Niños perfectos, niños infelices ¿cómo las exigencias continuas pueden afectar a tus hijos?

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Vivimos en una sociedad que avanza a pasos agigantados y en la que la competitividad y el perfeccionismo se han convertido en cualidades indispensables en el camino al éxito. De ahí que no sea extraño que muchos padres quieran preparar a sus hijos desde pequeños para que adquieran los conocimientos y habilidades que necesitan para tener una buena profesión en el futuro. Así, no solo les inscriben en disímiles clases extraescolares para complementar su educación, sino que les animan a conseguir mejores resultados y a tener un mejor comportamiento. Y en realidad, esto no está mal, el problema viene cuando se empieza a añadir sobre los niños una presión innecesaria y no hay espacio para los errores, el descanso y la diversión.

Las consecuencias de exigir demasiado a tus hijos

Crecer bajo la presión de unas exigencias y expectativas demasiado elevadas puede hacer que los niños tengan un comportamiento ejemplar, consigan buenos resultados académicos y muestren una mayor madurez. Sin embargo, este exceso de presión también implica que crezcan demasiado aprisa, sin tiempo de experimentar en su entorno, descubrir lo que en verdad les gusta ni desarrollar su identidad. A largo plazo, exigir tanto a los niños puede resultar contraproducente ya que:

1. Limita su independencia y autonomía

Cuando los niños están sujetos a la presión y las expectativas de sus padres se acostumbran a hacer lo que los demás les dicen y pierden la capacidad de decidir por sí mismos. El problema es que, al no dejarles libertad para tomar decisiones, no solo se les coarta su autonomía, sino que se les roba su espontaneidad, convirtiéndoles en personas dependientes de los demás que a cada paso que dan buscan la aprobación externa para sentirse confiados y seguros.

2. Les arrebata su motivación intrínseca

Crecer con un nivel de exigencias demasiado elevado hace que los niños se centren más en los resultados que en disfrutar del proceso de aprendizaje y de cada pequeño logro. A largo plazo, esta actitud les arrebata su motivación intrínseca por descubrir el entorno de manera independiente y seguir sus propios sueños, a la vez que puede afectar su capacidad para disfrutar el momento presente y del camino que les conduce a sus metas.

3. Incentiva el miedo al fracaso

Exigirles demasiado a los niños para que sean “perfectos” no solo les genera una enorme presión, sino que puede sembrar en ellos el miedo al fracaso. Esto ya que como no quieren decepcionar a sus padres, empiezan a apostar por lo seguro y por aquello que ya dominan porque tienen miedo a equivocarse. Como resultado, pueden estancarse en su vida futura y ser incapaces de tomar las riendas de su propio crecimiento solo para no tener que lidiar con el fracaso.

4. Afecta su autoestima

Someter a los niños a expectativas o exigencias demasiado elevadas puede tener un impacto negativo en su autoestima. Esto debido a que les convierte en personas muy perfeccionistas que creen que lo que hacen nunca es suficiente, por lo que basta el más mínimo error o crítica para que su autoestima caiga en picado. A la larga, terminan convirtiéndose en adultos inseguros que creen que no son lo suficientemente buenos, por lo que siempre viven pendientes de la opinión ajena.

5. Les impide disfrutar de su infancia

Muchos de los padres que les exigen demasiado a sus hijos no son conscientes de que con esa actitud les están arrebatando una de las experiencias más bonitas de la vida: la infancia. Y es que exponer a los niños a una gran presión para animarlos a ser perfectos no solo les roba tiempo de juego y diversión bajo el peso de las responsabilidades sino que les impide equivocarse, dejar libre su imaginación o pasar tiempo con otros pequeños de su edad.

¿Qué pueden hacer los padres para estimular el desarrollo de sus hijos sin presionarles demasiado?

La mayoría de los padres quieren lo mejor para sus hijos, por eso se preocupan por educarlos y prepararlos para el futuro. Es completamente comprensible. Sin embargo, hay que tener en cuenta que aunque preparar a los niños para el futuro es necesario, si queremos que lleguen a ser adultos exitosos, también lo es permitirles disfrutar cada etapa de la vida sin exigirles más de lo que pueden dar. A fin de cuentas, hacer felices a los niños es más importante que tener hijos perfectos.

Obviamente, esto no significa que no te preocupes por la educación y crecimiento infantil, sino que evites presionar a los niños para obligarles a ser perfectos y que aprendas a adaptar las exigencias a cada etapa del desarrollo. He aquí algunas recomendaciones que pueden ayudarte en el día a día.

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1. Permite que los niños aprendan a su propio ritmo

Cada niño tiene su propio ritmo de desarrollo que le permite aprender según su capacidad. Respetar el ritmo de aprendizaje de tu hijo, pidiéndole solo lo que es capaz de hacer, ni más ni menos, es una manera de animarle a crecer y desarrollarse como persona sin presionarle demasiado. ¿Cómo adaptarse al ritmo de aprendizaje de tu hijo? Lo ideal es comenzar por retos de poca complejidad que pueda desempeñar fácilmente para así también reforzar su confianza e ir incrementando su nivel de dificultad a medida que el pequeño vaya ganando habilidades.

2. Anima a los niños a equivocarse

La infancia es una etapa de aprendizaje en la que los niños descubren su entorno, hacen gala de sus habilidades y sí, también cometen errores. Contrario a lo que muchos padres consideran, estos errores no son negativos de por sí, sino que son una oportunidad para aprender y reforzar sus capacidades. De ahí que sea importante animar a los pequeños a equivocarse ya que esto significa que se atreven a experimentar, a probar cosas nuevas y a poner a prueba sus habilidades.

3. Bríndales herramientas para lidiar con el fracaso

Antes o después los niños tendrán que enfrentarse al fracaso, por eso no solo es importante enseñarles una perspectiva más optimista del fracaso sino brindarles herramientas para que aprendan a lidiar con esta experiencia. Los niños deberían saber que fracasar no solo implica haber fallado, sino que puede convertirse en una oportunidad para aprender de los errores y crecer como personas, a la vez que deberían contar con recursos emocionales y cognitivos para gestionar la inseguridad que genera el fracaso.

4. Celebra los resultados, pero también el esfuerzo

Estamos acostumbrados a festejar los éxitos de los más pequeños de casa, desde su sobresaliente en una materia hasta el gol que metieron en el partido escolar, pero pocas veces celebramos el esfuerzo que se esconde tras cada triunfo. Sin embargo, celebrar el esfuerzo y el compromiso es una manera de enseñar a los niños a disfrutar del camino y animarlos a estar plenamente presente a cada paso que le separa de la meta.

5. Motívales a perseguir sus sueños

Darles libertad a los niños para que persigan sus sueños y se propongan sus propias metas es la mejor manera de prepararlos para el futuro y alimentar la motivación que llevan dentro. De esta manera, no solo aprenderán a tomar sus propias decisiones, sino que serán capaces de tomar las riendas de su vida para conseguir lo que tanto anhelan.

Un comentario
  1. Avatar
    Helga dice:

    Me parece muy interesante. Yo tengo 12 años y me parece que mis padres más que presionarme demasiado lo que hacen es no valorar mis logros. Diciendolo así parezco una ególatra, pero es que saco notas perfectas, me comporto perfectamente, etc… Pero no se ilusionan nada ni me felicitan en absoluto. En cambio cuando hago algo mal parece un pecado imperdonable.

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