Cuál es el tono de voz perfecto para disciplinar a tus hijos

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¿Cuántas veces has disciplinado a tus hijos y has usado un tono de voz tan firme que parecía demasiado amenazante? Quizá en el momento “caliente” no te diste mucha cuenta, pero después al reflexionar sobre lo que ha pasado con tu hijo te hayas dado cuenta de que quizá sí, tu tono de voz ha sido demasiado agresivo. El tono de voz que utilices es muy importante, por lo que debes tenerlo en cuenta la próxima vez que quieras disciplinar a tus hijos.

Muchos padres usan una voz severa mientras disciplinan, pero un tono empático y comprensivo es en realidad más efectivo. La clave es ser genuino al respecto… y hablar siempre desde el corazón.

Firmeza o delicadeza

La disciplina es una de las partes más difíciles de la paternidad, en parte porque amamos a nuestros hijos y no queremos verlos sufrir. A veces, en un esfuerzo por protegerlos de las emociones negativas, los padres son demasiado permisivos. Estos padres realmente no disciplinan en absoluto. Lamentablemente, los niños sin estructura y consistencia suficientes crecen para estar menos equipados para manejar la edad adulta.

Muchos padres se dan cuenta de la necesidad de disciplinar a sus hijos. Entienden que mantener a los niños con expectativas de comportamiento es parte de ser un padre efectivo. Sin embargo, estos padres a menudo interpretan que eso significa que deben usar una voz severa o incluso gritarles a sus hijos al corregir su conducta… y nada más lejos de la realidad.

En realidad, gritar o hablar con un tono áspero no es la mejor manera de disciplinar. Teniendo en cuenta que “disciplina” significa “enseñar”, considera el hecho de que este enfoque realmente inhibe la capacidad de un niño para aprender. Los niños que están siendo reprendidos se cierran emocionalmente. Si das órdenes o das una consecuencia con tu ‘voz severa’, sus cerebros comenzarán automáticamente a pelear o huir. Esto causará una gran resistencia emocional.

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Ten un enfoque empático en la disciplina

¿Recuerdas a los padres permisivos de los que hablamos antes? Estos padres no quieren ver a sus hijos pasar por experiencias negativas. Claramente, este enfoque no es el correcto, pero echemos un vistazo más profundo a su motivación. Los padres sufren cuando sus hijos lo pasan mal. En lugar de abandonar todas las reglas, lo que lleva a más daños en el futuro, y en lugar de “actuar severamente”, lo que no es efectivo… es mejor centrarse en otro enfoque.

Dar consecuencias con un tono empático es lo ideal. Eso significa que tu voz tiene que ser tranquila y proceder de un lugar de amor y comprensión. Muestra a tu hijo que le quieres con todo tu corazón mientras le estás disciplinando. No hay necesidad de ser permisivo, pero tampoco de ser demasiado duro. El mundo ya es duro por sí mismo y tú eres el refugio y la guía para tus hijos.

Permite que tu hijo enfrente las consecuencias naturales al mismo tiempo que sabe que estás a su lado para ayudarle. En pocas palabras: deja que las consecuencias hablen por sí mismas. Mantente fiel a tus límites mientras hablas en un tono amoroso y empático.

¿Y si mis hijos solo me hacen caso si me enfado?

Muchos padres piensan que sus hijos solo les hacen caso si se enfadan y usan una voz seria y contundente. Estos padres pueden tener problemas para suavizar su tono, porque un tono duro es muy efectivo. Hay algunas cosas a considerar aquí… Primero, si siempre gritas, siempre tendrás que gritar. Continuar confiando en un cierto volumen o tono de voz en realidad enseña a tus hijos para que solo escuchen cuando gritas, y esto te va a desgastar emocionalmente. Saben que no quieres decir lo que dices hasta que estás gritando.

A continuación, una “voz dura” podría funcionar a corto plazo, pero falla a largo plazo. A medida que tus hijos crecen, quieres que confíen en ti y permanezcan abiertos a tus consejos.

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