El dolor emocional de una madre es difícil de asumir por los hijos

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Cuando un hijo se da cuenta de que su madre sufre y que no puede hacer nada al respecto, su dolor e impotencia es enorme. Una madre enseña a los hijos lo que es el amor, la valentía, la resiliencia y el respeto… y lo enseña en el día a día, con sus acciones y vivencias en familia. Una madre se convierte en una guerrera diaria y eso los hijos, lo ven con sus propios ojos.

La realidad es que las madres también son de carne y hueso; son humanas y sienten dolor emocional. En ocasiones ese sufrimiento es difícil de controlar y los hijos no pueden hacer nada para aliviárselo. Esto les genera impotencia puesto que una de las personas más importantes de su vida está pasándolo mal y no saben qué hacer para que mejore.

La fuerza de la maternidad

Ver mal a esa persona que te ha enseñado a través de la resiliencia es complicado, es muy frustrante no saber qué hacer. Estamos acostumbrados, como hijos, que sean ellas las que saquen esa fuerza de la nada para levantarnos, para darnos los valores que necesitamos y transmitirnos esa energía que a veces nos falta o ese abrazo que todo lo cura.

Una madre también tiene derecho a sentirse triste de vez en cuando, porque eso no la hace débil. El llanto la llena de fuerza y sus sueños y metas se siguen forjando en su interior. Ella sigue teniendo su coraje y valentía, pero hay veces que una madre también debe permitirse bajar la guardia y sentir aquellas emociones que no le dejan estar bien y así buscar esas soluciones necesarias para encontrar de nuevo el equilibrio interior… ¡tiene todo el derecho a hacerlo!

Acompaña a tu madre en el dolor

Aunque no se pueda hacer nada al respecto porque son asuntos que solo ella puede resolver de manera interna, sí que hay un aspecto muy importante que siempre se puede conseguir: acompañarla en su dolor, sin juicios. Darle ese amor incondicional que tantas veces ella nos ha regalado en nuestra vida y estar a su lado cuando incluso ella siente que no hay nadie o que no deberían estar a su lado por su condición emocional actual.

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Nadie merece sufrir solo y ella necesita a los seres que más quiere en su vida, los seres que siempre le han dado esa fuerza para luchar contra viento y marea: sus hijos. Sostén de la mano a tu madre y hazle saber que estarás con ella y que no la dejarás sola.

Cuando una madre está teniendo una crisis emocional es fundamental que se sienta apoyada porque el dolor que siente en su interior puede ser difícil de explicar con palabras pero necesita apoyo para ir sanándolo. Ser un buen hijo para una madre es hacerle ver que estarás a su lado, que le acompañarás a terapia si hace falta, que le ayudarás con las tareas de casa, que saldrás con ella a pasear…

Y si no vives con ella o la tienes lejos, esfuérzate en ir a visitarla, en llamarla todos los días o casi todos. Preocúpate de manera genuina por saber cómo está y cómo se encuentra y no solo la llames cuando necesitas algo. A ella también le gusta que le pregunten cómo está y si puedes hacer algo para que se sienta mejor.

Haz que se sienta querida, acompañada, escuchada y respetada. Porque todos pasamos momentos difíciles pero si ella no tiene a su madre porque la naturaleza ya se la arrebató, que sienta que tiene a sus hijos que también están en este mundo para darle esa fuerza que ella les dio incluso cuando ni ella misma la tenía.

Una madre que sufre necesita a sus hijos para equilibrarse de nuevo. No se trata de cargar con su dolor, sino de acompañar a la persona que más queremos en el mundo en un momento difícil para ella.

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