¿Tu hijo tiene “mamitis”? ¡Te necesita más que nunca: ámalo intensamente!

La mamitis es un sentimiento muy profundo que tu hijo externaliza cuando más te necesita. ¿Cómo actuar ante él?

mamitis

Todos hemos escuchado, en más de una ocasión, que la “mamitis” no es buena, ya que hace al niño más dependiente de su madre. Sin embargo, esto no es del todo cierto: la “mamitis” crea un apego saludable en los niños, el cual es fundamental para su desarrollo cognitivo y emocional.

¿Qué es exactamente la mamitis?

La “mamitis” es aquel periodo de tiempo en el que un niño siente una enorme necesidad constante de estar al lado de su madre. Este periodo en el desarrollo se da desde los primeros días de vida del bebé, pero se hace más visible una vez los niños son capaces de gatear y desplazarse por ellos mismos. En este momento, se hacen conscientes de la realidad: mamá es una figura individual como lo son ellos y esto les puede causar un rechazo a separarse de ella por miedo a perderla.

¿Es perjudicial la “mamitis”?

Las opiniones al respecto de los beneficios de la “mamitis” son muy diversas entre los psicólogos infantiles. Mientras que algunos de ellos la ven completamente normal, otros la identifican como una necesidad compulsiva de atención del niño hacia su madre, la cual se debe tratar para que mejore su autonomía.

Sin embargo, lejos de caer en un extremo u otro, hay otros especialistas que se sitúan en un punto medio: la “mamitis” no es un problema cuando no tiene consecuencias negativas ni para el niño ni para la madre. Esto significa que, cuando nuestro hijo quiera estar muy apegado a nosotros a la hora de comer, de bañarnos con él o de jugar, por ejemplo, esta tendencia natural a la madre no es mala. Así mismo, tampoco lo es cuando el niño busca protección, amor y cariño, pues son ingredientes necesarios para su correcto desarrollo. Sin embargo, la “mamitis” sí puede representar un problema cuando los niños, mayormente más grandecitos, la usan para conseguir lo que quieren. Y, ¿cómo puede suceder esto?

¿Cuándo la “mamitis” sirve para manipular a las mamás?

La “mamitis” puede ser negativa cuando los niños perciben que las mamás “necesitamos” este periodo de su desarrollo. Nos explicamos: como mamás, nos encanta tener a nuestros hijos en brazos, disfrutar de todo el tiempo que podamos con ellos y, sobre todo, estar a su lado para formar parte de su desarrollo. Sin embargo, a medida que nuestro hijo va ganando autoridad, podemos sentir un distanciamiento que nos causa cierto dolor. Vamos, que no nos gusta nada y es que, no podemos engañarnos, ¿a qué mamá no le gusta que su hijo quiera estar todo el tiempo a su lado? Pues esta vulnerabilidad maternal es lo que pueden usar nuestros hijos, cuando ya son más mayores, para conseguir lo que quieren. Y tienen dos opciones para hacerlo:

Por un lado, pueden “acercarse” mucho más a mamá cuando no quieren hacer algo o cuando quieren algo. Es una manera natural e instintiva de apelar a los sentimientos maternos: ablandamos a mamá a ver si conseguimos estos que queremos. Os suena familiar, ¿no?

Por otro lado, también pueden usarlo como un castigo hacia nosotros: “No me dejas hacer esto, pues ya no te quiero”. En este caso, es fácil que nos tomemos esta reacción como algo personal, aunque no debe ser así: recordamos que los niños aún no son maduros y que, en muchas ocasiones, actúan por instinto, pues sus habilidades cognitivas aún no se han desarrollado por completo. Por este motivo, debemos observar el comportamiento de nuestros hijos y saber cómo actuar en todo momento.

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¿Debemos actuar ante los casos de “mamitis”?

Lo cierto es que no, a no ser que acabe convirtiéndose en un problema a la hora de establecer límites en familia o bien desemboque en un trastorno de ansiedad por separación. En el primero de los casos, cuando nos damos cuenta de las intenciones de nuestros hijos, debemos ser asertivos con los límites y las normas: podemos ser firmes, a la vez que amorosos.

En el segundo de los casos, cuando esta “mamitis” acaba generando ansiedad desmesurada en el niño, debemos actuar para fomentar su autonomía. Para ello, antes de separarnos rápidamente de ellos, deberemos acostumbrarles a los cuidadores poco a poco. Es decir, si nuestro hijo sufre ansiedad por separación, es importante que nos anticipemos a su reacción y trabajar para minimizarla: debemos dejar que pasen tiempo con las personas que los van a cuidar en ausencia de mamá, y este tiempo debe ir de menos a más incrementándose poco a poco. Así, el niño se acostumbra a estar con otras personas y va superando el miedo de perder a mamá.

Disfrutar la “mamitis” positiva: es un periodo que se va a acabar

Pese a que puede haber un pequeño rasgo de negatividad en la llamada “mamitis”, la verdad es que los niños ven en la mamá su hogar, su centro, su área de seguridad. Por ello, nunca debemos alejarnos de nuestros hijos cuando hacen estos acercamientos. Todo lo contrario. Debemos brindarles este espacio y esta seguridad que tanto necesitan: estos momentos son los que conforman a los niños, haciendo que puedan desarrollar una mayor confianza en ellos mismos, así como una personalidad más empática y responsable con el tiempo.

Al mismo tiempo, esto también tiene consecuencias positivas en las mamás: se sienten amadas, sienten que todo cuanto hacen y dan de corazón es correspondido y es que ¿cuál es la mejor joya que puede tener una mamá? Los brazos de sus hijos en el cuello. Nuestros hijos son capaces de aliviarnos todo el estrés del día a día, son capaces de hacernos sentir felices cuando hemos tenido un día malo en el trabajo y, paradójicamente, a través de la “mamitis” también nos demuestran su amor. Este periodo de apego maternal finalizará en algún momento, entonces ¿Por qué no aprovecharlo y disfrutarlo al máximo?

El hecho de que nuestro hijo tenga “mamitis” es completamente normal: es el apego sano que le proporcionan nuestras caricias, nuestros besos y nuestros abrazos, los cuales no hacen más que favorecer su desarrollo cognitivo y emocional. Solamente deberemos actuar ante ella si esta acaba representando un problema grave, como el trastorno de ansiedad por separación.

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