La atención plena en los niños

Qué es la atención plena en niños y cómo conseguirla

Atención plena niños

La atención plena tiene una extraordinaria capacidad para construir un cuerpo fuerte, una mente y un gran espíritu en las personas adultas, pero también en nuestros hijos. La ciencia nos dice que podemos ayudar a proteger a nuestros hijos y a nosotros mismos contra la ansiedad, la depresión, la enfermedad y el dolor. También nos dice que podemos aliviar los síntomas del autismo, del TDAH, mejorar nuestras relaciones sociales y que el rendimiento académico sea también mejor. Las emociones positivas suelen ser la mejor ayuda para todo esto junto con la atención plena.

La atención tiene que ver con dar un paso atrás y ver los pensamientos y sentimientos que tenemos, cómo van y vienen, sin juzgarlos, con una mente relajada y centrándonos únicamente en el momento presente.

Los niños viven en el presente

Los niños saben vivir en el presente, pero a medida que la vida se acelera, la capacidad de experimentar la calma o la quietud puede ser más complicado. Cuando antes se anima a los niños a prestar atención, mayor será la capacidad de presencia consciente. Una práctica habitual de toma de conciencia asegurará que las conexiones neuronales se fortalezcan y se establezcan otras nuevas. La atención plena para los niños en general, funciona mejor si son de 5 minutos, o incluso menos. Por supuesto, si son capaces de conseguir más tiempo, sería estupendo, pero no hay que forzarles en eso. Pero, ¿cómo conseguirlo?

La respiración consciente

Mantén a tus hijos en una posición cómoda y pídeles que cierren los ojos. Después, pregunta cómo se siente notando la respiración en su interior mientras entra y sale el aire. Si ponen una mano en el viente, será capaz de distinguir el ascenso y la bajada del aire. Para ello, será necesario que la respiración se haga alrededor de unas 5 veces – 5 inhalaciones y 5 exhalaciones-.

Después de las 5 respiraciones, habrá que guiarlos hacia pensamientos y sentimientos que puedan acceder y que les haga sentir bien, a continuación hay que invitarles a que dejen de lado esos pensamientos y sentimientos si no son buenos para ellos. Pídeles que se imagen cosas que les hagan sentir bien como pompas de jabón mientras siguen concentrándose en su respiración. Repetir las respiraciones de 5 en 5 tantas veces como sea necesario hasta que empiecen a sentirse bien.

Qué es la atención plena en niños y cómo conseguirla

Las nubes de pensamiento

Cuando los niños son conscientes de su respiración y pueden concentrarse, entonces ha llegado el momento de dar un paso más. Diles a tus hijos que a medida que inhalan, que se imaginen que sus pensamientos están formados por pequeñas nubes encima de su cabeza, permite que se imagen a esa nube flotando mientras exhala. Deberán mantener una respiración lenta y otras fuertes para dejar que los pensamientos vengan pero que también se marche.

Conexión mente y cuerpo

Nuestro cuerpo está estrechamente ligado con nuestra mente y nuestras emociones, por eso cuando no estamos bien emocionalmente podemos sentir dolores físicos como dolores de estómago, dolores de cabeza u otros. Es necesario alimentar la conciencia de conexión entre la mente y el cuerpo de los niños pidiéndoles que exploren el cómo se sienten. En un espacio tranquilo donde se puedan sentir seguros y en privado, hay que animarles a que se den cuenta de sus sentimientos desde la confianza. Existe dos posturas que les ayudarán a conectar con su mente y su cuerpo:

  • Superman. Esta postura consiste en estar de pie con los pies un poco más anchos que la cadera. Se deberán apretar los puños, estirar ambos brazos hacia fuera y alargar el cuerpo totalmente. Esta expansión de la presencia física mediante el estiramiento y la apertura pueden aumentar la sensación de poder y orgullo.
  • Maravilla. Ponerse de pie con las piernas separadas y las piernas en las caderas.

También existen otros métodos como: el paseo consciente, la meditación guiada o el frasco de la calma o frasco consciente que les ayudará a entender sus emociones fuertes como el enfado o la ira.

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