Las rabietas también pueden ser positivas

No volverás a ver las rabietas del mismo modo

Rabietas infantiles

Cuando tu hijo se enfada, se tira al suelo, patalea y no entiende razones, es difícil ver algo positivo en su comportamiento. Las rabietas se convierten en el caballo de batalla de los padres, que normalmente las asumen como un mal propio de la edad que terminará pasando. Sin embargo, lo cierto es que esas explosiones de ira matizadas de terquedad, también tienen un lado positivo, siempre y cuando sean puntuales y no se conviertan en un patrón de comportamiento. Si lo recuerdas cada vez que tu hijo tenga una, es probable que te irrites menos e incluso le saques provecho.

¿Por qué las rabietas no son tan negativas como parece?

Contribuyen a liberar el estrés y la tensión

Las lágrimas actúan como una válvula de escape ya que contribuyen a liberar el exceso de hormonas del estrés, como el cortisol. De hecho, se ha demostrado que niveles elevados de cortisol pueden ser nocivos para los niños, sobre todo para el desarrollo de su cerebro. Por tanto, cuando el pequeño tiene una rabieta y llora, está liberando el estrés y la tensión acumuladas.

Le ayudan a aprender nuevas formas de hacer las cosas

La frustración es una de las principales causas de las rabietas infantiles, muchos niños se enfadan cuando algo no sale según sus planes. En ese momento lloran y gritan, pero cuando se calman, pueden retomar lo que estaban haciendo y lograr su propósito. En esos casos, las rabietas actúan a nivel cerebral como una especie de interruptor. Sirven para desconectar al niño del patrón comportamental que le conducía al fracaso y le permiten encontrar una nueva manera de hacer las cosas, mucho más eficaz.

rabieta

Le permiten asimilar las negativas y las normas

Las rabietas también son oportunidades de aprendizaje. De hecho, muchas se desencadenan como resultado de una negativa de los padres. Los niños responden ante el “no” probando fuerzas para saber hasta dónde pueden estirar los límites. Las rabietas son una oportunidad para que aprendan que existen determinadas reglas que no se pueden quebrantar, son una ocasión para que aprendan a seguir las normas y desarrollen la tolerancia a la frustración, una capacidad esencial para la vida.

Son una oportunidad para enseñar a reaccionar con ecuanimidad

Si tu hijo ha tenido una rabieta, te habrás dado cuenta de que hablarle no sirve de mucho. En ese momento el cerebro racional se desconecta y las emociones toman el mando, por lo que lo mejor que puedes hacer es sentarte a su lado y esperar a que amaine la tormenta. Verte a su lado, con una actitud tranquila y serena, le ayudará a tu hijo a calmarse y le enseñará cómo reaccionar ante las dificultades.

Son una ocasión para desarrollar la Inteligencia Emocional

Las rabietas suelen ser la expresión de una incapacidad para gestionar las emociones a través de las palabras. El niño se siente frustrado, enojado o desilusionado y lo expresa de manera física. Sin embargo, cada rabieta puede convertirse en una oportunidad para que aprenda a gestionar sus emociones de manera más madura si cuando acaba, hablas sobre lo ocurrido y le enseñas a detectar las primeras señales emocionales que le indican que se está acercando al punto de no retorno. Puedes convertir las rabietas en un “problema” o aprovecharlas para que tu hijo desarrolle su Inteligencia Emocional.

Pueden consolidar vuestro vínculo afectivo

Las rabietas no son agradables. Cuando el niño se comporta de esa manera es porque se siente mal, y los padres tampoco disfrutan de ese comportamiento. Sin embargo, si disciplinas con amor y le ayudas a canalizar mejor esas emociones, estarás construyendo un vínculo afectivo más profundo con tu hijo, que sentirá que tiene una red de seguridad que le sostiene cuando el mundo parece ir mal.

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