Los mimos: educar a los niños con amor

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Muchos padres piensan que si miman demasiado a sus hijos, estos terminarán convirtiéndose en niños consentidos. Hay quienes van un paso más allá y casi nunca lo hacen para evitar malcriarlos. Sin embargo, en realidad se trata de un mito ya que los niños no se malcrían por prestarles la atención que necesitan, abrazarlos cuando se sienten inseguros o demostrarles cariño a través de los mimos. Esas muestras de afecto son esenciales para el desarrollo infantil e imprescindibles para estimular su autoestima y generar un apego seguro.

¿Por qué los niños necesitan que les mimen?

Los primeros años de vida de un niño son fundamentales para su desarrollo emocional. Si de pequeño sus padres se mantienen distantes, no le abrazan con frecuencia, ni le dicen que le quieren o le miman, crecerá pensando que el mundo es un lugar hostil, por lo que es probable que se convierta en un adulto inseguro, dependiente, con una baja autoestima e incapaz de amar a quienes le rodean. De hecho, un estudio realizado en más de 10.000 niños encontró que cuando un pequeño no desarrolla un apego seguro tiene un riesgo más elevado de desarrollar conductas hiperactivas y agresivas en la juventud.

En cambio, si los padres están al tanto de las necesidades emocionales de su hijo y le brindan amor desde pequeño, ese niño se convertirá en un adulto seguro y capaz de regular de forma asertiva sus emociones. Al respecto, una investigación publicada en la revista Current Biology encontró que las caricias, los mimos y, sobre todo, la cercanía física de los padres son un remedio excelente para calmar a un niño cuando está intranquilo y brindarle una mayor sensación de seguridad. Esto porque cuando un pequeño está cerca de sus padres y se siente querido experimenta una reducción de su frecuencia cardíaca, a la vez que disminuye la actividad de su sistema nervioso, lo que hace que se relaje rápidamente.

Cuando el niño crece en un ambiente de amor, en el que los abrazos, las palabras de afecto y los mimos son el pan cotidiano, se siente seguro y aceptado, la base para desarrollar un apego seguro, una autoestima adecuada y una personalidad auténtica. Así, se convertirá en un adolescente capaz de descubrir el mundo por su cuenta, de relacionarse de forma asertiva con quienes le rodean y de gestionar sus emociones de forma desarrolladora.

Educar con amor

3 claves para educar con mimos a niños respetuosos

Para educar a un niño no basta disciplinarlo y proveerle de todo lo que necesita, también es importante enseñarle a amar. Por eso, los mimos y los abrazos en un ambiente de respeto no malcrían sino que educan en el amor y la amabilidad. He aquí, algunas claves para mimar a tu hijo y enseñarle a la vez, a ser respetuoso.

1. Utiliza siempre un lenguaje cariñoso

Cuando utilizas un lenguaje cariñoso mimas a tu hijo. Se trata de otra forma de hacerle saber que le quieres, incluso cuando su comportamiento no sea el más adecuado. Por ejemplo, en vez de decirle: “te has portado mal, eres un niño malo” puedes decir, “no olvides que te quiero mucho, pero eso que has hecho no ha estado bien”. De esta manera, no supeditas tu amor a sus logros o fracasos y le haces saber que suceda lo que suceda siempre podrá contar contigo.

2. Convierte las muestras de afecto en un hábito

Cuando las muestras de afecto se convierten en un hábito, el niño no se aprovecha de los besos y abrazos para manipular a sus padres. Por eso, una estrategia excelente para mimar a tu hijo consiste en instaurar los besos, abrazos y las caricias como una costumbre en el hogar. Por ejemplo, puedes fomentar el hábito de dar un beso cada día al levantarse, al acostarse y al despedirse, dar las “gracias”, los “buenos días” y las “buenas noches” y decir “te quiero” con más frecuencia.

3. Nunca niegues un abrazo o un beso

En el hogar, las muestras de cariño no deben estar sujetas a condiciones, tanto el niño como sus padres deberían poder abrazar o besar a su familia cada vez que quieran. Obviamente, no se trata de colmar al niño de besos y abrazos si ha hecho algo mal, pero tampoco se deben negar las muestras de cariño como si se tratase de un castigo. A veces, cuando el niño menos merezca un abrazo será cuando más lo necesite.

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