Educación

El enorme coste emocional de pretender hacer felices a tus hijos todo el tiempo

Encontrar el equilibrio en la crianza: ni sobreprotección, ni pequeños tiranos

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Jennifer Delgado

Jennifer DelgadoEducadora, psicóloga y psicopedagoga

Imagina que es la hora de recoger a tu hijo en el cole. Haciendo acopio de la poca energía que te queda, después de una ardua jornada de trabajo, vas a buscarlo con tu mejor sonrisa. Nada más entrar en el coche se muestra irritable, quizá porque ha tenido un mal día. Le das el bocadillo que le has llevado para merendar y, sin siquiera mirarlo, lo tira de un manotazo porque lo que en realidad quería era un trozo de tarta. Al llegar a casa, recoges los destrozos en el coche y cuando entras al salón, ves cómo se dirige al castillo que estuvisteis montando durante dos horas el día anterior y lo hace trizas. 

Entonces, respiras profundamente y te das a la tarea de recoger las piezas y luego vas organizando los desórdenes que ha dejado por casa antes de ponerte manos a la obra con la cena. Todo esto para cuando se siente a la mesa, tu hijo te diga que no quiere comer porque la cena no le gusta. En ese momento, tu frustración ya te supera, te sientes incapaz de lidiar con la situación y ya no sabes qué más hacer para hacer feliz a tu hijo

Quizá parezca una escena salida de una película, pero lo cierto es que son momentos mucho más comunes de lo que imaginamos. Hoy, muchos padres se enfrentan a situaciones muy similares día tras día hasta que la educación de sus hijos comienza a pasarles factura. La culpa no es de los niños, ellos no actúan de esa manera porque sean pequeños villanos en potencia, simplemente es que quizá estás enfocándote demasiado en hacerlos felices y darles todo lo que puedas, sin darte cuenta de que estás sobreprotegiéndolos y educando a pequeños tiranos.  

Las consecuencias de hacer felices a los niños a toda costa

La mayoría de los padres solo quiere lo mejor para sus hijos. Por eso, se empeñan en intentar hacerlos felices todo el tiempo, darles lo que ellos no pudieron tener y brindarles un mundo de oportunidades para que puedan prepararse para el futuro. Se trata de un deseo totalmente comprensible ya que, a fin de cuentas, es normal querer lo mejor para las personas importantes en nuestras vidas. Sin embargo, lo cierto es que basar la educación de los niños en hacerlos felices no solo no los convertirá en mejores personas, sino que puede tener enormes consecuencias tanto para los peques como para los padres.

1. Fomenta una baja tolerancia a la frustración en los niños

Queramos o no, la frustración existe. Se trata de una respuesta emocional que surge cuando las cosas no salen como esperábamos y que debemos aprender a manejar ya que, de lo contrario, puede impedirnos aceptar la situación y generarnos un enorme malestar evitable. Por eso, es importante que los niños aprendan a lidiar con pequeñas dosis de frustración desde una edad temprana. 

Sin embargo, cuando los padres sobreprotegen a sus hijos y se desviven por hacerlos felices todo el tiempo no les brindan la oportunidad de que los niños tengan que afrontar situaciones inesperadas que no satisfacen sus expectativas. Como resultado, los niños desarrollan una baja tolerancia a la frustración y, en lugar de aprender a manejar este tipo de circunstancia, se frustran cada vez con mayor facilidad. 

2. Impide que sean capaces de responsabilizarse por sus actos

Hoy la mayoría de los padres intentan facilitarles el camino a sus hijos para evitarles sufrimientos innecesarios. De ahí que les defiendan cuando tienen problemas con otros niños, intercedan por ellos ante sus profesores o justifiquen su mal comportamiento. Sin embargo, librar las batallas de los niños no les hará más felices ni los preparará para el futuro, en cambio impedirá que aprendan a responsabilizarse por sus actos y asuman el control de sus vidas.

