¿Cómo afecta la crítica negativa al cerebro de los niños?

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La educación que los padres ofrecen a sus hijos en la infancia deja una profunda huella en su desarrollo. Una crianza basada en la atención positiva, las críticas constructivas y una buena comunicación puede ser clave para educar a adultos con una autoestima sólida y un adecuado equilibrio emocional. En cambio, apostar por una crianza sobreprotectora o autoritaria, en la que las críticas negativas sean el pan de cada día puede marcar la infancia de los niños, dañar la imagen que tienen de sí mismos y afectar su adecuado desarrollo cerebral.

Las críticas negativas continuas pueden dañar el cerebro infantil

La mayoría de los padres son conscientes que criticar continuamente a los niños puede afectar su autoestima y autovaloración, dañando la imagen que tienen de sí mismos y creando a pequeños inseguros y temerosos de afrontar los retos de la vida. Sin embargo, lo que muchos progenitores no conocen es que las críticas constantes, sobre todo si son negativas, también afectan su cerebro. Así lo corroboró un estudio realizado en la Universidad de Binghamton en el que participaron 87 niños con edades comprendidas entre los 7 y 11 años.

Antes del estudio, los investigadores les dieron a los padres 5 minutos para que pudieran hablar con sus hijos y así, poder valorar el nivel de crítica en su educación. Luego, analizaron la actividad cerebral de los niños mientras veían una serie de imágenes que mostraban diferentes emociones. Los resultados mostraron que los niños cuyos padres eran muy críticos prestaban menos atención a las expresiones faciales, independientemente de si eran positivas o negativas.

¿Qué significan estos resultados? Básicamente, que las críticas continuas de los padres pueden terminar bloqueando el procesamiento emocional en el cerebro infantil. En práctica, los niños que recibían críticas constantes evitaban prestar atención a cualquier tipo de emoción, “desconectando” temporalmente su cerebro. Se trata de un mecanismo de protección que utiliza el cerebro para evitar una situación que le disgusta pero de la que no puede escapar. Sin embargo, utilizar esta respuesta durante mucho tiempo a lo largo de la infancia podría afectar el adecuado desarrollo de los niños.

Cuando “desconectarse” se convierte en un mecanismo adaptativo recurrente, al cerebro le costará cada vez más establecer las conexiones necesarias para procesar la información emocional. Como resultado, la capacidad de los niños para reconocer las emociones, tanto positivas como negativas, corre el riesgo de “atrofiarse”. A la larga, esta incapacidad para identificar las emociones ajenas podría afectar sus relaciones con los demás e incluso, podría convertirse en una de las razones por las que estos niños desarrollen un mayor riesgo de sufrir depresión y ansiedad.

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¿Cómo hacer una crítica constructiva a los niños?

La crítica es necesaria. Los niños necesitan saber lo que hacen bien o mal para poder aprender y corregir su comportamiento. Sin embargo, si en realidad queremos ayudar a los niños a convertirse en mejores personas, la crítica debe ser siempre constructiva para que puedan crecer y madurar. ¿Cómo hacer críticas constructivas a los niños? He aquí algunas claves útiles que pueden utilizar los padres para hacer críticas más positivas.

1. Pregunta antes de criticar

A veces los padres dan rienda suelta a su enfado o decepción, dejándose llevar por la primera impresión. Sin embargo, en ocasiones las conjeturas pueden llevarnos por caminos equivocados y hacer que saquemos conclusiones precipitadas. Por tanto, antes de criticar a los niños, pregunta qué ha sucedido, escucha su versión e intenta ponerte en su lugar. Sin duda, criticar desde la empatía puede ser mucho más constructivo y desarrollador.

2. Sé concreto

Cuando se critica a los niños es muy fácil caer en generalizaciones que, además de dañar la autoestima de los pequeños pueden confundirlos. Por tanto, la próxima vez que quieras señalar su mal comportamiento o error intenta ser lo más concreto posible, evitando irte por las ramas. Por ejemplo, en lugar de decirles “tienes la habitación siempre desorganizada” puedes comentarles, “cuando terminas de jugar, sueles dejar los juguetes desorganizados en tu habitación y eso no está bien”. Así, pones el foco en el problema real y les animas a solucionarlo.

3. Evita las etiquetas

Cuando critiques a los niños intenta centrarte exclusivamente en el comportamiento negativo y evita usar etiquetas que puedan dañar su autoestima. Por ejemplo, en lugar de decirles “siempre dejas todo fuera de su sitio, eres muy desorganizado” puedes decir, “no has recogido los juguetes, no está bien que dejes tu habitación así”. De esta manera, evitas ponerles una etiqueta a los niños que puedan llevar a cuestas durante mucho tiempo.

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4. Enfócate en la solución

Señalar un mal comportamiento puede ayudar a los niños a que sean conscientes de su error, pero si nos quedamos en ese nivel, no podrán crecer ni aprender. Por tanto, una vez que les hayas hecho la crítica, pregúntales a tus hijos qué pueden hacer para solucionar el problema o directamente proponles algunas soluciones para que marquen su propia hoja de ruta. De esta manera, la crítica será mucho más constructiva.

5. Transmite siempre un mensaje positivo

Una crítica constructiva de verdad no se limita a resaltar los errores sino que también incluye al menos un elogio para reforzar las características positivas de los niños. Por ejemplo, en lugar de señalarles cuando dejan su habitación desorganizada, puedes aprovechar el día que la recogen y decirles “ha estado muy bien que recogieras hoy tu habitación sin que te lo recordara, me gustaría que todos los días fueran así”.

En cualquier caso, intenta no criticar demasiado a los niños. Está bien corregir los malos comportamientos o errores, pero no intentes convertir a tus hijos en una copia fiel de tus expectativas. Cada pequeño tiene una personalidad propia que debemos respetar y eso incluye aceptar actitudes o conductas que no compartimos pero que son el resultado de su manera de ver el mundo y como tal, forman parte de su esencia. A fin de cuentas, nadie es perfecto y cuanto antes asumamos esta realidad, antes estaremos dispuestos a ayudar a nuestros hijos a crecer desde el respeto y la aceptación.

Referencias
James, K. et. Al. (2018) Parental Expressed Emotion-Criticism and Neural Markers of Sustained Attention to Emotional Faces in Children. Journal of Clinical Child & Adolescent Psychology; 1-10.
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