“La Luna”, un precioso corto animado para enseñar a los niños a encontrar su propio camino

La Luna corto

Existen cortos que a primera vista parecen muy sencillos pero que encierran una profunda enseñanza. Cortos que no necesitan un guión complejo ni un desarrollo extenso pero que pueden hacernos reflexionar y cambiar la manera en que comprendemos el mundo. Historias capaces de tocar las fibras más profundas de nuestro corazón y hacernos repensar la vida tal y como la conocemos. “La Luna” es uno de esos cortos. Una historia sobre el aprendizaje, la capacidad de sorprenderse y la importancia de dejar a los niños libres para que encuentren su propio camino. Un corto imprescindible no solo para los niños sino también para sus padres ya que hará que reflexionen sobre la manera en la que están criando a sus hijos.

¿Qué nos enseña este corto animado?

Escrito y dirigido por Enrico Casarosa, “La Luna” cuenta el primer día de trabajo de un niño junto a su familia. Proveniente de una familia trabajadora, tanto su padre como su abuelo han dedicado su vida a ser barrenderos de estrellas. Ahora, le toca el turno al más pequeño de casa. Así que un día salen abuelo, padre y niño en una barca rumbo al trabajo para transmitirle los secretos de este oficio. Desde el inicio, el escritor destaca los diferentes puntos de vista del abuelo y el padre como metáfora para abordar el eterno conflicto entre la tradición y la innovación, a la vez que resalta la confusión del pequeño y su capacidad para conseguir aunar ambas a pesar de las circunstancias.

Después de navegar un rato, llegan finalmente ante la luna, y el abuelo y el padre se disponen a enseñarle al pequeño los gajes del oficio. Le enseñan cómo subir a la luna y cómo debe hacer su trabajo. Sin embargo, una vez más las perspectivas diferentes en el modo de hacer las cosas y la idea de que cada método es mejor que el otro, genera en el niño tal confusión que le paraliza. Sin embargo, un giro inesperado en la historia hace que el niño decida tomar las riendas del asunto, analice por su cuenta la mejor manera de resolver el problema y ponga manos a la obra ante el asombro de su familia.

Su inocente manera de sorprenderse con cada cosa que pasa a su alrededor y de atreverse a descubrir el mundo que le rodea, sin dejarse llevar por las creencias o estereotipos, son el motor impulsor que da rienda suelta a su creatividad y capacidad de análisis, llevando al niño a tomar las herramientas de trabajo e ir a “romper” la estrella de la que no se pueden deshacer ante la mirada sorprendida pero orgullosa de su padre y abuelo. Una manera de resaltar la sabiduría instintiva de los niños, a menudo menospreciada o incluso, ignorada por los adultos y de destacar la importancia de que sean los propios pequeños quienes encuentren su propia manera de hacer las cosas.

Enrico Casarosa La Luna

¿Por qué es importante dejar a los niños que encuentren su propio camino?

Ya sea por temor a que puedan equivocarse, porque quieren ahorrarles un sufrimiento “innecesario” o porque quieren proteger a sus hijos de los peligros que acechan en el mundo, muchos padres guían a los niños paso a paso sobre la manera de proceder en la vida. Algunos van un paso más allá y los llevan de la mano para ser capaces de sostenerlos en brazos si algo no sale como esperaban. Y guiar a los niños no está mal, brindarles las herramientas para que desarrollen sus capacidades, estar a su disposición cuando tienen un problema o incluso, darles una mano si la necesitan está bien. Sin embargo, en ningún caso los padres deberían enseñar e incitar a sus hijos a que vean y/o enfrenten la vida como han hecho ellos.

Los niños son auténticos por naturaleza. Si algo no les gusta, lo evitan y cuando algo les llama la atención, van a por ello. Les gusta experimentar las cosas en primera persona y descubrir cómo funciona el mundo desde su perspectiva. Sin embargo, cuando les enseñamos a ser como nosotros, los pasos que deben seguir y cómo deben actuar les estamos despojando de esa autenticidad. Y así, poco a poco, los niños se van alejando cada vez más de su esencia, van perdiendo de vista quiénes son y qué es lo que quieren en la vida, van olvidando eso que los hace únicos e irrepetibles.

En cambio, cuando permitimos que los niños descubran el mundo a través de su propio prisma, les incitamos a que sean ellos mismos, a que decidan cómo quieren hacer las cosas y cómo deben comportase, estamos criando a niños auténticos e independientes. A la larga, estos pequeños se convertirán en adultos seguros de sí mismos, con una identidad muy bien definida y con la capacidad de tomar sus propias decisiones. Obviamente, esto no significa que no podamos, y tengamos, que orientarlos y guiarlos mientras crecen, sino que debemos encontrar un equilibrio para facilitarles el camino sin impedirles ser quienes están destinados a convertirse.

Los niños también pueden convertirse en maestros

Los adultos solemos pensar que tenemos la verdad absoluta, respaldados por décadas de experiencias a nuestras espaldas creemos que ya sabemos bastante y que es nuestra responsabilidad transmitirles a los niños nuestros conocimientos. Y sí, es nuestra obligación como padres y madres brindarles a nuestros hijos las herramientas al alcance de nuestras manos para que puedan enfrentarse al mundo por su cuenta. Sin embargo, no podemos olvidar que la educación es un proceso de aprendizaje en el que los niños aprenden, pero también nos enseñan.

Los niños tienen el don de sacar a relucir nosotros la inocencia perdida, la capacidad de sorprendernos por los pequeños detalles cotidianos y echar a volar nuestra imaginación y creatividad. Además, tienen la capacidad de no dejar morir ese niño que habita dentro de nosotros y que también necesita cariño y atención. Sin embargo, por sobre todas las cosas, los niños también pueden enseñarnos nuevas formas de ver la vida, nuevas maneras de hacer, de sentir y comportarnos. Ver a los niños desenvolverse en su vida cotidiana, aprender y crecer como personas también es una oportunidad para reflexionar sobre nuestra vida, poner las cosas en perspectiva y crecer junto a ellos.

Corto animado “La Luna”

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