No es ‘cosita’, ni es ‘guau’, ni ‘chicha’, ni ‘caca’…

La importancia de llamar a las cosas por su nombre

La importancia de llamar a las cosas por su nombre

Los padres desde que los niños nacen suelen poner nombres extraños a las cosas solo por evitar llamarlo por su nombre o simplemente por costumbre. Esto, aunque parezca inofensivo en primera instancia puede generar mucha frustración en los niños a medida que crecen, se desarrollan y mejoran su lenguaje.

Las cosas por su nombre

No es caca, es suciedad. No es guau, es perro. No es miau, es gato. No es chicha, es carne. No es cosita, es pene. No es chichi, es vulva. Son algunos de los ejemplos que los padres utilizan cuando hablan con los niños, pero la lista podría ser interminable. Esto solo complica el desarrollo del lenguaje del niño, porque crecen y después tendrás que enseñarles correctamente cómo se dicen las cosas, ¿o se pasará el resto de su vida llamando ‘guau’ a los perros?

Cuando un padre se acerca corriendo a su hijo a quitarle lo que tiene en las manos porque es suciedad del suelo, dirá, ‘deja eso, es caca’. Pero el niño se mirará la mano y verá que en sus manos no hay caca real, ni de perro ni humana, simplemente es otra cosa y no entiende por qué su padre o madre dicen que lo que tiene en las manos es caca. Yo tampoco lo entiendo. Si tu hijo tiene suciedad le dices que lo deje porque eso no se toca, o si coge basura, le dices que eso es basura y que lo suelte inmediatamente porque eso no se toca. Pero, ¿caca? A no ser que haya cogido una caca de perro del suelo, que eso ya entonces… Sí será caca, o heces, como prefieras llamarlo.

Si no quieres confundir, llama a las cosas por su nombre

Sin confusiones habrá mejor lengua

Los niños necesitan que desde siempre se les llame a sus cosas por su nombre. A las niñas su vulva es vulva y a los niños el pene es pene. Y no os tenéis que ruborizar por decirlo porque ese es su nombre y hay que normalizar el nombre de las cosas. Los niños deben entender que cada cosa tiene un nombre, sin dramas ni nombres extraños.

Si toca algo del suelo le dices que lo deje que eso está sucio, pero no le digas que es caca. ¿Entonces cuando aprenda a hacer caca cómo diferenciará que lo que él hace es caca? ¿Y por qué no tiene la misma forma que las cosas que le dices que hay en el suelo? No, no tiene sentido.

Por todo esto, a partir de ahora no uses diminutivos, ni palabras raras, ni inventadas para llamar a las cosas. No confundas a tus hijos ni les hagas creer que las cosas tienen otro nombre, porque no es así. Permite que desde siempre aprendan a llamar por su nombre a las cosas, porque para algo están.

Recuerda un frase que dijo Confucio: ‘El comienzo de la sabiduría es llamar a las cosas por su nombre’.

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