A ti, madre y mujer fuerte

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Una mujer fuerte es la que no muestra sus fortalezas ni se jacta de ellas, simplemente lo es. Una mujer fuerte no puede con todo, pero consigue hacer lo que se propone a pesar de las horas de sueño o del cansancio que tiene. Una mujer fuerte parece que no tiene necesidad de nada ni de nadie, o eso piensan los demás.

Los demás piensan que una mujer fuerte es capaz de soportarlo todo, pase lo que pase. Le dicen cosas como “tú puedes con todo”, “superarás lo que te ocurra”… Y aunque es cierto, una mujer fuerte necesita que la escuchen, que la cuiden y que la mimen. Porque esa fuerza que tiene le nace de dentro, pero también necesita el apoyo de las personas cercanas a ella.

Una mujer fuerte… ¿puede con todo?

Una mujer fuerte lucha contra viento y marea por sus hijos, por su familia, por ella misma… No hay obstáculos que puedan con ella ni nada que minimice su fuerza. Pero ella es humana, y habrá días en los que se sienta débil, cansada e incluso que llore. Porque esas lágrimas, no son de debilidad aunque ella se sienta así… Esas lágrimas son de fuerza, son su poder oculto. Una mujer fuerte cuando llora es porque necesita desahogar toda esa adrenalina que le impulsa cada día para seguir hacia adelante.

Como todo ser humano, cuando siente aflicción necesita apoyo humano, calor y amor para poder avanzar. Una mujer fuerte sabe donde encontrarlo: en su familia. Su familia es su motor, su fuerza inagotable, la energía que le impulsa para hacer lo inimaginable.

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Te hablan sin escucharte

Las personas que ven a una mujer fuerte ser madre, trabajar, ser pareja, hija, amiga, tía, poder con la casa, salir a comprar, estar con los niños y disfrutar de ellos, cuidarse… Piensan que es tan fuerte que no necesita que la escuchen. Le hablan pensando que no hace falta que nadie la escuche porque ella es lo suficientemente fuerte como para arreglar sus asuntos sola.

Por eso, nadie le pregunta si está cansada, si necesita ayuda, si está sufriendo, si está cayendo, si se siente triste, si tiene ansiedad o miedos… Porque ella siempre está “al pie del cañón”, es como un faro en mitad de la niebla… Es esa luz que todos esperan ver brillar siempre, bajo cualquier circunstancia. Pero una mujer fuerte también se cae, sufre ansiedad y tiene miedo.

Te llaman histérica

Aunque parece que eso no importa. No importa lo que una mujer fuerte sienta, porque si pierde el control por poco que sea, ya parece una mujer débil, que pierde los estribos… Se convierte en una histérica. Te señalan con el dedo, y empiezan a pensar que no eres una mujer fuerte y que toda tu fortaleza era fachada. Si fallas un minuto, todos se dan cuenta rápido porque están acostumbrados a que nunca falles… dan por hecho tu presencia y tu fuerza. Todo esto tiene que darte igual, que no te mine los pensamientos sin fundamento de otros.

Esa fuerza no sale de la nada, necesitas “combustible” para poder continuar. No puedes cargarte con todas las responsabilidades de un hogar y que todos esperen de ti todo. Aprende a delegar las responsabilidades, a hacer cosas por y para ti misma, a tener tiempo para mimarte, para disfrutar de la vida. Porque, ¿sabes qué? Eso no es ser egoísta. Eso es ser inteligente, es ser una mujer fuerte. Porque para ser fuerte debes cuidar esa fuerza y poder estar por y para todos, pero sobre todo POR Y PARA TI.

Tú, mujer y madre fuerte… Ten derecho a caer, a llorar, a dar un paso atrás, a sentir todas las emociones y a avanzar. Porque sí, tú, siempre avanzarás.

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