Mi hijo es explosivo, ¿puede aprender a autoregularse?

Mi hijo es explosivo

La vida de un niño pequeño puede ser maravillosa pero también estresante y también impredecible. Todos los niños son capaces de tener comportamientos desconcertantes y pueden tomar diferentes formas: colapsos, explosiones de emociones, rabietas, golpes, gritos… Aunque también pueden haber comportamientos más difíciles de detectar pero igualmente importantes: la tristeza, el aislamiento, la tendencia a reprimir los sentimientos, etc.

Nadie nace sabiendo controlar las grandes emociones y los niños necesitan tiempo para aprenderlas. El trabajo de los adultos con niños en sus vidas, es preocuparse por ellos, nutrir su capacidad para gestionar sus respuestas emocionales de forma saludable, para que sean capaces de adaptarse al entorno. Los niños no saben cómo mantener la calma ni tienen la capacidad de responder bien a las decepciones o a la falta de sueño… No tienen palabras suficientes para describir lo que quieren o por explicar lo que sienten. La frustración les hace vulnerables y crean un cañón para mostrar sus sentimientos: se vuelven niños explosivos. Pero detrás de toda esa explosividad siempre hay un niño que necesita expresar sus emociones y aprender a autoregularse.

La autoregulación en niños explosivos

La autoregulación es la capacidad de manejar los sentimientos para que no interfieran en las relaciones de la vida en el día a día. Esto podría implicar el ser capaz de calmarse en situaciones molestas o frustrantes, cuando los grandes sentimientos entran en escena. La autoregulación no se trata de no sentir o evadir los sentimientos, ni mucho menos. El bloqueo de los sentimientos puede causar tantos problemas emocionales como cualquier arrebato desmedido.

No hay nada malo en sentir las grandes emocionales. Todos los sentimientos son válidos y los niños sienten lo que sienten y deben aceptarlo, además de reconocerlo. Lo que resulta más importante es aprender a cómo gestionar esos sentimientos. La clave consiste en criar a los niños hacia la posibilidad de reconocer y expresar lo que sienten, sin causarles una rotura emocional de ningún tipo.

Autoregulación en niños

Cuando los niños son capaces de regular sus respuestas emocionales, se vuelven menos vulnerables a los efectos del estrés. También son más propensos a tener los recursos emocionales adecuados para mantener amistades sanas, y la capacidad de concentrarse y aprender mejor en cualquier contexto.

¿Explosiones emocionales u oportunidades de mejora?

Cada explosión emoional es una oportunidad para dirigirlos en una dirección diferente y para fortalecer las habilidades que necesitan para nombrar y manejar sus emociones de una manera que funcione para ellos, sin las consecuencias sísmicas que pueden suceder cuando los niños son incapaces de regular sus emociones.

Que los niños tengan arrebatos emocionales no significa que se esté haciendo una mala crianza o que los niños sean malos. Los niños nunca son malos. Pueden tener rabietas o un comportamiento inadecuado, pero antes de juzgarlo o castigarle es mejor centrarse en esa emoción para saber cuáles son sus necesidades. La crianza no es un camino recto, encontrarás subidas, bajadas y curvas cerradas. Pero en cada momento de crisis es una oportunidad para enseñarles con cariño y respeto el camino adecuado.

Cómo se desarrolla la autoregulación en los niños temperamentales

La autoregulación la pueden aprender todos los niños, pero siempre de forma gradual. Con mucho apoyo de unos padres o referentes adultos que se dediquen y sean maravillosos. Moldeando la conducta y entrenando el buen comportamiento, los niños se sentirán seguros para explorar y experimentar sus propias respuestas.

La parte del cerebro que está muy involucrada en la regulación de las grandes emociones y teniendo en cuenta las consecuencias es la parte de la corteza prefrontal. Esta zona del cerebro no se desarrolla completamente hasta que se pasan los veinte años. Hasta entonces, el cerebro está abierto a las nuevas experiencias que fortalezcan a adultos sanos y fuertes.

Se pueden apreciar señales de autoregulación emocional en bebés, por ejemplo cuando se chupan el dedo para calmar sus emociones. Cuando tienen los niños dos años, la mayoría de los niños son capaces de esperar un poco para obtener algo que quieren o a escuchar cuando se les habla. A medida que los niños crecen experimentan más con la autoregulación y son capaces de aprender entre la brecha que existe entre las emociones intentas y las respuestas.

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