Que tu hijo se sienta culpable no mejorará su comportamiento

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Hasta hace unas décadas, era bastante habitual que los padres ante un mal comportamiento de sus hijos les hicieran sentir mal y culpables. Pensaban que con ese sentimiento negativo, ellos solos cambiarían su comportamiento y mejorarían su conducta. También se escuchaban a menudo etiquetas hacia los niños del tipo: “eres malo”, “eres tonto”, etc.

Como antiguamente se utilizaban etiquetas y era normal hacer que los niños se sintiesen mal, es un comportamiento que los padres tenemos muy interiorizado pero que se debe extinguir cuanto antes ya que hacer que los niños se sientan mal o culpables no mejorará su conducta en el futuro.

Cuida tu lenguaje

Cuando un niño tiene un comportamiento inadecuado es fundamental cuidar el lenguaje evitando etiquetas o decir que un niño «es malo” o que «se porta mal”. Hay muchas formas de decir las cosas sin tener que herir los sentimientos de los más pequeños de la casa.

Cuando un niño tiene un comportamiento inadecuado la gran mayoría de ocasiones es para llamar la atención porque no sabe expresarse de otro modo. No sabe comprender ni manejar sus emociones más intensas y lo plasma con una mala conducta.

También puede ser que haya aprendido que si se porta mal consigue lo que quiere. Esto ocurre con el refuerzo negativo, es decir, una mala conducta se refuerza cuando un padre cede ante una rabieta o cuando se le presta atención de más a un mal comportamiento.

Aunque tenga un mal comportamiento nunca hay que avergonzar a un niño, ni hacerle sentir mal ni culpable, y mucho menos, ponerles etiquetas. Piensa que muchas veces ni siquiera se está portan mal, simplemente es nuestra percepción de adulto la que piensa que sí lo está haciendo. Esto ocurre cuando las expectativas de los padres son diferentes a cómo es el niño.

Los niños que son más movidos o inquietos, no son malos, ni están teniendo una mala conducta para llamar la atención… simplemente están siendo niños.

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Cómo afrontar cuando un hijo tiene un comportamiento inadecuado

De cualquier modo, lo que importa es que como padres, sepamos cómo afrontar un mal comportamiento… y es tan fácil como entender que un niño tendrá una mejor conducta cuando se sienta mejor consigo mismo y con el entorno en el que se encuentra.

En este sentido, es lógico pensar y además es cierto, que si hacemos que un niño se sienta mal para que se porte bien, eso no ocurrirá. Regañar a un niño hasta que llore, avergonzarle o humillarle, llevarle al rincón de pensar (sin ayudarle a reflexionar), darle azotes… son reacciones erróneas de los padres ante la frustración de no saber cómo enfrentar la situación.

Cuando se trata mal a un niño con la intención de que mejore su comportamiento, lo que en realidad se consigue es que el niño tenga miedo y que sea la rabia y el rencor hacia los padres lo que reduzca su conducta negativa. Esto, por supuesto, no es un buen objetivo puesto que realmente el niño no mejora su conducta y lo que es peor, la relación entre padres e hijos se distorsiona destruyendo la confianza a largo plazo.

Por lo tanto, en lugar de hacer sentir mal a los hijos, primero hay que aceptar cuáles son los comportamientos normales para la edad de cada hijo. Recordar que su cerebro es inmaduro por lo que no podemos pretender que se comporten como un adulto. Poner límites coherentes y razonables y ser un buen ejemplo a seguir siempre serán las herramientas más potentes dentro de la disciplina positiva.

Castigar a un niño no servirá para que mejore su conducta, es necesario adelantarse y si se ve que un niño va a pegar, hay que detenerle y decirle algo como: “mamá/papá no permiten que se pegue”. Es fundamental acompañar a los niños en los malos comportamientos para que sean capaces de comprender esas emociones intensas difíciles de gestionar.

Esto significa que cuando sus emociones lleguen al límite, hay que explicarles cómo deben actuar la próxima vez, acompañarles para que mantengan un buen comportamiento y enseñarles lo que necesitan en el momento necesario. Y para conseguirlo, debes ser su guía con calma en todo el proceso, y por supuesto, su mejor ejemplo a seguir.

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