A largo plazo, los padres estarán educando a niños que se sienten impunes porque saben que sus padres saldrán en su defensa y les sacarán las castañas del fuego. Así, cuando crezcan se convertirán en adultos incapaces de responsabilizarse por su comportamiento y que se escudan detrás de sus padres, pareja, amigos…para que los ayuden cuando se meten en problemas. 

3. Obstaculiza el desarrollo de habilidades esenciales para la vida adulta

Los errores, las decepciones, los obstáculos y la tristeza forman parte de la vida. Los padres podrán intentar proteger a sus hijos de estos u otros problemas cotidianos, pero más temprano que tarde los niños se verán cara a cara con esa realidad. El problema será que no habrán desarrollado las habilidades esenciales para afrontar las adversidades de la vida y se encontrarán indefensos y sin saber qué hacer. 

Y es que, cuando los padres intentan hacer felices a sus hijos todo el tiempo y optan por librar sus batallas y asumir sus responsabilidades, lo que en realidad están haciendo es impedirles que desarrollen habilidades esenciales para su vida adulta. A largo plazo, están creando a niños dependientes que no saben cómo lidiar con las adversidades.

madre e hija infelices

4. Dispara el estrés y la frustración parental

Intentar hacer felices a los niños todo el tiempo puede pasar una alta factura emocional también a los padres. Estar siempre pendiente de los hijos, de sus necesidades y de brindarles todas las oportunidades posibles puede suponer un gran desgaste psicológico, sobre todo cuando se educan a pequeños niños tiranos, al punto de terminar convirtiéndose en una actividad que muchos padres dejan de disfrutar.

Así lo reveló una encuesta realizada por los sociólogos Kahneman y Krueger a 900 mujeres de Texas que catalogaron el cuidado de los niños como una de las actividades que menos disfrutaban en el día, específicamente la ubicaron en la posición 16. Lo cual es completamente comprensible si tenemos en cuenta el enorme gasto de energía y tiempo que suelen invertir los padres en sobreproteger a sus hijos, en lugar de brindarles las herramientas necesarias para que sean ellos quienes aprendan a desarrollarse. 

5. Afecta el vínculo entre padres e hijos

Sin duda, otra de las mayores consecuencias de intentar hacer felices a los niños todo el tiempo consiste en el impacto que tiene esta actitud en el vínculo entre padres e hijos. A fin de cuentas, una relación basada en la sobreprotección, en la que los padres limitan el desarrollo autónomo de sus hijos y crean a pequeños tiranos no puede dar buenos frutos. Por una parte, los niños crecen sintiendo que sus padres les presionan e impiden ser libres para convertirse en las personas que quieren ser mientras que, por otra, los padres sienten que sus hijos les defraudan.

A largo plazo, es habitual que comiencen a aparecer fricciones en la relación entre padres e hijos que, si no se resuelven de manera adecuada, pueden marcar problemas mucho más serios y profundos. 

Los niños deben ser felices, pero ese no debería ser el objetivo de su educación

Nadie pone en duda que los niños deban ser felices y que es responsabilidad de sus padres brindarles las oportunidades para que puedan serlo. Sin embargo, aunque los padres quieran y deban hacer felices a sus hijos, este no debería ser el único objetivo de la crianza en casa. Los padres también tienen la obligación de enseñar a sus hijos a responsabilizarse por sus actos, enseñarlos a gestionar la frustración y brindarles la libertad necesaria para que desarrollen sus propias habilidades y formas de solucionar los conflictos. 

Los padres tienen la responsabilidad de intentar brindarles la mejor vida que pueden a sus hijos, pero también de ponerles reglas y normas que les enseñen cómo comportarse de manera adecuada. Es su responsabilidad transmitirles buenos valores y prepararlos para la vida, enseñándoles que las cosas no siempre son como uno espera. Es su tarea dejar que se equivoquen y que aprendan a levantarse por sí solos, aunque estén a su lado cuando más lo necesiten. A fin de cuenta, esa es la mejor manera de hacer felices a los niños. 

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