Tus hijos no tienen la culpa de lo que pasa en tu vida

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Hay padres que tuvieron a sus hijos cuando menos lo esperaban, que tuvieron que renunciar a algún sueño por cuidar de ellos o vieron desmoronarse su matrimonio por esta causa. Hay padres que no pudieron terminar sus estudios porque tuvieron que hacerse cargo de sus hijos, que no pudieron viajar todo lo que hubiesen querido y que se tuvieron que cohibir de muchas cosas para poder alimentarlos. Hay padres que no han podido tener la vida que soñaron porque en algún punto del camino llegaron sus hijos para cambiarlo todo. Sin embargo, nada de eso es culpa de los niños.

Tus hijos no pidieron venir al mundo, no fue decisión suya venir a compartir tu vida, por lo que si hay alguien que no tiene ninguna responsabilidad sobre las cosas negativas que te han pasado en la vida son ellos. De hecho, a menudo suelen ser víctimas por partida doble ya que además de ser testigos indirectos de tu malestar e insatisfacción, cargan sobre sus hombros el peso de la vergüenza, la frustración o la culpa que proyectas sobre ellos, lo cual puede pasarle una alta factura emocional y psicológica a largo plazo.

¿Por qué no deberías culpar a los niños de lo que te sucede?

Ser padres es difícil, pero esa no es excusa para descargar las frustraciones y culpas sobre tus hijos. Los niños no son responsables de tu felicidad o infelicidad en esta vida y hacerles cargar con ese pesado fardo no solo te impide responsabilizarte por tus propias decisiones y asumir tu cuota de culpa, el primer paso para comenzar a ver las cosas desde una perspectiva diferente y tomar las riendas de tu vida, sino que también afecta el desarrollo psicológico y el equilibrio emocional de los pequeños.

Cuando los niños crecen sintiéndose culpables por las cosas negativas que suceden en la vida de sus padres desarrollan una baja autoestima y una gran inseguridad que se refleja en las relaciones que establecen con las personas de su entorno. A la larga, muchos de estos niños se convierten en adultos dependientes de la aprobación de los demás ya que no son capaces de tomar decisiones porque le atemorizan las consecuencias. Al sentirse culpables desarrollan una especie de dependencia emocional que les impide perseguir sus propios sueños y plantearse metas propias, por lo que es habitual que terminen viviendo una vida que en realidad no les hace feliz.

Y si en lugar de culparles, te apoyas en ellos para crecer

Alguna vez te has planteado qué pasaría, si en lugar de culpar a tus hijos por las cosas negativas que te han pasado en la vida, los vieses como una fuente de apoyo para aprender a ser más fuerte y resiliente. Quizá tus hijos no llegaron en el mejor momento ni te han facilitado el camino, pero seguramente te han mostrado la manera de luchar contra los obstáculos y seguir adelante contra viento y marea, incluso cuando pensabas que ya habías tocado fondo.

Quizá, si dejases de poner la culpa en ellos, verías que tus hijos llegaron a tu vida para darle un nuevo significado y enseñarte a valorar cosas a las que antes no les prestabas tanta atención. Quizá, en lugar de ser un estorbo para tus planes y proyectos personales, tus hijos son una oportunidad para que puedas reencontrarte a ti misma/o y crecer como persona. Sin embargo, si no dejas de responsabilizarles por cómo te va en la vida, es probable que nunca seas capaz de ver la maravillosa bendición que pueden llegar a ser los niños en la vida de sus padres.

Tu hijo no tiene la culpa

¿Cómo dejar de culpar a tus hijos?

No todos los padres que ponen la culpa en sus hijos son conscientes de ese comportamiento. En muchas ocasiones, los sentimientos de culpa están tan enquistados que ni siquiera son conscientes de que están responsabilizando a sus hijos por las decisiones que ellos han tomado en sus vidas. Sin embargo, el primer paso para dejar de responsabilizar a los hijos por las decisiones de los adultos es precisamente ser consciente de esos comportamientos inculpatorios. Solo cuando seas capaz de asumir esta actitud, estarás preparado para tomar cartas en el asunto y dejar de poner la responsabilidad en tus hijos. Una vez llegado a este punto, he aquí algunas recomendaciones que pueden ayudarte.

1. Antes de culpar a tus hijos, pregúntate si en verdad son responsables

A veces puedes sentir el impulso de culpar a tus hijos por cualquier motivo, ya sea por haberte retrasado para llegar al trabajo o por haberte impedido disfrutar de ese viaje tan anhelado. Sin embargo, cada vez que sientas ese impulso, tómate unos minutos para reflexionar si en realidad son tus hijos culpables de la situación de la que les acusas. ¿El hecho de que los niños hayan remoloneado al salir de la cama en realidad les convierte en culpables de que llegases tarde al trabajo o en realidad la responsabilidad es tuya por no haberte levantado un poco antes?

Marcar una distancia emocional y reflexionar sobre la cuota de responsabilidad que tienen tus hijos en las cosas negativas que suceden en tu vida te hará replantearte la costumbre de culparles por todo. Así, no solo le pondrás freno a ese comportamiento, sino que podrás empezar a asumir tu cuota de responsabilidad por lo que sucede en tu día a día, el primer paso para tomar las riendas de tu vida.

Dejar de responsabilizar a tus hijos de los problemas

2. Cuida tus palabras en todo momento

Las palabras que usas a diario tienen un enorme poder sobre los niños. Usar términos como “eres culpable de…” o “eres el responsable de…” puede terminar cobrándoles una alta factura emocional, haciendo que lleven sobre sus hombros el peso de una culpa que en realidad no es suya. Por eso, es importante que cuides las palabras que utilizas con los niños a diario ya que pueden tener un gran impacto en su desarrollo emocional.

Evita utilizar palabras o frases con una alta carga emocional negativa como: “eres un problema”, “contigo todo es más difícil”, “la culpa es tuya” o “no valoras todo lo que he sacrificado por ti”. Suelen ser frases que se dicen sin pensar, en un momento de gran tensión o ira, pero lo cierto es que pueden resultar muy hirientes para los niños, haciéndoles sentir que no son realmente aceptados y queridos en la familia.

3. Pide disculpas a tus hijos cuando los culpes injustamente

Otra manera para dejar de culpar a tus hijos por todo lo que sucede en tu vida es siendo más consciente de las veces que les responsabilizas injustamente y pidiéndoles disculpas por ello. Pedir disculpas nunca es fácil, por eso puede convertirse en un poderoso recurso para inhibir el hábito de culpar a los niños, a la vez que es una excelente herramienta para intentar aliviar el mal causado.

Cuando seas injusta/o con ellos y les responsabilices por algo que no sea su culpa, puedes decirles: “Siento haberte dicho que eras culpable porque mamá no llegase puntual al trabajo. En realidad, fue mi responsabilidad porque debí levantarme antes. En ese momento estaba tan frustrada que no lo pensé bien y te hice sentir culpable. Lo siento mucho”.

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