Enseña el respeto, no la obediencia al miedo

educar con respeto

Criar a un hijo no es una tarea fácil, no existen fórmulas mágicas ni reglas infalibles. No obstante, hay una norma que todos los padres deben tener presente: educar en un ambiente de respeto, no en el miedo. La obediencia de los niños se debe conseguir haciéndolos razonar con una actitud respetuosa, no haciendo palanca en sus temores.

¿Qué es realmente la obediencia?

Ser obediente significa seguir las órdenes de alguien, acatar su voluntad sin cuestionarla. Generalmente la obediencia se consigue acallando la razón de la persona y recurriendo al miedo. Por eso, educar a los niños en la obediencia al miedo significa arrebatarles oportunidades para que piensen por sí mismos y desarrollen una actitud crítica ante la vida.

Si no le explicas a tu hijo por qué no debe hacer algo, no entenderá tus razones y probablemente apenas vuelvas la espalda, hará lo que le has prohibido. El día de mañana, es probable que ese niño se convierta en un adolescente o un joven inconsciente que no atiende a razones, lo cual repercutirá negativamente en todos los ámbitos de su vida.

Los niños educados en la obediencia al miedo suelen seguir dos caminos: se convierten en adultos tímidos e inseguros, dispuestos a seguir al grupo y dejar que los demás pisoteen sus derechos, o personas que no dudan en recurrir a la fuerza para infundir miedo y someter a quienes les rodean.

Eso significa que la obediencia no garantiza que los niños sean felices. Para que los niños se conviertan en personas maduras, autónomas e independientes, deben comprender las razones detrás de las reglas y aprender a respetar a los demás. De hecho, un estudio realizado en la Universidad de Virginia reveló que los niños que solemos catalogar como “respondones” suelen tener más éxito en la vida pues ese comportamiento revela que están desarrollando un pensamiento crítico y una personalidad fuerte.

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Educar en un ambiente de respeto

El hecho de que los padres no inspiren miedo, no significa que deban poner en práctica una crianza permisiva. Los niños también necesitan límites y normas, los cuales les ayudan a darle un sentido al mundo y a sentirse más seguros. La clave radica en explicarles la razón de ser de esas reglas usando un lenguaje que puedan entender.

También es imprescindible tratarles con respeto. Si no gritamos a nuestros compañeros de trabajo, tampoco deberíamos gritar a nuestros hijos ya que de esa manera solo conseguimos validar los gritos como estilo de comunicación. Asume desde el primer momento que el respeto con el que te dirijas a ellos, será el respeto que recibirás a cambio. No es lo mismo gritarle: “¡Cállate! Siempre estás molestando” que decirle con tono firme pero sereno: “Por favor, ¿puedes guardar silencio? Si gritas de esa forma no puedo escuchar”.

Recuerda que no solo educas con tus palabras sino también con tu actitud. Una forma de relacionarse respetuosa le enseñará que su libertad termina donde comienza la libertad del otro, y os facilitará enormemente la convivencia en casa, manteniendo a raya los gritos y las faltas de respeto.

Cuando educas a tu hijo en el respeto, también estás fomentando un pensamiento crítico, de manera que es menos probable que cuando crezca se deje guiar por el grupo. Ese niño aprenderá a pensar por su cuenta y decidirá por sí mismo lo que más le conviene. Un niño que ha sido respetado se convertirá en un adulto seguro de sí mismo, que hace valer sus derechos de manera asertiva y no siente la necesidad de humillar ni someterse ante los demás.

Educar en un ambiente de respeto le enseña a exigir respeto para sí mismo y a respetar a los demás, dos claves para mantener una convivencia pacífica y conservar un buen equilibrio psicológico en un mundo tan caótico como el actual.

Un comentario sobre “Enseña el respeto, no la obediencia al miedo

  1. Olga dice:

    Hola,

    Estoy muy de acuerdo con lo que dices aunque no siempre sea facil razonar con ellos y que te escuchen. Cuantas veces les explico las cosas y parece que les entra por una oreja y les sale por la otra. Y me desafían y prueban hasta donde puedo llegar. Mi problema es mas repetir las cosas una y otra vez sin mucho éxito. A veces tengo la sensación que me tengo que poner seria para que me tomen en serio. Que difícil es criar y no morir en el intento. Que difícil es no perder los nervios y mantener la calma y la paciencia después de un dia agotador. Gracias por recordar los básicos de la crianza aunque cueste su aplicación. Los padres somos imperfectos tambien.

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