Educación

Cómo criar a un bebé feliz, según la ciencia

Criar bebé feliz
Jennifer Delgado

Jennifer DelgadoEducadora, psicóloga y psicopedagoga

Desde el momento en que vemos por primera vez su rostro, queremos lo mejor para nuestros bebés. De hecho, si le preguntamos a cualquier padre o madre qué desean para sus hijos, responderán que quieren que sean felices. El bienestar de los pequeños es una prioridad para los padres, pero eso no incluye únicamente cuidar su salud, sino también ayudarles a sentirse bien consigo mismos. 

La tarea no es tan difícil como parece, la clave consiste en bajar el ritmo de la edad adulta para adecuarlo al compás más relajado de la infancia, estando plenamente presentes para crecer juntos en ese viaje apasionante que es la maternidad y la paternidad. 

Las claves para educar a un niño feliz

Sé feliz, terminarás transmitiéndoselo

A algunas personas puede parecerles egoísta, pero lo cierto es que para criar a niños felices, primero es necesario que los padres sean felices. No podemos olvidar que durante los primeros años de vida los niños desarrollan las habilidades cognitivas, sociales y emocionales que sentarán las bases para su salud mental más adelante en la vida, y los padres y las madres tienen un enorme influjo en esa etapa, sobre todo en la esfera afectiva. 

Un estudio realizado en la Universidad Estatal de Wayne, por ejemplo, constató que los síntomas depresivos en las madres predicen comportamientos infantiles negativos, incluidos los problemas de internalización. Estos niños corren un riesgo mayor de desarrollar problemas de conducta, trastornos psicológicos y es más probable que tengan un estilo atribucional negativo, un autoconcepto más bajo y un peor rendimiento académico.

Los niños, en especial los bebés, buscan pistas emocionales en sus padres para saber cómo reaccionar ante las situaciones, por lo que no es extraño que los estados afectivos de estos terminen contagiándolos. Por consiguiente, si quieres criar a un niño feliz asegúrate de pasar tiempo divertido a su lado. La risa también es contagiosa. De hecho, cuando tu hijo te escuche reír, en su cerebro se activarán las neuronas espejo, por lo que es casi como si estuviera riendo. Eso significa que si te preocupa la felicidad de tu pequeño, debes cuidar tu salud mental y alimentar un estado de bienestar y satisfacción interior. Terminarás transmitiéndoselo a tu bebé.

Responde al llanto de tu bebé y satisface sus necesidades

Existe una tendencia “educativa” que afirma que en ocasiones es mejor dejar llorar a los pequeños para que aprendan a calmarse solos y no desarrollen una dependencia emocional de los padres. Sin embargo, el llanto de los bebés suele ser la expresión de que algo va mal, ya sea porque están mal físicamente o porque se sienten asustados, solos o simplemente necesitan tener a sus padres cerca.  

El vínculo entre los padres y madres y sus hijos es fundamental para el bienestar infantil. Una serie de estudios realizados en la Universidad McGill y la Universidad de Washington revelaron que un cuidado cercano, cariñoso y receptivo en la infancia promueve la regulación positiva de un proceso epigenético que estimula la producción de los receptores de glucocorticoides, gracias a los cuales podemos responder de manera más eficiente ante el estrés porque nuestro organismo liberará menos cortisol y podremos recuperarnos más rápido. 

En cambio, la falta de atención receptiva ante las necesidades de los bebés hace que el gen responsable de estimular la producción de los receptores de glucocorticoides se “apague”, de manera que ese niño será más sensible al estrés y necesitará más tiempo para recuperarse tras una situación difícil. Por esa razón, si quieres criar a un bebé feliz, el primer paso consiste en prestar atención a sus necesidades – incluyendo el llanto – y satisfacerlas de manera adecuada

Bebé feliz

Más tiempo de juego libre

Nuestra sociedad se ha acelerado, de manera que muchos padres que quieren lo mejor para sus hijos pueden terminar haciendo que quemen etapas, excediéndose con las actividades de estimulación temprana y más adelante llenando sus agendas de actividades extraescolares porque suponen que así tendrán más oportunidades de tener éxito en la vida. Sin embargo, los niños tienen tan poco tiempo libre y están tan estresados que la Academia Americana de Pediatría pidió a los pediatras que comenzaran a recetarles juego.

Hace unos años, investigadores de la Universidad de Cornell comprobaron que los niños que vivían en grandes urbes y no jugaban al aire libre sufrían niveles más altos de ansiedad y estrés, en comparación con los pequeños que vivían en entornos rurales y salían a jugar a menudo en contacto con la naturaleza. Estos últimos también habían desarrollado una mayor resiliencia ante la adversidad, la cual los ayudaba a lidiar mejor con los problemas. 

Eso significa que los niños necesitan tiempo para jugar. Pero no se trata del juego dirigido por los adultos o el que ofrecen los juguetes tecnológicos sino del juego libre en el que pueden echar a volar su imaginación y las actividades en la naturaleza. Durante ese tipo de juego los niños practican la atención plena ya que disfrutan plenamente del presente. Los momentos de juego libre no solo les ayudan a aprender, sino que los relajan, estimulan la creatividad y les permiten ir desarrollando la autorregulación, habilidades y cualidades clave para su bienestar emocional que terminarán apuntalando la felicidad. 

Ayúdalos a explorar su universo afectivo

Los niños no solo deben explorar el mundo que los rodea, también es conveniente que descubran su universo interior. Los padres deben convertirse en guías en ese viaje. De hecho, la buena noticia es que la Inteligencia Emocional no es una capacidad innata sino adquirida, que se puede comenzar a desarrollar muy temprano en la vida.

Se ha apreciado que a partir de los 2-5 años los niños comienzan a comprender emociones como el miedo, la frustración o la decepción. Los padres pueden dar los primeros pasos empatizando y validando los sentimientos de sus hijos, en vez de restarles importancia. También es importante que los ayuden a identificar sus emociones porque los niños pequeños a menudo carecen del vocabulario para etiquetar adecuadamente su universo afectivo.

Por ejemplo, si tu hijo llora porque no puede salir a jugar al parque, en vez de ignorar o minimizar su frustración, puedes decirle: “comprendo que sea decepcionante que esté lloviendo y no puedas salir a jugar”. De esta forma validas lo que siente y le ayudas a comprenderlo. Luego puedes preguntarle qué le gustaría hacer para sentirse mejor, de manera que lo estimulas a asumir un rol activo en la gestión de sus emociones. La Inteligencia Emocional no garantiza la felicidad, pero contribuye a ese estado de serenidad y seguridad que todos necesitamos para ser felices.

  1. Goodlet, B. D. et al. (2017). Maternal depressive symptoms and at-risk young children’s internalizing problems: The moderating role of mothers’ positivity. Merrill Palmer Quarterly, 63(1), 77–104. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC8378810/
  2. McLaughlin, K. A. et al. (2015). Causal effects of the early caregiving environment on development of stress response systems in children. Proceedings of the National Academy of Sciences, 112(18), 5637-5642. https://doi.org/10.1073/pnas.1423363112
  3. Wells, N. M., & Evans, E. W. (2003). Nearby nature: A buffer of life stress among rural children. Environment and Behavior, 35(3), 311-330. https://doi.org/10.1177/0013916503035003001
  4. Francis, D. D., & Meaney, M. J. (1999). Maternal care and the development of stress responses. Current Opinion in Neurobiology, 9(1), 128-134. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/10072372/

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