Educación

Nunca le digas a tu hijo “no llores”: una frase puede marcar toda una vida

Las palabras marcan nuestras vidas. Nunca le digas a un niño que no llore; mejor edúcale emocionalmente.

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No digas hijo no llores
Nuria Capdevila

Nuria CapdevilaMaestra y pedagoga

Decirle a un niño que no llore o que deje de hacerlo puede tener un impacto más severo en su desarrollo emocional de lo que podemos imaginar. No solamente le estamos restando importancia a sus emociones, sino que estamos desatendiendo sus necesidades y, por ende, alejándonos de nuestro papel de educadores emocionales.

Impacto de una educación emocional insuficiente

Si queremos criar a niños felices y adultos funcionales, es necesario que tengamos muy en cuenta la importancia de la educación emocional y su impacto en nuestras vidas. De hecho, la falta de ella tiene consecuencias negativas a cualquier edad:

Niños

Cuando no se enseña a los niños a identificar sus emociones, así como tampoco a gestionarlas, nos enfrentaremos, a medida que vayan creciendo, a niños inseguros. También es fácil observar que la escasa regulación emocional puede dar lugar a un comportamiento agresivo y antisocial en la adolescencia. Además, esta pobre gestión de las emociones puede convertir a nuestros hijos en personas muy temerosas, inseguras y con dificultades para tomar decisiones.

Adultos

En la edad adulta, la falta de educación emocional tiene sus consecuencias tanto en las relaciones personales, así como en el entorno laboral.

De hecho, esta carencia afecta todas las facetas de la vida adulta: puede conducir a problemas para mantener un empleo y sus consecuencias económicas, a relaciones de dependencia o la falta de ellas, y a un escaso círculo social con consecuencias psicológicas, entre otras. Por ello, como papás y mamás, tenemos la obligación (dentro de nuestro rol de educadores) de hacer conscientes a los niños de la necesidad de controlar todo cuanto sienten en la medida de lo posible y de acuerdo con su desarrollo psicológico.

Beneficios de la educación emocional

Aquellas personas que han sido educadas emocionalmente disfrutan de vidas mucho más plenas y felices. Son capaces de reconocer sus errores y aprender de ellos para seguir creciendo. Al ser personas seguras de sí mismas, de cuanto pueden ofrecer, sus relaciones suelen ser mucho más estables y saludables, lo que tiene un impacto positivo tanto en la salud física como mental. Es decir, estos individuos se convierten en adultos plenamente funcionales que desempeñan un papel muy importante en nuestra sociedad.

¿Qué sucede cuando le decimos a un niño que deje de llorar?

Frases como “Deja de llorar”, “No es para tanto, no llores” o “Te pondrás feo si lloras” son expresiones que dañan, por completo, la autoestima de nuestros hijos. Pero, ¿cuáles son sus efectos?

No validamos lo que siente el niño: desapego e inseguridad

Cuando decimos alguna de estas frases (o similares), le damos a entender al niño que no nos interesa, realmente, lo que está sintiendo. Aunque esta no sea nuestra intención, lo que percibe nuestro hijo (quien nos ve como modelos) es que lo que le molesta o le ha sentado mal, no es relevante para nosotros. Cuando hacemos esto, le transmitimos una especie de rechazo, el cual se convertirá en inseguridad. Además, estas situaciones causan un “alejamiento” con el niño, cuya consecuencia no es otra que un desapego por su parte: nos pierde la confianza y, a medida que crezca, nos irá contando menos cosas.

Encerrará emociones de por vida: dificultad para relacionarse

Si el niño no puede expresar sus emociones, si siente que no es importante y que no le prestamos atención, su reacción será esconder estas emociones. ¿Qué niño quiere que sus padres se alejen de él? Todos los niños buscan la aprobación de sus padres, quieren que se sientan orgullosos de ellos. Por ende, harán cuanto sea necesario para cubrir estas expectativas, incluso relegando sus necesidades afectivas.

Impacto emocional negativo decir deja de llorar

No aprenderá a gestionarlas: explotará

Si privamos al niño de expresar sus emociones, no le estaremos enseñando a gestionarlas. Esto significa que se quedarán en su interior, aumentando día tras día. Con ello, solo vamos a encontrarnos con emociones extremas: explotará por poco que hagamos o digamos un día.

Vulnerabilidad: el niño se siente indefenso

La consecuencia del desapego en los niños es la vulnerabilidad. Los pequeños necesitan sentirse seguros y apoyados para experimentar y, por ende, para aprender. Si nuestro hijo se siente vulnerable, es posible que deje de probar y se encierre en sí mismo. Sin duda alguna, este encierro, esta falta de experiencia, conllevará a retrasos en el aprendizaje.

Relacionarse con otros niños: dependencia

Si el niño aprende incorrectamente que sus necesidades son menos importantes que nuestras expectativas, es posible que replique este patrón en las demás relaciones vitales que vaya estableciendo a lo largo de su vida. Esto implica que siempre buscará satisfacer las necesidades de los demás por delante de sus necesidades: se volverá una persona dependiente.

Falta de autoestima: dificultad para tomar decisiones

Cuando le decimos al niño que no llore o cuando lo comparamos con otros niños que son “más fuertes”, “menos sensibles” o que afrontan las cosas de otro modo, le estamos transmitiendo indirectamente que él no es suficiente. Si nosotros no le valoramos ni le aceptamos tal y como es, él tampoco lo hará. ¿La consecuencia? No desarrollará su autoestima correctamente y siempre tendrá problemas a la hora de tomar decisiones. Incluso, en su edad adulta.

En resumen, cualquier expresión que anule las emociones infantiles puede tener consecuencias negativas en el desarrollo psicológico de los niños. Para su bienestar, es crucial que los niños crezcan en un ambiente de amor y comprensión. Decirles que no lloren o pedirles que dejen de hacerlo puede tener un impacto severo en la formación de su autoestima, en el desarrollo de un apego seguro con sus figuras de referencia y en sus relaciones futuras.

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