5 cosas que aprenderás a la fuerza cuando tu madre se marche para siempre

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Cuando una madre se muere y se marcha para siempre, la cicatriz emocional que se queda en tu corazón será una marca que dure para toda la vida porque fue la herida más profunda que tu corazón ha tenido que soportar. Llegará un momento en la vida en que tendrás que sufrir una herida emocional profunda y dolorosa como ninguna otra… esa herida arrasará todo a su paso.

Cuando tu madre se marche para siempre, tu corazón se quedará roto en mil pedazos y tú ya no volverás a ser la misma persona. Sucede de un día para otro. Cuando tu madre muere, de repente el niño que tienes en tu interior desaparece junto con ella, porque ese niño se mantenía vivo gracias al calor de su regazo. El día que tu madre fallezca, tu corazón no volverá a recomponerse como lo hacía antes.

Solo el tiempo te permitirá cruzar el puente de dolor que dejó en ti su marcha, aprenderás a sobrevivir sin ella y a la fuerza, aprenderás algunas lecciones en la vida que solo se aprenden cuando una madre ya no está a tu lado.

1. La pena no es lineal

La pena no es lineal ni tampoco se expresa únicamente a través de las lágrimas. Alguien que amas te ha sido arrebatado y tu corazón se ha roto en pedazos. Es natural llorar, pero todos lloramos de manera diferente. El dolor aparece en ira, tristeza, culpa, miedo y, a veces, paz. Es impredecible y, a veces, agotador.

Puedes llorar en su muerte, en su funeral pero quizá no llores mucho en los años siguientes… quizá comiences a sentir miedo, rabia e ira y otras emociones relacionadas con la pérdida. La tristeza te golpeará como una tonelada de ladrillos de repente cuando te hablen de ella. Las etapas de duelo no son lineales…

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El día de la madre nunca será fácil, realizar tareas cotidianas cuando la necesites serán un duro reto a superar. Pensar en ella te traerá dolor de estómago porque la emoción dolorosa e intensa que sientes por querer abrazarla y no poder hacerlo te hará llorar al pensarlo. Tu dolor proviene de tu amor más profundo y tendrás que aprender a reconocer y aceptar el amor, el dolor y la pérdida para sobrevivir.

2. Jamás la podrás reemplazar

Nunca, en la vida, se puede reemplazar a una madre. Una madre es simplemente ELLA. Nadie puede reemplazar a tu madre. Amamos a nuestras madres de manera individual. Nuestras madres nos cuidan cuando estamos enfermos, nos guían en la vida de la mejor manera posible, nos escuchan y nos aman incondicionalmente. Para una madre, su hijo siempre es su primera prioridad. Y sentimos esto. Lo sentimos; lo sabemos, incluso si ella no lo dice.

Desde que naces tienes un vínculo inquebrantable con tu madre y ella te conoce desde el primer minuto de tu existencia. Jamás habrá alguien que pueda reemplazarla porque nadie habrá en el mundo que te ame de manera tan incondicional y profunda como lo hace ella.

Ver la alegría en sus ojos cuando sonreías delante de ella no lo encontrarás en otro lugar. Saber que sus brazos son tu hogar verdadero y que eso no cambiará mientras ella esté viva, eso es lo que significa el amor de una madre. No habrá calidez para ti que supere la calidez de su regazo. Ella siempre estaba para ti… siempre que la necesitabas mamá estaba a tu lado.

Quizá hoy busques el calor, la compasión y la amabilidad que tenía tu madre en otras personas, pero no lo encontrarás porque nadie tiene su voz y su fuerza en el carácter. Nunca habrá otra madre para ti porque ella es irreemplazable.

3. Habrá otras personas que te amarán, pero como ella, nadie

Habrán personas que te amarán con fuerza y otras personas que tú también amarás. No sabrán exactamente cuáles son tus necesidades y cómo atenderlas (como tu madre siempre sabía hacer), pero merece la pena comunicarse con ellas.

Es posible que tengamos que mirar a nuestro alrededor y darnos cuenta de que somos capaces de encontrar a las personas que realmente nos aman, ya que siempre hay alguien a quien amar y siempre habrá alguien que necesite tu amor. Tener a otros a quien amar también es maravilloso.

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4. El mundo no se parará por ti

Antes, cuando estabas mal el mundo de tu madre se paraba para atenderte. Ahora eso ya no pasa con nadie. La vida no hace pausa cuando estás mal ni tienes vidas infinitas. Solo tienes una vida y el mundo sigue girando a pesar de que te sientas mal.

La única manera de curarte ya no puede ser ir al regazo de tu madre, tienes que limpiar tus heridas y seguir hacia adelante. Tus problemas serán tuyos y de nadie más. Nadie se preocupará por tus problemas como si fuesen suyos, porque eso solo lo hacía tu madre.

5. Tardarás años en recuperarte un poco

Recuperarse de la pérdida dura años y nunca te recuperarás del todo, pero llegará un momento en el que encontrarás paz en tu interior. Cuando la tristeza y la desesperación quieran encerrarte, redirige tus pensamientos hacia otro lugar y cambia tu perspectiva para que la emoción negativa no se apodere demasiado de ti.

En tu vida aún hay cosas buenas y personas maravillosas. Tienes una infinidad de cosas para agradecer y tú eres quien tiene el control sobre tu vida. No te rindas, tu madre siempre te dará su fuerza a través de tu corazón. No la podrás tocar, pero la podrás sentir.

2 comentarios
  1. Carolina Ruiz
    Carolina Ruiz dice:

    Excelente reflexión, llega al alma del más insensato que la vida haya traído. Soy madre y aun mi madre está con nosotros, gracias a Dios.
    Dichosa de seguir brindando y recibiendo amor.

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