Si tienes una hija, tienes un vínculo mágico

Un vínculo inquebrantable

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Si tienes una hija es posible que durante el embarazo no supieras exactamente cómo sería tu relación, si realmente sería un vínculo especial. Dicen que los niños ‘tiran más’ para las madres y las niñas para los padres. Quizá ese pensamiento antiguo te haya hecho creer antes de ser madre de una niña que posiblemente, no fuese tan bonito como si te hubiesen dicho durante el embarazo, que tu primogénito iba a ser varón. Pero no te equivoques.

Ser madre es maravilloso, independientemente de si eres madre de una niña o de un niño. Si eres madre de una niña, te puedo asegurar que el vinculo que tendrás con ella desde incluso antes de nacer, será increíble. Cuando la tengas en tus brazos, entonces te darás cuenta que el vínculo simplemente, se volverá mágico.

La confianza es imprescindible

Las mujeres, debido a sus ciclos hormonales, son un buen saco de emociones, donde pueden tener momentos vulnerables, pero lo que no falta en ninguna de ellas es una gran fortaleza. Cuando mires a tu hija a los ojos, sabrás que no quieres que se convierta en princesa, sino en guerrera. Por este motivo, tu fortaleza será primordial para ella, para poder crecer sabiendo que puede ser fuerte e independiente, que puede ser princesa y también guerrera.

Una madre y una hija tendrán una complicidad difícil de explicar con palabras, porque para entenderlo es necesario sentirlo. Aunque en su vida no faltarán roces (como con cualquier otra relación humana), ellas sabrán que el amor que sienten la una por la otra, y su vínculo mágico, no podrá destruirse por nada del mundo. Entre ellas, la empatía hará que se entiendan con tan solo mirarse a los ojos.

Aunque no siempre es todo bonito

Todo esto no significa que sea bonito siempre. Puede que el carácter de la hija nada tenga que ver con el de la madre y que esto haga que el lazo de unión siempre esté en transformación y aprendizaje. Es normal que existan altibajos, pero lo que importa es que aunque la cuerda se tense, nunca llegue a romperse del todo. Esto hará que las dos evolucionen en la vida y que su amor nunca pare de crecer.

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Gracias a la complicidad que existe entre madre e hija, sabrán qué piensan la una y la otra con tan solo mirar su lenguaje corporal. En muchas ocasiones, no harán falta las palabras y en otras, serán totalmente necesarias para poder compartir lo que sienten.

Un amor inigualable

Pero lo que no se puede dudar, es del amor de una madre. Una madre quiere con toda su alma a sus hijos. Es un amor que la naturaleza ofrece a las madres que no se puede comparar con nada en todo el universo. Es un amor infinito, porque jamás, pase lo que pase, se agotará. Alguien que no sea madre, no puede entender este amor, porque solo se sabe y se entiende, cuando realmente, se siente.

Si bien es cierto que dicen que del amor al odio hay un solo paso, no hay amor sin odio ni odio sin amor. Esto las madres lo saben, sobre todo cuando sus hijas pasan por etapas difíciles como la adolescencia. Pero por mucho que una hija diga que odia a su madre en momentos puntuales, una madre sabe que no es el corazón quien habla y una hija sabe, que solo es la rabia quien dice semejante barbaridad.

Lo que es importante es que entre madres e hijas nunca falte el respeto, la confianza, una buena comunicación y la aceptación. No compartir las mismas ideas no es señal de distanciamiento, simplemente que cada una es un ser diferente con pensamientos únicos y propios. Esto con respeto y empatía, nunca debería suponer un problema para el vínculo mágico entre madres e hijas. Ser madre es sin duda, entender el amor sin límites, ni fronteras.

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