Tus hijos NO tienen la culpa

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En ocasiones los padres echan la culpa a sus hijos por cosas cuando en realidad, ellos no la tienen. Es una falta de responsabilidad emocional que puede generar mucha frustración a los hijos de manera innecesaria. Además, esto les puede causar problemas de autoestima y confianza en sí mismos.

En ocasiones, cuando llega el momento de la maternidad o la paternidad, puede ser difícil, y no queda más remedio que aparcar sueños o metas. Esto nos puede hacer sentir mal e incluso que de manera inconsciente e irreal sintamos que nuestros hijos tienen la culpa de que no hayamos cumplido nuestros deseos.

La realidad, es que los bebés cuando llegan al mundo no lo hacen por su propia voluntad, somos los padres quienes decidimos que suceda. En este sentido, resulta fundamental que los padres sepan gestionar sus emociones más intensas y ese sentimiento de remordimiento para no culpar a los hijos por algo que en realidad, no tienen nada que ver. 

Tu hijo merece todo tu amor incondicional

Los hijos merecen todo el amor incondicional que se le pueda ofrecer. Ellos no tienen la culpa de las decisiones que toman sus padres. Tus hijos son y serán siempre tus grandes maestros de vida, incluso en aquellos momentos en los que no sepas qué te están enseñando realmente. Su amor es desinteresado e inocente desde su nacimiento y resulta fundamental para poder superar las adversidades que la vida nos vaya poniendo por delante.

Los padres tenemos la obligación de responsabilizarnos de nuestras decisiones y jamás permitir que los remordimientos que nos puedan surgir de las malas elecciones se transmitan a nuestros hijos. Primero, hay que aceptar que nuestros hijos llegaron al mundo para hacernos mejores personas y que nunca debemos herirlos.

Las frustraciones personales las debemos trabajar de forma interna para evitar heridas emocionales en nuestros hijos que son difíciles de curar. Nunca, bajo ningún concepto, los niños deben sentirse responsables de las elecciones de sus padres ya que esto les podría causar graves problemas en su desarrollo emocional.

Tus hijos nunca tienen la culpa de las decisiones que tomes

Es posible que alguna vez hayas hecho responsable de manera inconsciente a tus hijos de decisiones que has tomado y que después te has arrepentido. Puede que camufles tu frustración con una conducta pasivo-agresiva a través de comentarios hirientes.

Es fundamental que te des cuenta de que tus decisiones son solo tuyas, para que tus hijos, que no tienen culpa de nada, no salgan heridos emocionalmente. Para que no les vuelvas a echar la culpa a tus hijos ten en cuenta lo que te comentamos a continuación.

Hijos no tienen la culpa

Piensa antes de hablar y hazte responsable de tus emociones

Piensan en cómo pueden recibir tus hijos las palabras que salen de tu boca. Ten más empatía y madurez, recuerda que tú eres su ejemplo de vida. Nunca les culpes por algo que salió mal y menos cuando la responsabilidad real es tuya. En ningún caso digas frases del topo: “por tu culpa nunca hice una carrera universitaria” o “por tu culpa y por ser tan lento no llegamos a tiempo”, etc. Son tus elecciones, no la responsabilidad de tus hijos.

Nunca les juzgues

Decir palabras tan tóxicas como: “tú eres el culpable de que yo esté triste” puede generar una gran herida emocional en tus hijos. Siempre que hayan conflictos emocionales evita la violencia verbal puesto que eso, también es maltrato. Si estás enfadado, busca otras maneras para reducir tu ira: tus hijos no son un saco de boxeo emocional para tus frustraciones internas.

Pide perdón siempre que sea necesario

Pedir perdón a los hijos es la mejor forma de enseñarles que somos responsables de nuestras acciones. Los seres humanos no somos perfectos, y los padres, tampoco. Si alguna vez dices algo negativo a tus hijos solo porque no has manejado bien tu frustración interna, pide disculpas de corazón y hazles entender que ellos no tienen la culpa de nada, ha sido tu mala elección lo que ha generado el conflicto realmente. Reconocer tus fallos te permitirá acercarte emocionalmente y tus hijos aprenderán también a reconocer sus errores cuando los cometan.

Para finalizar, recuerda que no importa lo que pase en la vida. Nunca, bajo ninguna circunstancia, tus hijos tendrán la culpa de las decisiones que tú tomes. Siempre, serán tu responsabilidad.

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