedezca

Deja el “no” solo para los límites

Evitar decir “no” constantemente es algo que debemos aprender, pero hay ocasiones en las que no vamos a tener más opción que usar esta palabra. Y estos momentos son a la hora de poner límites y normas.

Sin embargo, para que los límites funcionen, lo primero es hacer que los niños los entiendan: deben saber, exactamente, qué pueden hacer y qué no. Además, debemos dejar muy claras las consecuencias de sus actos y establecer aquello que sucederá si traspasan los límites establecidos. Y, por último, nunca debemos ceder: si hoy no les permitimos algo, pero mañana sí, nuestros hijos no entenderán el concepto de límites.

La empatía es lo primero

Ser empáticos con nuestros hijos implica entenderlos. Debemos ponernos en su calzado y ser conscientes de que, a menudo, no hacen las cosas con mala intención. No tienen suficientemente desarrollada la capacidad para decidir entre lo correcto y lo incorrecto, por lo que debemos evitar tomarnos sus acciones como desafíos directos. Así, es muy útil validar las emociones de los pequeños, pero manteniéndonos firmes en las normas.

Conversaciones eficientes: escucha activa

Conversar con nuestros hijos es esencial para fortalecer vínculos, pero también para poder guiarles dentro de los estándares de lo que es aceptable y lo que no en función de cada situación. Por ello, debemos decantarnos por conversaciones productivas, en las que evitaremos culpabilizarles.

Muchísima paciencia

No podemos esperar que nuestros hijos cambien su comportamiento de la mañana a la noche, por mucho que justifiquemos nuestros motivos. Por ello, es esencial tener paciencia con ellos e irles repitiendo lo que se espera de ellos en los diferentes entornos.

Nuestros hijos siempre tendrán días en los que les será más difícil comportarse como les hemos pedido o seguir las normas de la familia: es del todo normal, ya que es parte de su desarrollo biológico. Sin embargo, regañarles constantemente no es la solución, pues abusar de la autoridad solo hará que nuestros hijos se sientan lejanos a nosotros. Con todo, siempre es mejor optar por conversaciones activas y fluidas, establecer claramente los límites y darles alternativas para que ellos puedan decidir qué es lo correcto y actuar en consecuencia.

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