Salud

La prueba del ombligo, un test casero para saber si estás embarazada

La prueba del ombligo: una antigua tradición casera para detectar el embarazo y los cambios que experimenta el ombligo durante la gestación.

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Jennifer Delgado

Jennifer DelgadoEducadora, psicóloga y psicopedagoga

En la actualidad los test caseros de embarazo siguen siendo una de las opciones a las que recurren muchas mujeres para conocer si están embarazadas. ¿A cuántas mujeres no les ha podido más la curiosidad y han terminado echando mano a la sabiduría popular para descubrir si estaban embarazadas? Y es que resulta muy tentador recurrir a este tipo de pruebas cuando piensas que podrías estar gestando, pero aún no tienes el tiempo suficiente como para hacerte un test de embarazo. De hecho, existen muchísimas pruebas caseras de embarazo, casi tanto como culturas existen. Sin embargo, una de las preferidas por muchas mujeres en España es la prueba del ombligo.

La prueba del ombligo, también conocida como el test del dedo, es muy antigua. Se remonta mucho antes de que existiesen las pruebas de embarazo modernas y sienta su base en los cambios que ocurren en el ombligo durante la gestación. De manera que cuando se sospechaba que una mujer podía estar embaraza, acudía a sus madres o mujeres de confianza para realizarse esta prueba y descubrir si estaba esperando realmente un hijo.

¿En qué consiste la prueba del ombligo?

La prueba del ombligo es uno de los test de embarazo más sencillos y fáciles de hacer. Para llevarla a cabo lo único que se necesita hacer es introducir el dedo en el ombligo de la mujer. De manera suave y con especial cuidado para no dañar el ombligo, se recomienda hundir levemente el dedo y prestar atención a la reacción del ombligo.

Si se siente que el ombligo hace un ligero movimiento como si quisiera salir, la mujer está embarazada. En cambio, si el ombligo se mantiene en su sitio y no hace ningún movimiento, significa que no está esperando un hijo. Un resultado estrechamente relacionado con los cambios que experimenta el ombligo de la embarazada a medida que avanza la gestación y que, en algunos casos, puede llegar a predecir si una mujer espera o no un hijo, incluso antes de que esté preparada para realizarse un test de orina o sangre.

¿Es realmente fiable esta prueba de embarazo casera?

Aunque la sabiduría popular avala esta prueba de embarazo casera, lo cierto es que no existe evidencia científica que pueda corroborar su eficacia. Se cree que su origen está relacionado con los cambios que experimenta el ombligo de la mujer durante el embarazo, el cual tiende a abultarse y sobresalir, explicando precisamente la respuesta que se espera en la prueba. 

Sin embargo, lo cierto es que las transformaciones que sufre el ombligo durante la gestación en realidad comienzan a manifestarse mucho después, alrededor del tercer mes de embarazo, cuando la barriga empieza a crecer y ya es evidente que la mujer está encinta. De ahí que muchas de las mujeres que optan por esta prueba de embarazo en realidad solo la usen como un juego para corroborar o no la creencia popular. 

No obstante, vale destacar que esta prueba podría ser útil en algunos casos. Se conoce que las mujeres, sobre todo las que ya han tenido gestaciones previas, pueden empezar a notar los cambios en el ombligo desde las primeras semanas de embarazo. De manera que con la prueba del ombligo podrían saber si están esperando un hijo incluso antes de hacerse el clásico test de embarazo.

Los cambios en el ombligo que podrás notar durante el embarazo

Durante la gestación la mujer experimenta muchísimos cambios en su cuerpo. El ombligo no es la excepción. El ombligo, que no es más que la cicatrización que se forma en el vientre tras caerse el cordón umbilical, empieza a cambiar alrededor del segundo y tercer trimestre de embarazo, intensificando estas transformaciones a medida que la gestación avanza. Algunos de los cambios más habituales en la mayoría de las mujeres incluyen:

Abultamiento del ombligo

A medida que avanza el embarazo, la mayoría de las mujeres empiezan a notar cómo su ombligo comienza a abultarse y “sale hacia afuera”. Esto se debe a que el saco amniótico donde se encuentra el bebé empieza a ejercer presión sobre los órganos del abdomen, haciendo que esta cicatriz que de manera habitual se encuentra escondida empiece a abultarse y sobresalga del vientre materno. Por lo general, no es un proceso doloroso, pero puede resultar incómodo sobre todo cuando roza con la ropa.

ombligo embarazada

Molestias y/o dolor en la zona

Durante el embarazo algunas mujeres pueden llegar a experimentar ciertas molestias o incluso dolor en el ombligo. Por lo general, no está relacionado con su abultamiento, sino al desarrollo de una hernia umbilical que aparece a partir de la segunda mitad de la gestación como resultado del aumento de tamaño del útero y su presión sobre la zona abdominal. En estos casos, es habitual que las mujeres presenten molestias habituales en el ombligo y lleguen a sentir dolor cuando realizan tareas que requieren un mínimo de esfuerzo.

Picor mantenido

Otros de los problemas en el ombligo más comunes durante el embarazo es la presencia de picor en la zona. Por lo general, esta picazón está relacionada con la sequedad de la piel del ombligo como resultado de los cambios hormonales, vasculares y metabólicos que está experimentando la mujer. El síntoma mejora tras la hidratación de la zona, por lo que no suele generar una gran incomodidad. Sin embargo, en algunos casos el picor puede deberse a una posible infección por hongos, en cuyo caso es importante acudir al médico para tratarlo lo antes posible. 

Vale destacar que en algunos casos también es posible que se produzca una especie de “hundimiento plano” alrededor del ombligo, haciendo que este sobresalga más de la cuenta. Es lo que se conoce como diástasis de rectos y se debe a la separación en dos del músculo recto mayor del abdomen, lo cual deja una especie de “hueco” alrededor del ombligo. Es importante señalar que tanto este como el resto de cambios que se producen en el ombligo durante el embarazo suelen desaparecer con el curso de las semanas tras dar a luz, por lo que las gestantes no deberían preocuparse.

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