4 razones por las que tu hijo SÍ necesita disciplina

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Hay padres y madres que prefieren mirar hacia otra parte en cuanto a la disciplina porque quieren tener una casa sin gritos, con armonía y donde todos los miembros puedan ser felices cada día siendo ellos mismos. En realidad esto no ocurre, porque la crianza permisiva a la larga solo generará problemas de comportamiento en los niños, y también graves problemas emocionales. Los niños necesitan sentir que están protegidos y seguros con sus padres, y eso, solo se consigue gracias a las normas y los límites… a través de la disciplina.

La disciplina no se trata solo de darles consecuencias a los niños. Garantiza que los niños adquieran las habilidades que necesitan para convertirse en adultos responsables. Hay muchos tipos de disciplina y diversos enfoques para la crianza de los hijos. Pero, en última instancia, independientemente del tipo de disciplina que ejerza un padre, la disciplina ofrece a los niños muchos beneficios.

Ayuda a controlar la ansiedad

Los niños no quieren tener ansiedad. A menudo ponen a prueba los límites solo para asegurarse de que sus cuidadores pueden mantenerlos seguros. Cuando los cuidadores ofrecen consecuencias positivas o negativas dependiendo del comportamiento que tengan los pequeños, los niños aprenden y crecen y se desarrollan correctamente.

En cambio, los niños que tienen padres permisivos experimentan ansiedad porque tienen que tomar decisiones de adultos, es decir, decisiones que no les corresponden tomar. La falta de orientación y la ausencia de liderazgo es confuso para los niños, les hace sentir inseguros.

Ayuda a tomar buenas decisiones

Una buena disciplina ayudará a los niños a tomar buenas decisiones. Por ejemplo, cuando un niño pierde sus privilegios, podrá tomar una decisión más acertada la segunda vez. La disciplina saludable es la que enseña a los niños formas alternativas de satisfacer sus propias necesidades sin tener que llevar a cabo un mal comportamiento. Los niños necesitan aprender habilidades de resolución de problemas, control de impulsos y habilidades de autorregulación a través de una disciplina apropiada.

Los padres deben distinguir entre consecuencias y castigos, porque cuando los niños tienen las consecuencias adecuadas, aprenden de los errores y ellos mismos, modificarán su conducta. Los castigos, en cambio, solo enseñan a los niños que no tienen que ser ‘pillados’ cuando se portan mal para evitar el castigo.

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Ayuda a controlar las emociones

Cuando un niño recibe un poco de tiempo de espera después de pegar a su hermano, aprenderá habilidades que le ayudarán a controlar su enfado la próxima vez. El objetivo del tiempo de espera debe ser enseñar al niño que debe salir del contexto que le causa enfado para calmarse antes de meterse en problemas.

Otras estrategias de disciplina como el elogio también pueden enseñar a los niños a lidiar con los sentimientos. Por ejemplo si está haciendo una torre de bloques alta pero se le ha caído varias veces y se le elogia por el esfuerzo y la persistencia, aprenderá la importancia de tolerar la frustración para conseguir mejores resultados.

Mantiene a los niños seguros

La disciplina tiene como objetivo final mantener a los niños seguros tanto a nivel físico como emocional. Esto incluye importantes problemas de seguridad, como conocer normas de seguridad (mirar a ambos lados antes de cruzar la calle, no abrir la puerta a extraños, no asomarse demasiado a la ventana, etc.), si no las cumple deberá tener consecuencias apropiadas a la falta cometida.

La disciplina también evita problemas de salud como la obesidad. Si permites a tu hijo comer lo que quiera tendrá problemas de salud severos. En este sentido es necesario establecer límites saludables y ofrecer una buena educación para que tu hijo tome decisiones saludables en cuanto a su alimentación a lo largo de su vida.

Es importante que los niños entiendan los problemas de seguridad que existen para que tomen las decisiones correctas. En lugar de decir que no salte encima de la cama, es mejor decirle por qué que salte es un problema, como por ejemplo: ‘Saltar en la cama no es seguro, podrías caerte y golpearte en la cabeza. Por favor, baja con cuidado ahora mismo’.

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