5 claves que siempre debes recordar cuando tienes un hijo con TDAH

Se puede convivir con el TDAH y ser feliz en familia

Ser padres es una de las cosas más bellas que puede sucedernos en la vida, pero también es una tarea compleja que implica una enorme responsabilidad. Sin embargo, no somos súper padres, tan solo intentamos educar a los niños lo mejor posible. Por eso, en ocasiones lidiar con los problemas de casa, el trabajo, las dificultades económicas y las rabietas del niño es simplemente agotador. Esto se complica aún más si el niño sufre TDAH. Sin embargo, incluso en los momentos de mayor tensión debemos aprender a controlar nuestras emociones, ya que, después de todo, no podemos olvidar que somos su modelo a seguir.

Aprender a centrarse en lo positivo y dejar ir las culpas

1. Tu hijo no viola las normas intencionadamente

Un niño con TDAH no se comporta de manera agresiva, ni se salta su turno o responde abruptamente a propósito. Un niño con hiperactividad no actúa de esa manera porque quiere sino porque no puede responder de forma diferente. El TDAH es un trastorno neurobiológico y una de sus principales características es precisamente la dificultad para inhibir ciertas conductas de manera voluntaria. De hecho, en muchos casos es el propio niño quien sufre las consecuencias más graves de sus conductas disruptivas. Por tanto, no la tomes con él, ten paciencia.

2. La relación con tu hijo va mucho más allá de su TDAH

A veces, cuando un niño es diagnosticado con TDAH, se le colocan algunas etiquetas, consideramos que se trata de un pequeño intranquilo, revoltoso e incapaz de concentrarse. Sin embargo, debemos aprender a ver más allá de su conducta hiperactiva. Los niños con este trastorno también tienen muchas cualidades positivas: quieren a sus padres, se arrepienten de su comportamiento disruptivo, son más creativos y se esfuerzan por mejorar. Por tanto, cuando sientas que estás a punto de perder la paciencia, enfócate en las cualidades positivas de tu hijo y en su esfuerzo por mejorar.

Claves que siempre debes recordar cuando tienes un hijo con TDAH

3. No tienes la culpa de que tu hijo tenga TDAH

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo, lo cual significa que en la mayoría de los casos existe un componente genético y un funcionamiento diferente a nivel cerebral. Por tanto, no se trata de un trastorno causado por una “mala educación”, aunque es cierto que la falta de reglas en el hogar y determinadas situaciones, como un divorcio traumático o la llegada de un nuevo miembro a la familia, pueden agravar los síntomas. Sin embargo, si en verdad quieres ayudar a tu hijo, debes dejar de sentirte culpable porque esos sentimientos no son positivos para nadie, ni para ti ni para el pequeño.

4. Tienes derecho a sentirte angustiado y desesperado

Como padre, tienes la obligación y la responsabilidad de cuidar a tu hijo e intentar ofrecerle las mejores estrategias para lidiar con el TDAH. Sin embargo, no puedes pasar por alto que además de padre, también eres un ser humano. Por tanto, tienes el derecho a sentirte angustiado, desorientado y desesperado, se trata de una reacción emocional completamente normal que no te convierte en mejor o peor padre. También es natural que necesites un poco de tiempo para aprender a manejar determinadas situaciones y que quizá tengas que acudir a un especialista que te ofrezca las herramientas necesarias para lidiar con el TDAH de tu hijo.

TDAH familia

5. Ten en mente todo lo que habéis avanzado juntos

Ningún tratamiento psicológico es lineal, es normal que haya retrocesos y que a veces tengas la sensación de que el niño no avanza, aunque en realidad solo forma parte de su recuperación. Por tanto, la próxima vez que te sientas incapaz o que la situación desborde tus recursos, toma distancia psicológica y céntrate en esos pequeños avances que con tanto sacrificio habéis logrado juntos. Es probable que en aquellos momentos también te sentías agobiado pero, aún así, ambos pudisteis encontrar una forma de salir adelante y resolver el problema. Si en el pasado ya lo habéis hecho, ¿por qué ahora no?

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