Si realmente le quieres, no le des todo a tu hijo

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Como padres, es natural que queramos ver sonreír a nuestros hijos todo el tiempo. Su sonrisa nos llena de júbilo. Pero si realmente quieres a tus hijos, es fundamental que no les des todo, porque entonces estarás entorpeciendo su buen desarrollo. Es más, hay veces que las rabietas enseñan mucho tanto a los niños como a los padres, aunque eso signifique no complacer todo lo que ellos quieren. Si lo haces, estarás haciendo que su futuro sea demasiado oscuro… ¡y si lo piensas bien no querrás eso!

Ya no solo estamos hablando del síndrome del Emperador que puede ocurrir en los niños cuando se tiene una crianza demasiado permisiva… estamos hablando de que si como padres, les damos a los hijos todo lo que piden, les estarás afectando demasiado y a la larga, te arrepentirás de haberlo hecho y no haber parado a tiempo.

El adulto malcriado

Cuando un adulto es malcriado y no acepta un no por respuesta o tiene un nivel de frustración tan baja que solo siente ansiedad en su día a día, es causa de su infancia. Ocurre porque en su infancia no se le atendieron las emociones cómo necesitaba y era más fácil darle todo para evitar rabietas que realmente hacerle comprender mejor lo que sentía a través de la Inteligencia Emocional.

Un adulto malcriado también tiene más probabilidades de ser un adulto violento, sin empatía y que solo quiere conseguir sus metas sin importarle nada lo que los demás puedan sufrir. La infancia nos marca cómo somos en la vida adulta. Si tienes hijos pequeños, es necesario que aprendas a decirles que no a tiempo aunque suponga un momento de conflicto.

Estos momentos de conflictos, si se gestionan desde el respeto y el amor profundo que se siente por los hijos, serán una herramienta muy eficaz para un buen desarrollo infantil. Los niños tienen que aprender a lidiar con las emociones que les hacen sentir mal, con las negativas y sobre todo, con no obtener todo lo que quiere en cada momento.

En cambio si obtiene todo lo que quiere, en el futuro mostrará conductas agresivas tanto a nivel físico como emocional. Esto es muy peligroso para su desarrollo en todos los aspectos.

Un niño que no se le permite madurar

Cuando a un niño se le da todo lo que quiere a la menor provocación, no podrá madurar correctamente acorde a su edad. No sabrá conseguir las cosas por su propio mérito ni tampoco valorará lo que tiene. No será una persona agradecida porque sentirá que todo lo que quiere debe cumplirse y los demás deben velar porque así sea, sentirá que es el centro del universo y que los demás, son sus súbditos.

Cuando crezca buscará personas en su entorno que le den todo como hicieron sus padres, siendo una persona exigente con los demás, hasta el punto de estar inmerso en relaciones tóxicas y abusivas. Esto por supuesto, hará que las relaciones interpersonales sean escasas y las pocas que tenga, altamente perjudiciales.

Un niño que se le ha dado todo en la infancia no podrá encontrar la felicidad en su vida adulta porque no sentirá satisfacción por nada. De forma inconsciente nada podrá hacerle feliz porque siempre querrá más de lo que tiene en su presente… sin valorar nada ni a nadie.

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Se necesita disciplina

Por todo esto resulta tan importante la disciplina en la infancia, para que los niños aprendan a tolerar la frustración y que crezcan con una estabilidad emocional correcta. Un adulto que fue un niño malcriado será un adulto fracasado, que no sabrá cómo afrontar las adversidades de la vida y esperará que otros le solucionen los problemas, porque no tendrán las herramientas necesarias para gestionar su propia vida.

Sin disciplina un niño crecerá y se convertirá en un adulto dependiente y emocionalmente inestable. En cambio, cuando un niño es querido y se le ponen los límites adecuados para una buena crianza dentro de la disciplina positiva, entonces crecerá siendo un adulto emocionalmente estable, independiente y con buena tolerancia a la frustración.

Para que los niños tengan un buen desarrollo es importante que se les nieguen algunas cosas de vez en cuando. Siendo coherente con las decisiones que tomamos como padres y haciéndoles entender que no siempre se puede tener aquello que se reclama, por mucho que se desee en un momento determinado.

Como padres, deberemos mantenernos firmes en las decisiones que tomemos. No hay que darle a los niños mensajes confusos en la educación. Necesitan estabilidad emocional, coherencia, seguridad, límites, normas y sobre todo, saber qué se espera de ellos a cada momento, con rutinas establecidas en el hogar.

Si realmente quieres a tus hijos y deseas que crezcan emocionalmente estables y se conviertan en adultos de éxito, tienes que reflexionar bien qué tipo de crianza estás ofreciéndoles, y modificar aquello que sea necesario por su bien en el presente y en el futuro.

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