Dime cómo ejerces tu autoridad y te diré cómo serán tus hijos

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En el pasado, se pensaba que educar con “mano dura” era la única manera para lograr que los niños respetaran a sus padres. Hoy, muchos de los padres que fueron educados con esos cánones, han apostado por criar a sus hijos sin ponerles límites. Tanto un estilo como el otro son peligrosos, la autoridad mal ejercida puede ser tan nefasta como la permisividad extrema. La clave radica en encontrar un punto medio, en disciplinar con amor.

El castigo como herramienta educativa

Hace tiempo, la autoridad se ejercía a golpe de castigo. Los padres aplicaban las normas del conductismo clásico, castigando duramente los malos comportamientos. Así se conseguía que los niños fueran obedientes.

Sin embargo, en muchos casos esa obediencia no provenía de una auténtica interiorización de las normas sino del miedo al castigo. Con las amenazas y el castigo no se logra que los niños comprendan la importancia de las reglas y los límites, solo se ponen barreras que los niños están deseosos de saltar apenas tengan la oportunidad. Por eso, cuando se aplica una disciplina militar en casa, los niños aprovechan la ausencia de los padres para infringir las normas.

Los castigos, amenazas o incluso la violencia física para imponer la autoridad pueden terminar creando una personalidad débil y vulnerable, con una autoestima frágil, por lo que ese niño no sabrá defenderse y es más probable que sufra pasivamente el acoso escolar.

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En el extremo opuesto encontramos a los niños que se vuelven desafiantes, que desobedecen continuamente las normas y desarrollan una relación conflictiva con las figuras de autoridad como los propios padres, maestros y representantes del orden en todos los niveles. Esos niños tienen más probabilidades, al crecer, de tener problemas legales.

La ausencia de límites

Hoy por hoy, muchos padres han asumido un estilo educativo opuesto cayendo en una crianza extremadamente permisiva. Estos progenitores piensan que los niños deben crecer sin límites, confundiendo la libertad con el libertinaje.

El problema de la falta de normas es que los niños terminan confundidos pues en realidad necesitan al menos unos límites básicos que les permitan darle un sentido al mundo y saber qué se espera de ellos. Los niños que crecen sin límites sienten que caminan sobre arenas movedizas ya que no tienen un marco de referencia al cual aferrarse. Un pequeño sin límites probablemente se convertirá en una persona insegura y ansiosa, con escasa tolerancia a la frustración.

De hecho, muchas veces estos niños se convierten en pequeños tiranos, desarrollan rasgos narcisistas y egocéntricos, poniendo en jaque a los padres, quienes no saben cómo disciplinarlos cuando determinados comportamientos se les escapan de las manos. En muchas ocasiones, en la base de los problemas de conducta infantiles y el trastorno oposicionista desafiante se encuentra precisamente la falta de límites y autoridad por parte de los padres.

El necesario punto medio para ejercer la autoridad

Entre los padres maltratadores y los hijos tiránicos existe un saludable punto medio que garantiza un adecuado desarrollo psicológico para los niños y una buena convivencia familiar.

Para educar con autoridad, es necesario establecer una serie de límites que le brinden estabilidad al niño, pero también es importante asegurarse de que, a medida que el pequeño crezca, comprenda la importancia de esas normas.

Con los niños mayorcitos se puede dialogar. Algunas normas y límites no son negociables, pero en vez de imponerlos, es mucho mejor que los niños los comprendan ya que de esta manera también se está potenciando el sentido de la responsabilidad. De hecho, el fin último de la autoridad no es simplemente lograr que los niños obedezcan sino enseñarles a regular su comportamiento, lograr que sean capaces de autodeterminarse y sean disciplinados.

En cualquier caso, el ejercicio de la autoridad siempre debe hacerse desde el respeto a la persona. Se puede disciplinar desde el amor, la empatía y el respeto. Con esta idea como baluarte, el niño también estará más dispuesto a aceptar la autoridad.

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