Salud

Autolesiones en los adolescentes, una epidemia silenciosa que se extiende

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Jennifer Delgado

Jennifer DelgadoEducadora, psicóloga y psicopedagoga

Las autolesiones en los adolescentes son un fenómeno cada vez más preocupante, tanto por el incremento de los casos que se ha producido en los últimos años, como por las terribles consecuencias que puede tener en los propios chicos y chicas, así como en sus familias.

En la década de 1980, solo el 2% de los jóvenes se autolesionaban y generalmente estos comportamientos estaban asociados a trastornos mentales graves. En la actualidad, el perfil de los jóvenes y adolescentes que se autolesionan ha cambiado. Como resultado, entre el 20 y el 45% de los adolescentes reconocen que se han autolesionado alguna vez en la vida.

Muchos de los casos de autolesiones han dejado de estar vinculados a problemas severos de salud mental. Ahora están desencadenados por un malestar emocional o una experiencia desagradable que los jóvenes o adolescentes no son capaces de gestionar de manera más adecuada y adaptativa. Eso significa que las autolesiones se han convertido en una vía de escape ya que el dolor físico les ayuda a olvidarse, al menos durante un rato, del dolor emocional que los atormenta.

¿Qué son las autolesiones exactamente?

Las autolesiones no suicidas, como se conocen en el ámbito de la Psicología y la Psiquiatría, se refieren a aquellos comportamientos intencionales y autodirigidos encaminados a hacerse daño a uno mismo, aunque no tienen la intención de quitarse la vida.

En este sentido, es importante aclarar que el hecho de que un adolescente se autolesione no significa que tenga ideas suicidas. Se trata de fenómenos diferentes ya que la persona que se practica cortes en la piel, por ejemplo, no está intentando quitarse la vida sino liberarse de un sufrimiento emocional.

No obstante, aunque los adolescentes que se autolesionan no presentan un deseo suicida, no es menos cierto que tienen un riesgo mayor de cometer intentos suicidas que aquellos que no muestran estos comportamientos, sobre todo cuando las lesiones se vuelven frecuentes.

Las autolesiones más habituales son precisamente los cortes en la piel, normalmente en los brazos, pero también pueden realizarse en otras partes del cuerpo, como el torso o los muslos, que el adolescente o joven pueda ocultar bajo la ropa. Rascarse en exceso hasta sangrar o frotar objetos contra la piel para producirse quemaduras por fricción son otras formas de autolesiones.

Algunos adolescentes también pueden hacerse quemaduras usando cerillas, cigarrillos encendidos o cuchillos calientes y otros pueden darse golpes, puñetazos o golpearse la cabeza contra una pared o puerta para sentir dolor físico.

¿Por qué un adolescente se autolesiona?

En algunos casos, detrás de las autolesiones se encuentra un trastorno mental severo, como los trastornos alimentarios, depresión, ansiedad generalizada o un trastorno límite de la personalidad. No obstante, en los últimos años este comportamiento se ha convertido fundamentalmente en una válvula de escape para el dolor emocional. De hecho, aunque no siempre estén asociadas a un trastorno mental grave, las autolesiones son un problema importante que debe ser tratado para evitar que el adolescente o joven siga haciéndose daño.

Cada caso es diferente, pero a menudo las autolesiones están relacionadas con dificultades en la regulación emocional; es decir, se trata de adolescentes o jóvenes que tienen problemas para gestionar sus estados afectivos ya que el dolor físico atrae su atención y los ayudan a aliviar la intensidad de las emociones negativas, al menos durante un tiempo.

Estos adolescentes tienen problemas para comprender y expresar sus emociones y sentimientos, en especial aquellos de valencia negativa, de manera que, al no contar con estrategias funcionales para hacerles frente, terminan autolesionándose.

También suelen tener problemas en las relaciones interpersonales, ya sea con los amigos o la familia. No cuentan con una red de apoyo compuesta por personas con las que se sientan lo suficientemente cómodos como para hablar de sus problemas. De hecho, en algunos casos las autolesiones pueden ser una manera de pedir ayuda y comunicar un malestar psicológico elevado.

En otros casos, las autolesiones podrían deberse al deseo de experimentar sensaciones intensas. De hecho, algunos adolescentes se hacen daño para sentirse “normales” cuando experimentan estados disociativos o se sienten desapegados de sí mismos o la realidad. También podrían ser una forma de autocastigo por las cosas que creen que han hecho mal, una conducta que contribuye a disminuir los sentimientos de culpa y el malestar que estos generan.

Circunstancias externas, como haber sufrido maltrato infantil y acoso escolar o provenir de una familia disfuncional también pueden desencadenar esos comportamientos autolesivos. Además, cabe destacar que en algunos casos también se produce un efecto imitación. Cuando en un instituto se produce un caso, es más probable que durante la hora siguiente se den hasta 10 más.

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¿Qué pueden hacer los padres?

Si eres padre o madre de un adolescente, la idea de que tu hijo se haga daño intencionalmente es difícil de comprender. De hecho, la reacción de pánico es habitual. Es comprensible que te sientas preocupado, abrumado o incluso enfadado. También es probable que tu primer impulso sea reprender a tu hijo y ordenarle que deje de hacerse daño.

Sin embargo, es importante que comprendas que probablemente tu hijo está tan asustado y desorientado como tú. Por eso, debes aceptar tus emociones y encontrar una manera asertiva de expresarlas, quizá buscando la comprensión de un amigo o la ayuda profesional de un psicólogo, para recuperar la serenidad.

Las críticas y las reacciones exageradas solo harán que tu hijo se distancie. Para evitarlo, debes mantener una comunicación abierta, sin juzgar. Pregúntale cómo se siente y por qué se lesiona. Si tu hijo se cierra y no quiere hablar del tema, ten paciencia y elige otro momento.

Recuerda que es posible que tu hijo se sienta avergonzado y le preocupe tu reacción o las posibles consecuencias. Alivia esas preocupaciones haciéndole preguntas y escuchándolo atentamente, sin sermones, castigos ni reprimendas. Intenta transmitirle tu preocupación, amor y tu voluntad de ayudarlo asumiendo una postura comprensiva y de apoyo incondicional.

En cualquier caso, recuerda que las autolesiones suelen ser la expresión de un problema. Es fundamental que indagues en lo que está provocando el deseo de lastimarse en tu hijo. También puedes apoyarlo buscando la ayuda de un profesional de la salud mental que le ayude a comprender qué le ocurre y le enseñe técnicas de autogestión emocional para que pueda lidiar con los problemas de una manera más asertiva.

Por último, puedes proponerle técnicas de afrontamiento más eficaces y saludables para liberar las emociones negativas que experimenta, desde pintar hasta practicar algún deporte, tomar un baño relajante o llevar un diario donde escriba sus sentimientos y pensamientos. También puedes animarlo a hablar sobre sus experiencias y emociones cotidianas. Si pone en palabras sus necesidades, decepciones y problemas, será menos probable que se lesione. Pasar tiempo juntos haciendo cosas divertidas y estar a su lado para tranquilizarlo y consolarlo cuando más lo necesite lo ayudará a superar esa fase.

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