Si los padres no respetan a los profesores, los hijos tampoco lo harán

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Los niños y niñas aprenden todos los valores desde el hogar y el respeto hacia los profesores no es una excepción. No sorprende cuando un padre va a hablar con un profesor y le falta el respeto al profesional. Entonces todo encaja, ya se entiende por qué el alumno tiene un mal comportamiento en clase o por qué no es capaz de respetar a la autoridad educativa entre las cuatro paredes.

La falta de respeto

Hasta no hace mucho, era bastante habitual que los alumnos se dirigiesen a sus maestros con una barrera emocional entre ellos que se veía reflejada en el lenguaje. Los alumnos hablaban a sus profesores de usted, sin tutearles. Incluso se ponían de pie cuando el profesor entraba en clase. Quizá solo es lenguaje para ti, pero en realidad era una forma de respeto hacia la autoridad… y esto se está perdiendo.

Fue en 2009 cuando se decidió en España poner tarimas en las aulas para elevar al profesor y que pudiese tener una mejor visión de la clase y que de esta manera no tuviera que mandar callar tantas veces, pero esto no infundió autoridad y todo siguió igual. Las asignaturas que se incluyeron en el currículum como “Educación para la ciudadanía” tampoco dieron los resultados esperados. Lo que es necesario es recuperar esos valores básicos, y no se conseguirá si no se hace desde casa por muchas medidas que se tomen en los centros educativos.

La autoridad no es autoritarismo

Los docentes no deben permitir las faltas de respeto de ningún tipo, y darse cuenta de que aunque haya horizontalidad entre alumnos y profesores también hay roles que no se deben olvidar entre ellos, unos roles que se deben cumplir y unas líneas imaginarias que no se deben sobrepasar.

Hasta no hace tanto, cuando se estudiaba los profesores no eran accesibles y no habían tutorías, no había flexibilidad, no habían segundas oportunidades. Para respetar no hay que ser “colegas”, puesto que el “colegueo” aunque parezca mejor al principio, normalmente acaba en una falta de respeto demasiado grande que no beneficia en absoluto ni al profesor ni al alumnado.

Una sociedad más permisiva

Sin darnos cuenta parece que la sociedad se ha vuelto más permisiva. El alumno insulta al profesor y no pasa nada, incluso han llegado a agredir y no pasa nada. En cambio, si el profesor hace cualquier cosa, entonces las consecuencias pueden ser incluso la cárcel. Tanta sobreprotección al alumno le está perjudicando… y en muchas ocasiones se traduce en acoso al profesorado.

En esta sociedad permisiva se permite la violencia de baja intensidad que no tiene agresión física pero sí hay desprecio diario. Si los alumnos no respetan la autoridad en sus casas, no respetan a sus padres… tampoco respetarán a nadie fuera del hogar. Y también, si en casa no se respeta a la figura del profesor y se habla despectivamente de su trabajo, los hijos aprenden esto y luego lo exteriorizan en las aulas.

Es culpa de la sociedad permisiva, los jóvenes en realidad no tienen culpa de esta falta de respeto puesto que ellos hacen lo que ven.

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