El cambio de hogar frecuente en la infancia lleva a la infelicidad en la vida adulta

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No es un misterio que la infancia es la etapa más importante de las personas. Aunque la genética tiene un gran papel en el desarrollo de la personalidad y las habilidades para la vida de una persona, el entorno y las figuras de apego son esenciales para que un niño crezca siendo feliz o no… Las características que tiene el hogar son por lo tanto, esenciales para la formación de una personalidad saludable en los niños o por el contrario, de una personalidad fragmentada y en muchos casos, tóxica.

Según un estudio realizado por Shigehiro Oishi y Ulrich Schimmack, un hogar inestable aportará infelicidad a las personas en la vida adulta. Parece ser que cuando los niños no tienen un lugar permanente para su crecimiento, su personalidad se ve afectada y su bienestar emocional, también. Tanto es así que esa inestabilidad emocional hará que los niños sientan infelicidad cuando lleguen a su vida adulta.

El estudio de Shigehiro Oishi y Ulrich Schimmack

Dentro del estudio se realizaron 7.108 entrevistas a adultos, que de niños se habían mudado de domicilio con cierta frecuencia (por ejemplo, porque sus padres cambiaban de trabajo). El estudio duró 10 años y dejó claro que existe una correlación fuerte entre el cambio frecuente de casa y una disminución del bienestar psicológico, la satisfacción con la vida y la frecuencia de relaciones personales significativas en la vida adulta.

Por tanto, existe un vínculo claro entre el hogar, el cerebro y la felicidad. Si el hogar, que es el refugio físico y emocional, es inestable, el interior de la persona se convierte también en inestable… Pero no a todos les afecta igual.

Introvertidos y extrovertidos

Pero, lo más curiosos del estudio es que el hecho de que las mudanzas frecuentes vuelvan inestables a las personas a nivel emocional no afectaba a todos por igual. Las personas introvertidas tendían a sentir estos cambios inestables en su interior, mientras que las personas extrovertidas no lo sentían así, ellos se podían adaptar mejor a las circunstancias y sacar el lado bueno de las cosas.

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No significa que las personas introvertidas sean pesimistas, ni mucho menos, sino que el cambio en sí del hogar quizá no sea lo que realmente afecte a las personas. En el estudio se pensó que para las personas introvertidas, estos cambios suponían romper las relaciones que tenían establecidas con otras personas y que debían iniciar otras nuevas, algo que les resulta complicado hacer. No por timidez, sino porque son persona que les gusta disfrutar de su soledad y permitir que otros entren en su mundo, es un proceso largo. Eso sí, las personas introvertidas saben disfrutar también de las relaciones interpersonales.

Estos estudios por tanto, indican que el cambio de hogar en la infancia es un factor de riesgo para todas las personas pero que la extroversión puede ser un factor positivo para tener mayor bienestar emocional con el cambio de residencia habitual en la infancia.

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