Depresión infantil

Causas y síntomas de la depresión infantil

Depresión infantil

Solemos pensar que la infancia es una etapa llena de felicidad, alegría e inocencia. Creemos que los niños no tienen preocupaciones, que se mantienen al margen de la tristeza y, por ende, de la depresión. Sin embargo, un estudio realizado en la Universidad de California y publicado en la Journal of Experimental Child Psychology demostró que las preocupaciones y los miedos de los niños son mucho más intensos de lo que piensan sus padres.

Como resultado, la depresión infantil suele pasar desapercibida, se esconde para crecer lentamente hasta llegar a convertirse en un verdadero problema. De hecho, la propia Psicología negó durante años que los niños pudiesen sufrir depresión. Aunque más tarde surgió la teoría de la depresión enmascarada, que afirmaba que se trata de un trastorno latente que puede manifestarse de diferentes formas. Hoy sabemos que aproximadamente el 3% de los niños de entre 9 y 10 años sufre depresión, cifras que se disparan durante la adolescencia.

La buena noticia es que cuando la depresión se detecta a tiempo, es posible frenar su avance. Por tanto, es fundamental que los padres se mantengan atentos al comportamiento y el estado de ánimo de sus hijos, aunque sean pequeños pues la depresión podría estar acechándoles.

¿Cuáles son los síntomas de la depresión infantil?

  • Estado de ánimo triste o melancólico: el niño se muestra triste y desdichado, a menudo está de malhumor, se enfada fácilmente o se muestra hipersensible y rompe a llorar por cualquier cosa. En ocasiones aparece un negativismo, por lo que resulta muy difícil de complacer.
  • Comportamientos agresivos: el pequeño comienza a presentar problemas en sus relaciones interpersonales, discute a menudo con sus amigos del colegio o sus hermanos y muestra poco respeto hacia las figuras de autoridad, como los padres y los maestros.
  • Concepto negativo de sí mismo: ya sea de forma verbal o a través de sus comportamientos, el niño deja entrever que se siente inútil, incapaz o feo.
  • Alteraciones del sueño: sus hábitos de sueño cambian y comienza a padecer insomnio, casi siempre debido a despertares a mitad de la noche. Cuando logra dormir, su sueño es inquieto por lo que no logra descansar y tiene dificultades para levantarse al día siguiente.
  • Bajo rendimiento escolar: presenta dificultades para concentrarse, pierde el interés por las actividades escolares y comienza a sacar malas calificaciones. En algunos casos se puede apreciar un rechazo a asistir a la escuela.
  • Disminución de la socialización: el niño tiende a aislarse, se separa de su grupo habitual y ya no muestra interés por los juegos que antes compartía con sus coetáneos.
  • Síntomas físicos: es común que aparezcan dolores de cabeza, problemas gastrointestinales, sensación de fatiga y variaciones en el peso corporal.
Depresión infantil

¿Por qué aparece la depresión infantil?

La depresión, en sentido general, es un trastorno multicausal, en el cual suelen confluir diferentes factores. Por ejemplo, se conoce que aproximadamente la mitad de los casos de depresión tienen un trasfondo genético. De hecho, se estima que los hijos de los padres con depresión tienen entre 3 y 6 veces más probabilidades de desarrollar este trastorno.

No obstante, la genética solo es una predisposición, no una sentencia irrevocable. Los factores del medio son los verdaderos desencadenantes de la depresión. Por ejemplo, estar sometido a un estrés elevado, como puede ser la separación de los padres, un cambio de colegio o el acoso escolar, aumentan las probabilidades de desarrollar un cuadro depresivo. La muerte de un ser querido o de una mascota también puede desencadenar este trastorno ya que los niños suelen ser muy frágiles ante las pérdidas y no siempre disponen de los recursos psicológicos necesarios para elaborar el duelo.

Por supuesto, el papel de los padres también es esencial. En varios estudios se ha podido apreciar que los niños que padecen depresión viven en entornos familiares poco funcionales, donde hay una escasa implicación emocional por parte del padre y una sobreprotección por parte de la madre.

Recientemente la Clinical Child and Family Psychology Review publicó un meta análisis de 193 estudios en el que arrojó nuevas luces sobre el rol de la madre en la depresión infantil. Al parecer, más allá de la genética, el hecho de que las madres sufran depresión genera un patrón relacional marcado por la crítica, la negatividad y la irritabilidad, un patrón que los niños pueden internalizar y que después usarán para relacionarse con los demás y formarse su propia concepción del mundo.

Por tanto, a veces para tratar un cuadro depresivo en los niños, es importante aprender a combatir la depresión uno mismo. Después de todo, ser padres también es un viaje de crecimiento y superación personal.

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