Carta a un hijo: Te di un beso mientras dormías

Carta hijo beso mientras dormías

Todas las madres del mundo besan a sus hijos cuando duermen, es sin duda un acto reflejo de amor que no se puede evitar. No importa cómo sea el mundo de duro que una madre siempre tendrá ese gesto de amor para sus hijos, tengan la edad que tengan. Hay veces que una madre quiere decir muchas cosas a sus hijos, pero aún son pequeños y no son capaces de entender la magnitud de los sentimientos.

Son palabras que ella se guarda en su interior, como un tesoro que hace que ame más a sus hijos pequeños, que hace que sus sentimientos se magnifiquen con tan solo mirarles un segundo. Sus hijos son su fuerza, y eso ella lo sabe desde el alba hasta el anochecer. No hay nada más importante en su vida que sus hijos y cada cosa que hace durante el día es por y para ellos.

Pero hay tantas cosas que una madre querría decir a sus pequeños que en muchas ocasiones no sabe ni por dónde empezar. A continuación vamos a mostrarte una carta que puede reflejar esos sentimientos hacia tus hijos. Si te gusta, solo tienes que guardarla y dársela a tus hijos cuando sean más mayores y entiendan lo que significan todas estas palabras…

Mientras dormías

Mientras dormías te di un beso en la frente y respiraba cansada después de un largo día. Te acaricié el pelo y olí tu aroma, ese que es solo tuyo pero que también forma parte de mí. Es una forma de reconocerte, como hacen los animales con sus crías.

Cuando te besé mientras estabas sumido en sueños, mi alma apareció en mi cuerpo y recuperé la calma aunque las lágrimas comenzaron a aparecer en mi mirada. Eran lágrimas de arrepentimiento.

Me sentía mal por haberte gritado ese día, por haberme enfadado y por haberte mostrado la ira en mi rostro… Me miraste asustado. Solo quería educarte pero tuviste miedo de mí. Me arrepiento de todo lo que te he dicho en ese momento. Mientras dormías también apareció la culpa, esa enemiga que conozco y que no puedo sacar de mi vida… Por mucho que quiero no verla nunca más.

Después cerré los ojos y respiré profundamente. Me reproché haber perdido la paciencia tan rápido, porque en ese momento, mientras miraba tu dulce rostro dormir, me di cuenta de que el motivo no era tan grande y que lo que pedías tenía sentido… Solo que a veces, el cansancio y el estrés me hacen comportarme como no debería.

Solo tenía un deseo esa noche y era que me pudiese despertar diferente la mañana siguiente. Quiero convertirme en una mejor madre para ti, en esa madre que mires con amor y no con miedo. Quiero ser más amable, más paciente… quiero ser la madre que realmente te mereces y no la que luego se arrepiente mientras te miro dormir.

En ese instante, me di cuenta de que para conseguirlo tengo que empezar conmigo misma. Debo reconocer que no lo estoy haciendo tan mal… Y empecé a pensar que no solo te he gritado, también te he dicho que te quiero, que te amo, que eres lo más importante para mí. Esto te lo digo muchas veces al día porque quiero que lo recuerdes siempre, el amor que siento por ti es el más grande e inmenso que existe. Me senté en el suelo a jugar contigo y nos reímos juntos. Tuve paciencia en otros momentos y me gustó verte sonreír…

En ese momento, te di otro beso en la frente y respiré aliviada. Te dije: “Te quiero vida mía, te querré siempre”… Y en ese momento, me fui de tu dormitorio con ganas de volver a intentar al día siguiente ser la mejor mamá del mundo para ti, pero también por mi.

Te quiero y te querré siempre vida mía.

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