La infancia de Lionel Messi: Ejemplo de perseverancia y coraje

Lionel Messi

Perseverante y hasta enigmático, Lionel Messi, más conocido como “la pulga”, es en la actualidad, según la FIFA, el mejor jugador de fútbol del mundo. Sin embargo, pocos conocen la historia del futbolista que ha ganado cinco veces el Balón de Oro y que ha sido multicampeón con el Fútbol Club Barcelona.

Los primeros golpes de balón

La atracción de Lionel Messi por el balón fue un amor a primera vista. Sus hermanos cuentan que de niño apenas se podía desprender del balón, lo llevaba lo mismo cuando tenía que hacer recados que mientras estaba con sus amigos.

Con tan solo 4 años, jugó su primer partido de fútbol. Fue Ricardo Aparicio, el director de un club infantil de fútbol que entrenaba cerca de la casa de Messi, quien lo vio lanzando el balón y lo invitó a entrar al terreno. A partir de este momento, la afición de Messi se convertiría en una pasión desenfrenada.

El pequeño intentaba jugar en todos los partidos, sin importar si se trataba de un amistoso o una competencia entre clubes infantiles. Lo importante para Lionel era estar en el terreno y jugar lo mejor posible. Sin embargo, esa perseverancia que desplegaba en el campo de fútbol, no se apreciaba en otras esferas de su vida, así que los problemas no tardaron en aparecer.

Infancia Lionel Messi

La escuela no estaba dentro de sus prioridades

El niño que se apasionaba por el fútbol y lo daba todo en el campo, no mostraba esa misma concentración y capacidad en la escuela. De hecho, el mismo Messi ha reconocido que, aunque en el colegio era muy tranquilo, era un desastre en los estudios, por lo que siempre sacaba pésimos resultados.

En realidad, era bastante bueno en geometría, una materia que podía aplicar en el campo de juego, pero cuando se trataba de aritmética, álgebra o cualquier otra ciencia que no tuviese que ver con el fútbol, los resultados eran mediocres, aunque siempre supo ganarse el cariño de las maestras.

Según cuenta su mejor amiga de la infancia, Cintia Arellano, le pasaba a Lionel sus apuntes para que pudiera tomar las notas de clases. Sin embargo, su ayuda no fue suficiente para que Messi mejorara sus hábitos de estudio. Obviamente, sus dificultades académicas les dieron no pocos dolores de cabeza a sus padres.

Lionel Messi enfermedad

Una enfermedad repentina cambió su destino

A los 11 años de edad a Lionel le diagnosticaron una alteración en las hormonas del crecimiento. Sus padres se dieron cuenta porque no crecía a un ritmo normal y decidieron consultar a un médico. Las pruebas desvelaron que Messi tenía una disfunción hormonal que retrasaba su crecimiento óseo. Sin embargo, lo que para muchos niños deportistas podría haber significado el fin de su carrera, para Lionel Messi no fue así. Se aferró al balón y siguió adelante.

Obviamente, no fue una etapa fácil, ni para el niño ni para sus padres. El tratamiento costaba mucho más de lo que el presupuesto familiar podía permitirse pero después de solicitar la contribución de diferentes clubes y fundaciones deportivas, los padres decidieron buscar nuevos horizontes. Así llegaron a España y el Fútbol Club Barcelona fichó a Lionel, dándole su primer contrato profesional.

Aún así, todo no estaba resuelto. Messi tuvo que quedarse solo en un país que le resultaba ajeno mientras su familia regresaba a Argentina. De hecho, según revela el propio futbolista, fueron momentos muy difíciles en los que se sentía desorientado y triste. Sin embargo, su voluntad y persistencia volvieron a salir a la luz e hicieron que no cejara en su empeño.

Hoy Messi afirma que aquel problema le hizo convertirse en una persona más fuerte, templó su carácter y le permitió ser el excelente jugador que es hoy. Le ayudó a proponerse nuevas metas, a no tener miedo y a ser más exigente y responsable en otras esferas de su vida.

2 comentarios sobre “La infancia de Lionel Messi: Ejemplo de perseverancia y coraje

  1. brisa sanchez dice:

    Messi fue muy fuerte y valiente porque no tuvo temores y nunca se hecho para atrás porque escucho su corazón y no su cabeza. El no quiso dejar algo que lo apasiono y lo hizo feliz.

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